Así sí...



Grandísimos Rafa y Fali, grandísimos. Me dicen por Twitter que el lunes los lleva al programa Buenafuente. Sí, señor, ahí los quería ver yo, en sitios señoriales. De catalanas maneras, pero señoriales...

Santiago de Compostela

"Ciudad triste. Hermosa y fea a un tiempo", o algo así citaba d'Ors de no sé quién.

La primera foto de nuestro paseo por Santiago, de las que iré lanzando al mundo, está aquí.

Cambio de foto de perfil, ya, hombre, que parecía un francotirador (Ale Martín dixit).

El invitado que no llega

El otoño va a llegar, descuide. Pero ¿cuándo? Seguimos en esta primavera de inminencia de lilas muertas arrastradas por la tierra, etc, (algo así decía The Waste Land), pero no acaba de comparecer el otoño, con sus barbas de liquen y su corona de musgo, y sus colores caldera cortinglés, que ahora se llaman camel. La noche cae sobre una ciudad tibia todavía, el ánimo aún en mangas de camisa, y es demasiada la luz para el corazón, que ha sacado el abrigo del armario, hace un mes, y está deseoso de correr bajo la manta de humo de las castañeras, de ponerse gorra, de recordar a Dickens, aunque sea un poco. La gente, ay, en paro, pasea bajo los álamos, camina por la Avenida (esquivando bicis y mirando el tranvía), por la Campana, como hace un siglo, encontrándose con conocidos como en cualquier ciudad de provincias. Comiendo pipas, y tirando de bonobús.
Pero hay algo que aún no llega. Y cuando llegue nos quejaremos del barro en las botas, de los charcos bajo las ruedas de los autobuses (la camisa empapada de cabreo), de la lluvia a la puerta del colegio infinita, del tiempo arisco y de las tardes breves. Pero al menos todo estará en su sitio, como Dios manda. Con el tiempo (atmosférico) todos somos conservadores.

Apología del coleccionismo de muñecos

Suso me ha hecho pensar en el llamado "objeto del amor". Ese giro chestertoniano ("Lo que importa no es saber adónde va el amor, sino de dónde viene") revela una verdad: se puede amar de maneras muy distintas el mismo objeto (objeto en su sentido filosófico), pero eso convierte el lenguaje en una ficción necesaria. El "yo amo" de una persona, y el "yo amo" de otra responderían a dos realidades distintas (no digo "absolutamente distintas" porque me parece imposible, pero sí muy distintas). Como lo que dice Lewis: decir "a ti te gusta leer a Dante, y a mí me gusta ver el futbol" en realidad es un espejismo del lenguaje, pues ese verbo, gustar, responde aquí a dos realidades diferentes.

Muy bien. Pero... ¿Y si el amor que se tiene es contemplativo, al modo en que lo explica Suso, y el objeto aparentemente indigno? Pienso en el coleccionista, también de dos tipos: el que le gusta decir: "me ha costado un pastón, sólo hay mil ejemplares", y ese otro que mira su muñeco de Skeletor, o su sello decimonónico, o su avión de hojalata, o su Mini del 73, o su Fender Stratocaster del 62, y pienso que la vida, al fin y al cabo, es hermosa, y que si los hombres hacen esas maravillas no todo está perdido. Y se le alegra el corazón.

En este último caso solemos hablar, con demasiada ligereza, de idolatría. Y sin embargo, es evidente que el muñeco no es Dios, ni siquiera un dios. Más fácil es confundir el amor erótico con un dios (que se convierte en demonio, por tanto), que a un Darth Vader de 12 pulgadas. Su humilde plástico y su desvalida escala nos lo impide. Sencillamente, sentimos que hay "algo divino" ahí dentro. El coleccionismo, por tanto, es un método estrafalario, chestertoniano, de renunciar a la idolatría.

Un hermoso titular de prensa

Sí, sí, aunque parezca mentira. Me lo he encontrado de casualidad googleándome para cortar y pegar una nota bio-bibliográfica para una antología. Pata palo, chin chin chin pún...

¡Qué enterismo!

Señores, el fenómeno fan nos poseyó ayer, en la sala Malandar de Sevilla. Asistimos a la premiere de la tercera parte de "Una trilogía sevillana", titulada "Aquello era otra cosa", con gran éxito de público (se quedó gente fuera, los followers entramos los primeros). El cachondeo empezó con el recitado que hacíamos, palabra por palabra y simultáneo, del texto, al proyectar las dos primeras partes. El resto del público se fue sumando en las partes álgidas ("¡va a encontraunmojón!"). Y como colofón, los compañeros hippies de la Alameda. Al final, una sorpresa: Rafael y Fali en un chiringuito en la playa, un corto extra de regalo. El DVD que compré, con la trilogía, incluye extras que aún no he podido bichear. Dejo aquí el primer testimonio gráfico:



Y aquí, la cuenta atrás para colgar el video en YouTube:



Seguiremos informando.

La pegatina

Hace siglos, íbamos de vacaciones a Gredos. Tenía yo once años y pantalones rotos con la palabras "Iron Maiden" escritas a boli (moda imperante entre los heavys pobres), cuando me enamoré de la hija de los dueños del camping, algo mayor que yo. Sufría de dulces melancolías entre la hora de jugar a las cartas por la tarde, y la hora de charlar en la penumbra de los veladores, mientras los mayores veían la tele en el bar y la noche caía sobre el pico Almanzor. Sufría esas horas, ese par de horas de ducha y bocata de salchichón, de mal de ausencia, como los bebés cuando ven salir de la habitación a su madre, que se figuran que se ha ido para siempre, y, claro, lloran. En la azulada penumbra de los pinos gané un beso, y en la pandilla aprendimos el sutil arte de las indirectas (ingenuamente faltas de sutileza, por supuesto, pero todo era aprender). Fui correspondido.
Desde entonces nos carteamos con pasión y arrebato y dolor de distancia, o sea, como Dios manda. Alguna vez nos vimos a lo largo de los años, si nuestros veranos -los de nuestros padres- coincidían en el mapa y en el calendario. El final de esta historia, años después, muchos años y barba y kilos y mediocridad después, es demasiado prosaico y urbano, y es más para un diario póstumo que para un blog público. Da igual. Escribo esto porque tengo la ventana a mi izquierda, y atardece. Y acabo de darme cuenta de que sigue en el cristal de la ventana una pegatina del Campingredos, casi borrada, como la que estuvo en la luna del Ford Taunus de mi padre, y a través de ella veo el atardecer, veo el mundo y todo lo que contiene. Veo el sol a través de esas letras gastadas, hundiéndose lento, indiferente, detrás del Aljarafe.
Escribo esto para cuando alguien limpie con alcohol el cristal, y no haya pegatina que me recuerde nada, para poder leerlo y convencerme de que mis recuerdos -recuerdos de recuerdos de recuerdos- son verdad y misterio que el sol se lleva, al otro lado del mundo, donde aún es mediodía.

Fin de curso

Y se acabó el curso. De repente, han pasado tres años. De repente, la misma sensación de acto de graduación de C.O.U., en el que no participé, con mis compañeros del colegio, con sus becas amarillas, y sonrientes chaquetas, enfilando el camino del ubi sunt? para siempre, y para todos los poemas. La ciudad se funde, pastosa, con un hálito temblón en el horizonte turbio, y caminan por mi frente los rostros vertiginosos que pasan, que han pasado, que de pronto hará diez años en cualquier momento. Quedan unos fotos, unos videos alocados, un amigo para siempre, cuatro recuerdos de cafetería, y una fachada de Facultad, como contraportada de algo que se esfuma lentamente en las nuevas prisas, en las nuevas cosas. Las guapísimas compañeras ya son maestras que enfilan la "mediana edad" y acumulan trienios. ¿Para qué hago todo esto? Seguiré sin saberlo del todo, avanzando, no entre la niebla, sino a través del calor de la ciudad, de la moto y las prisas, del currículm y los papeles que nos empujan hacia delante. Hacia una posición, un trabajo, un horario tranquilo. Pero la inquietud persiste. ¿Para qué, a dónde, qué quiero? Lo más difícil es saber qué se quiere. Y entre tanto hacemos cosas, exámenes, cachivaches, papeles. Qué veloz verano, el otoño durará lo que tarde en llegar el invierno. Y seguiremos aquí, si Dios quiere, y seremos los mismos. Pero la lluvia será distinta, barredora, misericordiosa, entregándonos la ilusión de un nuevo comienzo. Y en algún poema habrá un vislumbre de una lograda plenitud. Que siempre se retrasa, detrás, detrás de todas las cosas que urgen.

La santidad de Chesterton

Hace años provoqué una mezcla de indignación e incredulidad al decirle a una persona que Chesterton, para mí, era santo. Santo santo como los santos canonizados. Objetaba: "¿Pero qué ha hecho? No ha fundado nada..." Casualmente esta persona se dirigió luego por el camino que dice que todos estamos llamados a la santidad, etc. Así que debió enmendar su error.

Esta noticia en la buhardilla me ha hecho sonreir, recordándolo.

Los versos de Diego Reche

FRENTE AL ESPEJO

Tú pasas frente a mí,
yo sigo siendo el joven que, sentado
entre libros, pregunta por la vida.
Tú, como un fantasma, cruzas
frente al espejo, o te reflejas
en el cristal de la tarde.
Llevas el pelo gris,
la barba pequeña y recortada,
tu voz es grave y ronca.
Miras tímidamente hacia abajo,
tras las gafas, tus ojos guardan
esa distancia que dan los años.
¿Quién eres, me pregunto?
Me levanto a buscarte,
pero ya no estás, ya no estoy,
ya no está el muchacho taciturno
que soñaba entre libros.
Y sin embargo te sigo viendo
tras el espejo.

Este poema de Diego Reche, responsable del recital multitudinario con alumnos de secundaria, que ocupó una entrada audiovisual de este blogg, es una muestra de Ojos para las nubes, su último libro. En su sencillez, se acerca al misterio del yo y su permanencia. Normalmente encontramos el tópico de la fugacidad y el desleímiento de la identidad en el humo del tiempo ("ya no está el muchacho taciturno / que soñaba entre libros".) Pero rara vez encontramos tan bien escrito el sentimiento ante la permanencia del yo, o mejor dicho, la pregunta abierta ¿qué, quién, permanece? ¿qué se queda tras todo lo que huye? Quizá el rostro que veremos transfigurado, tras el último umbral. Su acierto es no dar una respuesta, sino constatar, con cierto callado asombro, el hecho que el espejo nos recuerda, pese a todo.

La mayor parte del libro es un ejercicio de reflexión sobre la doble condición -tan frecuente- de poeta-profesor. Y no de profe universitario, con tiempo libre e ínfulas de investigador, sino de profe-policía, que vigila los recreos para que los niños no se desmanden del todo. El aguerrido profe de secundaria. (Ya se sabe que los maestros de Primaria son santos, y los de Secundaria, mártires). Quizá él no lo advierta (la cercanía impide ver, a veces), pero el hecho de que tantos muchachos escribieran poemas, trabajaran la obra de un autor al que no conocían, y acudieran al recital (con bastante corrección), dice mucho de su profesor. Y además tocaban el piano, y la guitarra (varios han contactado conmigo por YouTube, pues tienen sus grupos de música). Sólo Dios sabe la importancia de esa difícil tarea. Por eso los poetas de la revista Númenor nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Fidel Villegas, que nos descubrió un mundo.

Sirvan estas líneas como homenaje a todos ellos, a Fidel, a Diego Reche, a tantos poetas-profesores de los que no se ocupan las páginas pedantes de los suplementos literarios, las cátedras de literatura. Ellos saben, como dijo el ruso, que la belleza salvará el mundo.

D.E.P. Mario Benedetti

Pues sí, Dios lo tenga en su Gloria. Como homenaje, recordemos sus últimas perlas literarias.

Por cierto, aquí se lo pasan en grande con el obituario.

On the road

¡Qué bien nos lo pasamos los poetas! No todo va a ser rocanrol. Hemos vuelto, el amigo Cerero y yo, de dar un recital en Roquetas de Mar, invitados por el poeta y profesor Diego Reche. Aquí están los frutos de la nueva Sony Cyber-shot (deberían darme comisión). Las fotitos, mañana (donde "mañana" significa un día indefinido del futuro).


De camino:



Un mijita de recital:



De vuelta:

El castillo de Belem y otras excusas para postear


Amigos, el amor me perjudica. O la vida, ese heterónimo. No paso por el blogg ni para regar las plantas, y sin embargo no dejo de visitar a los vecinos, que me nutren con sus miguitas de pan (que llevarán, digo yo, a algún sitio algún día...) Miro una de las muchas fotos que hice en Lisboa la última vez, el castillo de Belem como un juguete a tamaño natural, piedras mojadas, verdinegras, sobre las que el sol de la mañana se convertía en plata incandescente. Esas piedras como de Exin-Castillo, sus cañones de atrezzo, y el aire del Tajo que se despide anchuroso hacia la mar océana. Y nosotros como hormiguitas turistas, con nuestra cámara de fotos en el monumento a los conquistadores, en los Jerónimos, en un mercadillo con cachivaches sorpredentes (un Tintín de madera, del año de la polka, o cámaras de fotos de la época de Daguerre, o coches de carreras tamaño palma de la mano, o muñecas calvas de tétrica sonrisa).
Las cruces de piedra que esmaltan los muros,y la lejana cercanía de la lengua portuguesa, como de primo del pueblo al que vemos en una boda. La mañana sin nada más que hacer que deambular. El amor con ocio, que es más dulce, enseñoreándose del día, que languidece en tarde, en oros viejos que se van a la mar, que es el dormir.

Soneto de Viernes Santo

SONETO DEMASIADO CLÁSICO,
AL ESTAR CERCA LA SEMANA SANTA.
ESCRIBE DE VERAS.


Se acaba la Cuaresma, y no me entero.
Llegará como siempre el Viernes Santo
a derramar tu Gracia y, entre tanto,
perdido estoy por bosques que no quiero.

Pondrás, mi Redentor, tu cuerpo entero,
cual trapo sucio que se empapa en llanto
y yo pondré poemas como un manto
y encima creeré que soy sincero.

Los latigazos del romano altivo
sonarán muy lejanos, y yo, mientras,
haciendo versos y pensando en ventas.

Me esconderé de Ti mientras escribo,
mientras me buscas Tú, mientras me encuentras
en tu callada Cruz, en tu Amor vivo.


(Juan Luis de Soria)

Cuando estábamos vivos


Vuelvo a ver, durante un rato, El club de los poetas muertos. Señor, qué subidón nostálgico. Entonces, los seis o siete amigos del colegio –tercero de B.U.P., Fidel Villegas era nuestro profesor de Literatura– hicimos una tertulia, los sábados, con ese rollo ritual, encendido, literario e inocentemente gamberro. Qué recuerdos. "Descubrí el Congo, negra inmensidad, cruzo el largo río que se va hacia el mar". "Que prosigue el poderoso drama, y que tú puedes contribuir con un verso". "Oh, Capitán, mi Capitán". Incluso tenía la dinámica de la camaradería masculina a la que se suma después un grupito de muchachas, más o menos, con las consiguientes reticencias, deseo, confusión. (Es la magia de estudiar en un colegio sólo de varones, visto ahora).
Es cierto que la filosofía de fondo de la película no es muy consistente. Un entusiasmo de vivir apoyado en un impulso vital, sin rumbo o sin horizonte, revelándose ante la fría norma y la disciplina sin savia. La idea de que todos vamos a ser, inapelablemente, pasto de los gusanos, puede empujar en un momento a la actividad febril, y a cierta irresponsabilidad -¡Nuguanda!-, pero, en frío, es bastante cortante. No importa. La película es mágica, transmite el entusiasmo por la vida y la juventud, la generosidad del maestro que no sólo imparte unas lecciones, sino que se da en lo que enseña, y que cree que merece la pena intentar despertar la propia iniciativa, el gusto por los libros y la poesía, y la sana crítica en las mentes de sus alumnos. Y sobre todo el gusto por la vida, que sin cierta dosis de humorismo sería bastante sosa y estirada. Todo eso es suficiente, junto con la música -ah, la gaita en la laguna–, la nieve, la fotografía –la bicicleta siempre como un símbolo de libertad sencilla–, y el amor cortés. Porque la trama secundaria de la chica de instituto con el novio futbolista, de la que se enamora un chico de Welton, tiene toda la belleza del amor cortés, y a la vez la sana filosofía de "si no lo intentas, te arrepentirás siempre". Es una proposición que, como diría alguno, tiene un peligro. Pero merece la pena. Qué gusto daba estar tan vivos, joder. Oh, Capitan, mi capitán.

Los abismos de Gesualdo


¿Por qué casi todos los comentaristas de la música de Gesualdo relacionan su sorprendente obra, sus delirantes cromatismos, directamente con su biografía? Ya decía Tolkien, en una carta a su hijo, que la moda actual es relacionar lo mejor de la obra de un autor con lo peor de su vida, olvidando que surge posiblemente de la parte de esa persona aún incorrupta. En el caso de Gesualdo, el asesinato de su mujer y del amante de ésta, la extraña muerte de sus hijos, su confinamiento expiatorio en una torre, dio pie a la leyenda que llevó a titular una biografía suya como "Asesino a cinco voces". Este estupendo post incide, desde un punto de vista histórico-filosófico, en dicha relación, entrando, con bastante acierto, en el aspecto de las tensiones armónicas que crecen con los libros de madrigales, como una asfixia que no encontrara salida, y que quiere ser más y más expresiva. Es cierto que la salida fue a través de los últimos libros de madrigales de Monteverdi, hacia la ópera. Pero ahí quedó la breve y convulsa obra vocal del Príncipe de Venosa, que cierta mañana de otoño hizo que se me congelara la sangre unos segundos, y me dejara literalmente boquiabierto, en una clase de Historia de la Música. El profesor me confesó tiempo después que siempre tiene algún alumno al que le pasa lo mismo con Gesualdo. Internet y la FNAC hicieron el resto, y el mamón de Ale Martín Navarro escribió en un par de horas –justo después de que le enviara por iméil un cortecito de tres minutos del Oficio del Sábado Santo– el poema que tenía, mil rayos, que haber escrito yo. El típico monólogo drámatico, de unos treinta versos, que expresan lo que yo intenté con menor éxito en unos noventa. Desde entonces ando disperso, necesitando emponzoñarme con el delirio cromático de su música cada dos por tres, pero no me atrevo, por si la saturación apagara el prodigio. Cabanillas me pidió cierta vez, en el estudio de Antonio del Junco, que apagara el équipo de música donde sonaba el Oficio de Tinieblas, porque se "estaba mareando". No pongo aquí el reproductor al uso con una pieza musical, porque no me gustan demasiado en los blogs, y porque debería ser una búsqueda personal, tras un descubrimiento aparentemente casual. O así lo sueño yo, que pienso en este encuentro sonoro como en un enamoramiento, como cuando leí las Radiaciones de Jünger, o más atrás, El Señor de los Anillos. Es como si la vida te dijera: pedazo de imbécil, quita esa cara de estar de vuelta de todo, de incapaz de sorprenderte con nada nuevo. Respira, y sumérgete en adoración. Hay abismos profundos que no conoces, y están ahí.

La belleza de Skeletor


Sí, es bonito tener una vitrina con unas cuantas docenas de muñecos iluminados por una luz cenital. El Jabba de tres pulgadas, con su corte alrededor (aún inacabada), algunos imperiales, y detrás V, de Vendetta, y Robocop, y Mickey, de Los Goonies, y el Yoda de doce pulgadas –el más realista que se ha hecho nunca–. Y en la planta de abajo, los del Señor de los Anillos, Gandalf sobre Sombragrís, junto a una pequeña banda de negros jazzistas, y la novia cadaver...

Pero también me gustan mucho las cajas. Cajas de carton, discretas, entre los libros, con las que juego a olvidar que tengo esos otros muñecos. En concreto, un par de cajas de estas navidades, con una fabulosa colección de He-Man (muñecos jugados, very very ochenta, de un tío de los E.E.U.U., por eBay). Ahí están, arrebujados, unos sobre otros, en las cajas, con las armas tiradas y desordenadas, piernas sobre brazos, detenidas caderas giratorias (patentadas por Mattel). Igual que los tendría un niño, igual que los tenía yo de niño.

Abro una caja, y saco unas figuras. Coloco a He-Man sobre su tigre, a Skeletor sobre su pantera. Saco también a Man-at-Arms, y a Whiplash. Los dejo sobre el escritorio, mientras voy a poner un lavavajillas. Al volver, algo me detiene: ¿Whiplash junto a He-man? No, lo pongo al lado de Skeletor, que casualmente se encuentra delante del AT-ST, el transporte con que el Imperio atacó a los valerosos Ewoks. Qué curioso. He puesto a los buenos a mi derecha, y a los malos a mi izquierda. ¿Seré al final un simplista? ¿Todos los niños lo son? Como ya no soy niño, no sé la respuesta. Sé que quiero ser de los buenos, pero que los malos también me parecen bonitos. Y mucho. Sobre todo Skeletor.

El café como método de trabajo

Lo tengo claro: el momento más feliz de mi día es ese rato –entre media hora y tres cuartos– después de tomar el café de la mañana. La cafeína opera en mis nervios deshaciendo contradicciones, tensiones internas (fotos, libros, guitarras...), volviendo cuanto miro entusiasmante a mis ojos. Y no hallo cosa en que poner los ojos que no sea recuerdo de la vida. Y sin bostezos.
Ante la objeción de que es un estado artificial de la mente, un dopping del ánimo, preguntaré ¿no será que sólo en ese momento tengo un atisbo de cómo miraríamos las cosas con un corazón nuevo? Lástima que el momento pase como las muestras gratuitas de champú. Si te ha gustado, tienes que comprarlo. Y lástima que esa mirada vigorosa no podamos comprarla. Sólo pedirla.

Prisión de cristal

Recibo esto de la incansable poeta performancera Gracia Iglesias:

"Queridos amigos y colegas:

Como algunos ya sabéis, el próximo lunes, día 16 de febrero, me encerraré en una caja de metacrilato en la Alameda de Hércules de Sevilla para realizar la performance titulada "La habitación transparente", dentro del II Festival Internacional de Perfopoesía de Sevilla.

Durante al menos cuatro días estaré incomunicada en mi aislamiento transparente, pidiendo a los transeúntes que por allí se acerquen que depositen en mi urna, a través de una rendija, libros nuevos o usados con los que yo trataré de construir una escalera hacia mi libertad. El objetivo de esta acción es llamar la atención sobre la importancia de los libros como liberadores de la mente ("los libros te harán libre") y también, en este caso, como verdaderos instrumentos que conducen a la libertad física.

Los libros recogidos durante la acción serán enviados a los campos de refugiados del Sahara Occidental con la ayuda de una asociación sin ánimo de lucro vinculada al Frente Polisario.

Cuando logre (si lo consigo) salir de mi caja de libros –algo que está previsto que suceda el jueves próximo– seré la presentadora de los recitales y otras actividades que se realicen en la segunda parte del Festival de Perfopoesía, hasta su conclusión el día 22 de febrero.

Esta es la razón por la que os escribo hoy, para informaros de que durante una semana no daré señales de vida. Y también, por qué ocultarlo, para invitaros a que, si en esos días estáis cerca de Sevilla, o si vivís allí, paséis a depositar algún libro en mi prisión de cristal, ayudándome de este modo a construir el camino hacia mi libertad.

Bajo este mensaje encontraréis unos enlaces con algunas de las cosas que se han publicado sobre el asunto.

Un abrazo,

Gracia Iglesias".

En una entrevista para un periódico en que nos preguntaron a unos cuantos poetas sevillanos, hablé muy mal del invento ese de la "perfopoesía", y sus reivindicaciones. Censuraron el comentario, con afán, supongo, de velar por la concordia entre los poetas locales. Más tarde me di cuenta de mi equivocación: estas actividades no tienen nada que ver con la poesía, sino que se sirven de su nombre, aún prestigioso para las subvenciones, y escandaloso para el lector de suplementos literarios (y por lo tanto, comercial), y con ello consiguen atención. Y lo que hacen tiene más que ver con el teatro de vanguardia, las perfomances (un tanto rancias ya, pero ahí siguen), y la expresión corporal, etc. Expresiones artísticas que merecen respeto, o al menos indiferencia. Pero es que, al escuchar todas esas tonterías al respecto de la poesía, de que es algo anticuado y apolillado, y de que hay que recuperar al público, y hacer una especie de revolución, o conmoción, o qué sé yo, apareció mi vena más conservadora y turrieburnista. ¿Habría que aplicar aquello de "todo el que no está contra mí [sobra la mayúscula aquí], conmigo está"?.

También os preguntaría: ¿qué libros podríamos depositar en la prisión de cristal de Gracia, para que "recupere su libertad"?

Camarones

"Era Semana Santa,
al bajar la marea.
Iban todos a misa
de la mañana, y mientras,
nosotros -ganapán
en ristre- por la arena,
entre algas y rocas
y olor a sal seca.
Ya sólo era cuestión
de pericia y paciencia,
mojarse hasta los muslos,
vadear bien las piedras.
Era un escalofrío
recorriendo las piernas,
igual al que aún sientes
al hacer un poema".

Este es el poema del comentarista del otro día, de nombre Santiago. Todo un poemón, y en concreto, un metapoemón.

Y cuando el Jesu me mande las fotos del Café del Cine, pondré alguna. ¡Los Walkman!

Ánimos anónimos

Un comentarista anónimo, que para más humildad me pide que no le publique el último comentario, me decía un par de entradas más abajo que le "había picado el gusanillo" con el blogg, y que iba a encargar mis libros. Ahora me escribe elogiándome poemas concretos, con detalles concretos (que es como de verdad acierta el elogio), subiéndome "la moral hasta las galaxias"
-Expresión, ésta última, que utilizó Miguel d'Ors en una dedicatoria autógrafa que me hizo de un libro suyo.

Pero lo mejor, lo mejorcito, es el poema suyo que me regala a cambio. Lástima de humildad. Me gustaría mucho ponerlo aquí, y sugerirle un pequeño cambio. Pero respeto su petición, que, si no, no me llegarán más anónimos tan alentadores.

(Pero los comentaristas podrían jalearle, y siempre se salvaría su anonimato si me escribe por iméil a jesusbeades@yahoo.es)

Los Walkman en El Café del Cine

Rectificación:

Allí estaremos el próximo sábado 14 de febrero (no el 7), que es el Día de los Enamorados, por cierto. Así que, venga, a enamorarse -o a lamerse las heridas del desamor- a ritmo de rock. Más información, en la web.

El balcón de García-Máiquez

Esta blogosfera es un pañuelo. Ojeando por el blog de un comentarista de otro blog de un amigo, sólo por echar un vistazo, me encuentro esas entradillas de posts recientes que se recomiendan, en las que salen las primeras palabras, para picar el gusanillo. Y al ver mi nombre allí, en el blogg de Enrique, con el gusanillo picadísimo, me encuentro esto. Enlace que será redundante para los lectores de este blogg, habituales también del de Enrique, que sois muchos. Pero, por si acaso, y para los otros. Qué red más enmarañada, y qué pañuelo es el mundo, digo, la blogosfera, digo pequeño. Pues eso.

(Me asomo por el balcón un momento... Nada, oye, que a veces no hay manera. Además llueve y es muy tarde. Mañana a ver si mañanamos).

La música verbal de Jesús Cotta, y un poema neonatal.

Otro poemón. Esta vez de Jesús Cotta Lobato, directamente desde su blog. Quién me iba a decir que nos encontraríamos en una esquina de internet, tanto tiempo después de habernos encontrado en una esquina de Sevilla, y comenzar una conversación que aún demanda cerveza y continuidad.


"OYENDO LA MÚSICA DEL ÓRGANO

Cómo se abre a ti mi corazón
y en volutas, girolas y crepúsculos
echan a volar místicos pájaros
sin saber qué cantar ni en qué posarse.
¿Por qué me harás llorar con esa música?
¿A qué valles remotos me conduces?
¿Qué cauces debo abrir con estas hachas?
Yo no sabía, hasta que oí tus cítaras,
que tenía unas alas
que me llevan tan alto,
Señor de las más íntimas estrellas".

Y, ya que estoy recomendón, este otro, que me viene tan al pelo.

Caí, de repente, hacia una luz

Hacía tiempo que no recibía un buen libro de poemas (bueno, he recibido alguno, y debo contestación y agradecimiento, pero, ay, he estado desbordado como un río invernal). El que voy a recomendaros lo había yo dejado en el escritorio, con su sencilla belleza repetida de portada de Adonais, por si podía echarle un vistazo pronto. Pero, un día, lo abrí sin querer por una página, y me encontré el siguiente poema. Basta para recomendarlo, por sí sólo:

"28 DE SEPTIEMBRE

Fue una maravilla esta tarde de julio.

Las hojas de los sauces relucían
con los rayos del sol reposados en ellas;
y también la melisa, las rosas y las zarzas,
que intentaban tocar el agua mansa y dócil.

La luz llegaba rota a la orilla del río,
hermosamente rota,
y bajaba entre trinos
de mirlos, mosquiteros y chochines.

Pero yo ya no estaba en aquel paraíso,
recorría otros mundos, de galerías negras,
agitando aguas sucias,
formulando preguntas caudalosas.

¿Qué me alejaba tanto de la vida?"


Pertenece al libro "Caída hacia la luz (Notas de un diario)" de Raúl Pizarro. Ed. Rialp, Colección Adonais. Premio Florentino Pérez-Embid 2008.

Raúl, si lees esto, por favor, acéptalo como un agradecido acuse de recibo. Estupendos poemas.

(Nota: en el verso 7º, entre "hermosamente" y "rota" hay un espacio mayor que el que me permite este editor de entradas, como guiño visual a esa ruptura, supongo).

El que tenga ojos para ver, que mire

Cierta vez una comentarista en este blogg se empeñó en que publicara un comentario suyo en el que hablaba muy mal de mi trabajo como fotógrafo. Parece que no le gustó una foto que colgué, y se lanzó, como sólo lo hacen los trolls –y ésta no lo era–, a denostar mis fotos ("parece mentira que te llames fotógrafo"), así a bulto. Evidentemente, no lo publiqué, pues es una tontería poner mala publicidad del propio trabajo en un sitio que uno controla. De todas formas, es una vana cuestión, pues la única publicidad de un fotógrafo son sus fotos. Aquí tenéis la versión remozada de mi web fotobeades.com, con un poquito de flash, para solaz de la mirada y elevación del espíritu. El que tenga ojos para ver, que mire.