Se le saltaban las lágrimas

"Uno de los amigos de Turner relata cómo encajaba el pintor los vituperios: “He visto cómo se le saltaban las lágrimas, lo he visto dispuesto a atarse una soga al cuello”." La cita es de Berenguer, en AM. No digo yo que no sea elegante la displicencia, o aparente indiferencia ante la crítica a la propia obra. Pero hay algo antipático en el orgulloso que dice: "¿te parece bien escrito mi artículo? Tú qué sabrás... No te gusta, ¿y qué vale tu juicio?". Nuestra simpatía está con aquel a quien los otros le importan tanto -al fin y al cabo, son los receptores de la obra-, que se le saltan las lágrimas con los vituperios. Eso sí, si luego se las seca, y sigue pintando.