Por la página 139

" "Acabarán..." Ën el momento en que Frodo decía esta palabra, se le apagó la voz. El aire parecía pesado, y hablar era fatigoso. Justo detrás de ellos, una rama gruesa cayó ruidosamente en el sendero. Adelante, los árboles parecían apretarse unos contra otros."

(El Señor de los Anillos, J.R.R.Tolkien)

Saludos al amigo Baltanás, de quien recogí el guante de la página 139.

Nadie sabe cómo ha sido


El cuerpo se da cuenta antes que tú de que llega la primavera. Llega trotando, acolchada, de fondo, como en fuga, súbita, dulce como un recuerdo, amarga como un recuerdo (el mismo), llega de prisa y con ganas de demora, de cerveza en la calle -y los naranjos son un buen decorado-, de conversación a temperatura media, de ponerse el jersey porque refresca, de escribir algo -aunque sea por cumplir-, de tocar la guitarra en el parque ("como al principio, cuando esto te gustaba")
Pero no es el cuerpo, es una sucursal que la memoria tiene abierta en algún lugar impreciso y central del cuerpo, es un enviado del cuerpo en la memoria, es la arteria con savia atolondrada, es un no sé qué que quedan recordando... un nombre que se olvidó, que tienes en la punta de la lengua. Y en la punta de la lengua habita también la memoria.
Para evitar tanto parloteo, Antonio Machado anotó un ripio ("la primavera ha venido, / nadie sabe cómo ha sido"), y se quedó tan pancho. Otra cosa buena de la poesía: sabes que don Antonio y tú sabéis lo mismo, calláis lo mismo. Lo importante, que queda fuera de cada verso, en el justo milímetro de afuera.
La primavera no sólo es itinerante en el tiempo -viene y se va, viene, no es la misma pero viene, y se va-, sino también en el espacio. Las muchachas que pasan por la calle, ropibreves, pechialtivas, aromadas -alguien sospecha que son hologramas, publicidad engañosa de las ciudades- son la primavera que viene, que se va, que no sabemos.
Es un época de balbuceos. Estar lo bastente despierto como para sentir algo, y lo bastante dormido como para no hacer nada. El estímulo que invita a una vida más plena, aventurera y brillante. Y la canción de cuna que nos cierra los párpados, suave, suave es la noche... y mañana hay que madrugar.

Los novios y el Destino

Tal y como lo hemos conocido en mi generación -no sé cómo ha sido en otra o en otro siglo- la ruptura de un noviazgo es como un divorcio. Un mini-divorcio, quizá, pues no es lo mismo haber construido un hogar, o haber tenido hijos, que haberse juntado un tiempo sin unirse del todo. Pero hay de hecho una separación traumática de tejidos, un reparto de bienes (cada uno sabe cuáles, qué recuerdos), y se empaquetan y guardan ciertos objetos. "¿Te acuerdas de aquel día...?" (te vuelves, pero el otro ya no está).
Y la pregunta, flotando en el ambiente como una broma de mal gusto: Todo esto ¿a dónde va? Cuando un amor se muere ¿quién le llora? El ubi sunt? es el mismo. Los paganos le preguntaban, retóricos, al Destino. Y su Destino, igual que nuestro Dios, no contestaba.

la Gran Fiesta de las Miniaturas


"Siempre pensamos que después de la siguiente prueba, del siguiente obstáculo, vendrá la paz al fin, la paz sobre la tierra, para nosotros. Pero, por suerte, no viene. Sigue el camino. Hay otro recodo interesante más adelante en nuestra ruta, y también nos interesa, y con vehemencia. Estar insatisfechos es la garantía de no ser "ricos" en el sentido evangélico, es decir,de no estar tan contentos con lo que somos y tenemos que no deseemos nada más, y no lo pidamos. Demasiado gordos para la puerta angosta. Tras la que se esconde, diminuta y juguetona, la Gran Fiesta de las Miniaturas."

(Del "Epistolario exhibicionista", de Juan Luis de Soria)

THE PERDIO ART TRIO

Ya queda menos para el jueves...

Dulces (y amargos) abismos

André Frosar dijo algunas ideas muy interesantes acerca del abismo entre los sexos, tomando el texto mítico del Génesis. El hombre, creado de la materia indiferente, de la fuerza ciega de la naturaleza, del pobre barro. El hombre, con sus pulsiones, con su tendencia egoísta y simple hacia las cosas, contiene la memoria de cuando estaba solo en el Edén. La mujer, al contrario, fue creada de la costilla del hombre (en arameo, significa lo mismo que "costado", "orilla", es decir, el punto justo donde termina el varón y empieza el mundo). Fue "creada para"; tiene, por tanto, siempre presente que su realización es "ser para otro", y no se aguanta ni a sí misma cuando no es así. Esto la hace superior, en cierto modo; visionaria, intuitiva, y extremadamente sensible (y esto es su talón de aquiles). Siempre está lo personal por encima de cualquier otro aspecto de la realidad, para ella. Este aspecto le encantaba a Chesterton, que veía en el varón un boceto inacabado de lo que después fue la mujer. Es en realidad, una idea poética, y lo justo es ver el equilibrio, la complementariedad, la contradicción entre los sexos -y la continua necesidad de llegar a un acuerdo, que los saca de sí mismos-.
La teología sobre la mujer tiene grandes nombres como Edith Stein, o Juan Pablo II, pero con el gran incoveniente de estar escrita en su mayoría por personas célibes. El efecto que hace el trato conyugal sobre el pensamiento acerca de estas cosas, es muy necesario. Atempera la secular tendencia humana a idealizar las cosas, o plantearlas en términos de todo o nada, de malos y buenos. Pues el abismo sigue abierto.

Tres acordes


"En el mundo chismoso y cerrado del blues británico, dicen de Theo que es una promesa, que ya posee una comprensión madura del lenguaje, y que quizás un día hasta podría codearse con los dioses, es decir, con los dioses británicos: Alexis Korner, John Mayall, Eric Clapton. Alguien ha escrito en algún lugar que Theo Perowne toca como un ángel.
Su padre, por supuesto, refrenda esta opinión, a pesar de sus dudas sobre los límites de la forma. Le gusta mucho el blues; de hecho, fue él quien le mostró a Theo, a los nueve años, cómo sonaba. Después, el abuelo se hizo cargo. Pero ¿producen una satisfacción vitalicia doce compases de tres acordes obvios? Tal vez sea uno de esos casos en que un microcosmos te da el mundo entero. Como un plato llano Spode. O una sola célula. O, como dice Daisy, una novela de Jane Austen. Cuando el intérprete y el oyente conocen tan bien el recorrido, el placer reside en la desviación, en el giro inesperado contra la corriente".

(de "Sábado", de Ian McEwan. Anagrama, 2005)

Excelencia


La secular tradición ha sido buscar la excelencia, empezando por imitar modelos: grandes prohombres de la patria, artistas excelsos, maestros admirables, santos en sus altares; el peligro es no saber que esta imitatio es sólo una herramienta, incluso una humilde metáfora, y que la excelencia de la persona es diferente para cada una, si no única, y aguarda latente a ser revelada. Esa paulatina revelación es el proceso de perfeccionamiento, con el concurso de la libertad personal, y no es el mismo para nadie, por lo que no se puede aplicar una plantilla.
Ratzinger se refiere a esto en lo que él llama la oculta memoria de Dios, que habita en el fondo de cada hombre. Y no es es algo diferente, porque Cristo revela el Rostro del Padre, y también el de cada hombre a sí mismo. También el Cardenal respondió a la pregunta "¿cuántos caminos hay para llegar a Dios?", con estas simples palabras: "Tantos como personas".
La individualidad pasmosa de cada ser es un rasgo de la "excelencia" de Dios. Profundizar en esta cualidad individual es "escarbar" en busca de esa brillante excelencia. Y la última vuelta de tuerca: sólo es posible en relación con los otros, pues somos, ontológicamente -y no sólo como circunstancia- seres comunitarios. El misterio del individuo habitado, que emana, no sabemos cómo, de la bullente Trinidad.