Enfermeras y mecánicos

Había escuchado esta nueva tontería, sin hacerle mucho caso, pero ahora que Ale nos da pie, pienso, igual que Chesterton, que el hecho de "que a las niñas les gusten las muñecas y a los niños los coches, y que las enfermeras sean mujeres y los mecánicos, hombres" ha sido siempre un rasgo de superioridad de las mujeres. Ellas sienten mayor interés por las personas que por los objetos.

(Lo siento por aquellos que han buscado "enfermeras y mecánicos" en Google, con otra intención).

Lamentaciones por la muerte del hermano Donald

Voy en el coche. Como el mp3 que adapté al cassette dio sus últimas boqueadas hace meses, sólo escucho la radio, Radio Clásica, lo cual me permite escuchar música más variada que la repetida noria de mi selección. A veces, en cualquier semáforo, con paisaje crepuscular propicio, o pringoso nublado de prisa y mediocridad, conecto la radio –o abandono una tertulia política, harto ya– y se obra el milagro. Una música secreta –secreta para mí, pues no escuché la entradilla– suena por mis cascados altavoces del coche. Y me quedo, cómo diría, traspasando el aire todo, y un no sé qué que quedan preguntando se pregunta ¿qué es esto? ¿qué autor? Pues la llama que devora, en ese momento, es poder tener la llave para volver a esa música. Y sucede siempre igual: no puedo esperar a que lo digan al final –siempre lo dicen– porque me tengo que bajar del coche, llego tarde, llego tarde, y nunca más sabré quién pulsaba esas notas, quién las compuso. Lo mismito que la vida, diría un poeta.

Una vez sí pude: "Lamentaciones por la muerte del hermano Donald", tradicional irlandés, con sus violines de bruma y toda esa húmeda nostalgia verdegrís, pero no he sabido más. Google no sabe más. Tu Rostro, que aparece –un relámpago–, y que desaparece.