El género del book



Si uno tiene un cuñado actor (bueno, dos), termina haciendo muchos, muchos retratos "de carácter". Es todo un género el del "book".

Música líquida

"Erik Satie es música para suicidas", decía el bueno de mi amigo Bellón, cierta tarde melómana y dispersa, hace años. Tiene gracia la idea, y no deja de tener razón. Satie, y también Ravel –su suite "Miracles", que descubrí por Cirlot–, y en general los impresionistas al piano, me envolvieron en una atmósfera liquida, colorida, cálida y caótica, mientras miraba láminas de Klimt, y la tarde –una tarde, hace ya muchas tardes– se iba poniendo en las paredes del Plantinar, allá en mi soltería.
Vuelvo a escuchar las Gymnopédies, la música con que se abre El Abuelo, de Garci, tan lenta, tan poco a poco, música para desaparecer dentro. Imagino al suicida, al que por fin ha decidido decir adiós, oyendo un disco de Satie. Está decidido, pero quiere escuchar la obra hasta el final, pues le parecería –a él que va a desafinar con todo, que va a romper las cuerdas del piano dentro de unos minutos– una falta de respeto, una quiebra imperdonable el hecho de apagar la música antes de que termine.
Pero, sin saber cómo, la música no termina. Sigue sonando el movimiento de la Gymnopedie, y luego Gnossiennes, sin acabarse el disco de pizarra. El disco de vinilo, el CD, el iTunes que de pronto se abre con 300 Gigas de disco duro, inabarcable. Y llega el alba, y la música sigue, líquida, y se confunde con el agua de la ducha, con el rumor de radios y batir de huevos. Habrá que ir a trabajar, piensa. Ya veremos mañana.

Una dura exigencia de más fe

"¿Qué tiene que ver la elegante basílica romana con el cristianismo? Es un simple mercado, sin modificaciones de relieve. ¿Qué tiene que ver la románica Iglesia-castillo de la Edad Media con la indefensión de Jesús? ¿Qué tiene que ver el fáustico asalto al cielo del arte gótico con el "cercano a la tierra y manso de corazón"? Y (si pasamos de largo el Renacimiento, con silencio contenido) ¿qué tiene que ver el esplendor barroco con la cruz desnuda? Muchos se alegran de que al cristianismo le haya faltado la voz desde entonces: menos mal. El cristiano se avergüenza de su pasado cuando lo contempla con ojos de "hombre moderno". (Las hordas que recorren Europa presurosas y ciegas, de monumento en monumento, no entran ya en la cuenta: son termitas de la decadencia).
Pero el cristiano no debería avergonzarse. Tendría que saber distinguir entre la fe y su expresión. La fe puede ser infinita, si ama: la obra es finita. La fe puede ser intemporal, la obra es temporal. Y la obra contiene en sí una llamada y una dura exigencia de más fe. Como la santa barroca extática, de húmedos ojos entornados: ¿Te has abandonado a Dios de forma que él pueda poseerte como a ésa? Tú, que apenas puedes contener la risa cuando oyes hablar de armonía, ¿has tenido, ni de lejos, el alma en disposición de reflejar la pureza de Palestrina o de Haydn?"

(Hans Urs Von Balthasar, Quién es cristiano. Ed. Sígueme, 2000. Pág. 20)

Pasando de largo –por hoy– las muchas vetas que abre este fragmento, me fijo en la condición exigente de la obra de arte (cristiano, en este caso). En su doble condición de finitud que expresa una infinitud, revela y oculta. Nos da la sed, y sólo un poco de agua. Para los gentiles, puede ser una experiencia extática contemplar un cuadro del Cinquecento. Para los cristianos, a menudo, una decepción, un "tampoco así eres Tú". Pero Balthasar va más allá con su pregunta retórica. Un más allá que al lector caprichoso (como un servidor) le suele poner incómodo.

Domingo tardísimo

El tema de amor de Blade Runner hilvana las pocas líneas que se divisan, desde el balcón, de las casas bajas del barrio. Es muy tarde, y no tendrías que estar chateando. Si al menos escribieras un poema... Pero sólo suena Vangelis, para acentuar un poco el cambio de estación, para invocar al otoño y exigirle que venga ya del todo, con jersey y abrigo y hojas sueltas crepitantes, y castañas asadas y frío y autobuses ceñudos (y los poemas en prosa de Adaldrida, dando su guión minucioso a tanta belleza cotidiana). Conversaciones en el aire de la Red, vertiginosas confidencias que se tragará el viento, que serán nada cuando se apague el ordenador, más cansado y con sueño y aturdido, preguntándome ¿qué ha sido de este día que se marcha, que se marchó hace mucho rato? Día de otoño caluroso, vergüenza de día de calor y ocio. ¿Cuándo llegará la intensidad esperada, la palabra precisa, la sonrisa perfecta? Dejemos esa tenue esperanza al lunes, y a los ángeles de la rutina. No todo llega cuando quieres. Pero, por favor, cuando llegue la maravilla, que mis ojos, cansados de nada, la reconozcan.

Teología matrimonial

ESPOSA

Con tu mirada tibia
alguien que no eres tú me está mirando: siento
confundido en el tuyo otro amor indecible.
Alguien me quiere en tus te quiero, alguien
acaricia mi vida con tus manos y pone
en cada beso tuyo su latido.
Alguien que está fuera del tiempo, siempre
detrás del invisible umbral del aire.


(Miguel d'Ors)