Posible nota necrológica

"Las estupideces del mundo le asombraban y, bajo su jovialidad y buen humor, uno percibía a veces un profundo poso de intolerancia y desprecio. En casi todo lo que escribía se percibía el filo de la irritación y el combate, y a lo largo de los años fue adquiriendo fama de problemático. Supongo que se lo merecía, pero en última instancia esto era una pequeña parte de su personalidad. La dificultad estriba en definirle de un modo concluyente. Sachs era demasiado imprevisible para eso, tenía un espíritu demasiado amplio e ingenioso, demasiado lleno de ideas nuevas para quedarse en el mismo sitio mucho tiempo. A veces me resultaba agotador estar con él, pero nunca aburrido. Sachs me tuvo en vilo durante quince años, desafiándome y provocándome constantemente, y mientras estoy aquí sentado tratando de explicar cómo era, apenas puedo imaginar mi vida sin él."

Los peces y el tiempo


Mi humilde oficio actual me ha llevado, un par días, al interior de un palacio. Ahora es una sede municipal, de oficinas tediosas, pero antes fue patrimonio de los Marqueses de La Algaba. Fuera está el medievo, en el Mercado de la Calle Feria, ladrillos de adobe, ventanas ojivales, un bar con sus dos borrachos de rigor, y polvo soñoliento de mediodía. Buen sitio, me digo.
Desde las ventanas interiores se divisa, abajo, una fuente, y en la fuente tres peces color naranja, sobre azulejos de rombos verdiblancos. El viento hace oscilar, un poco nada más, dos vetustas palmeras, y la luz se extiende plena en las paredes, dilatándose, para coger impulso antes del ocaso. Flota una mosca en el pasillo hondo. A las siete de la tarde no queda nadie, y estamos solos en el palacio, cuando el silencio es el Sur y es feliz. El silencio es recuerdo del hogar que me espera, al caer la tarde; de las muchas moradas que nos esperan, al caer la tarde, la otra, la lejana, la vertiginosa, oculta en el fondo de la fuente y los peces. Los peces duermen ya, en su noche sin párpados ni estrellas, y no saben que hasta el agua estancada de su fuente corre hacia al mar que nos aguarda a todos. Verano íntimo tras el portón cerrado, palacio de los Marqueses de La Algaba.

La búsqueda de "algo" (y la espera, claro)

"Hubo un asunto que jamás se me ocurrió plantearme. Nunca me di cuenta que la misma fuerza y facilidad de la postura pesimista nos presenta un problema en forma inmediata. Si el universo es tan malo, o aun medianamente malo, ¿cómo explicarse el que a los seres humanos se les ocurriera atribuirlo a un creador sabio y bueno? Puede que los hombres sean necios, pero no tanto como para llegar a eso. El inferir en forma directa del negro al blanco, de la flor ponzoñosa a la raíz virtuosa, de la obra sin sentido a un artífice infinitamente sabio, desequilibra la fe. El espectáculo del universo, tal como lo revela la experiencia, jamás puede haber sido el fundamento de la religión; siempre debe haber sido algo, a pesar de lo cual la religión, adquirida de una fuente diferente, se conservó."

(C.S. Lewis. El problema del dolor)

Es domingo, fue domingo

Fue domingo en las claras orejas de mi burro...

La fugacidad del tiempo también afecta, afortunadamente, a los domingos por la tarde. Quien lea estas líneas a media tarde, quizá esté viviendo un domingo feliz, o por el contrario escucha el minutero sisífico, ansioso por que lleguen los programas deportivos -y después taurinos- de medianoche, en la radio. En ese momento postrero, hay una opresión que sabe a lunes, y "al atardecer de tu vida". Pienso si llegará un día en que viva los domingos de un modo pleno, libre, feliz, y escucho por respuesta el minutero, que ahora ya no es Sísifo, sino César Vallejo. Es, fue, es, fue, es fue, suena en vez de tic-tac. El "será" es el timbre del despertador, aún callado, amenazante.

Shakuhashi o el interlocutor buscado

En el título de este post tienen el enlace a un blog reciente, de vivísima actualidad. La vivísima actualidad proviene de la búsqueda del interlocutor perfecto, que todos los adictos a la amistad -largas horas, grandes cervezas, nulos relojes- buscan de continuo, aún sin buscar. Los bloggs -ojo a la doble g- son reflejo de nuestra búsqueda, a ratos sucedáneo, a ratos nostalgia, siempre celebración de lo que es en la vida. El gran Toi que rige el blog enlazado es un gran tipo. Para el que no tenga el placer, que al menos bloggueen. Pasen y vean.

Jünger y los programas de cotilleo


Leyendo las impresiones televisivas y "madrugadoras" de CarlosRM -enlace a su derecha: Cuaderno de Vísperas-, me viene a la cabeza cierta idea. En general, la gente lanza improperios a la televisión: que si antes era mejor, que si estudio 1, que si las pelis clásicas. Y tienen razón (aunque los niveles de audiencia requieren una explicación ¿quién ve esos programas?). Pero el caso es que, en esto de la telebasura, o teletontería, ocurre como en muchas otras realidades. Puede uno, sin más, rechazarla con un gesto displicente, o puede, sin más, consumirla con gesto irreflexivo. Pero el hecho de que exista gran hermano, o los cotilleos, cada vez más abundantes, expansivos, escatológicos, algo tiene que significar. Todo es signo, síntoma. ¿Qué anotaría Jünger viendo nuestra televisión, viendo a los famosillos? Podemos intentar recrearlo:

"Anoche, todavía un rato ante el televisor, después de leer a Boecio. Unos personajes se arrojaban unos a otros sus supuestos pecados a la cabeza. Personajes que encarnan, paradójicamente, una impugnación general al sólo concepto de "culpa". La cercanía de Acuario se manifiesta en estos signos, que son como las ondas del estanque en cuyo centro se arroja una piedra, cuando aquellas llegan a la orilla, en la que hay residuos aceitosos, que se agitan, leves. Las aporías del Zeitgeist dan un salto cualitativo, en que dos y dos no son cuatro, sino una magnitud que ha de expresarse en cifras aún no inventadas. Las aporías se convierten en una sola Aporía, en una contradicción "per se", que se respira como aire viciado, transformándolo todo. Los Titantes acuden, atraídos por el vacío. Zeus y los olímpicos no están. Ni siquiera se les espera".

Hilario Camacho y el amor de amistad


Según C. S. Lewis el nacimiento de la amistad se puede expresar así: "¡Qué! ¿Tú también? ¡Cuanto me alegro!"


http://www.deljunco.com/hilariocamacho/