Texto sin contexto

"La idea de la inmortalidad del alma se ha de abolir sin contemplaciones como algo que se opone de la manera más radical al pensamiento bíblico".

¿Quién escribió esto?


* Actualización y RESPUESTA: Joseph Ratzinger, en "Escatología".

Tarde y descenso

Domingo por la tarde, como siempre. La luz, la luz cantada tantas veces, como hilillo que entra por una chimenea de la sierra, y da justo en el leño solitario, apagado, ya tibio el mes y el corazón descalzo. A veces, la luz desciende como diciendo: no hace falta, en este momento, redención. Sólo respira, descuídate, camina. Y late el corazón sin prisa, y nos vamos por la luz hacia la noche calma. Hacia el sofá y las zapatillas viejas. Hacia la sopa y el desandar lo andado, hacia la cama abisal, acogedora, nueva. Un descenso sin consciencia, un remansado final para la jornada infinita. A veces, uno se cansa de juzgarse tanto. Necesita dormir, soñar muy poco, perderse hacia dentro. Y que el mundo gire sin nosotros, qué alivio.

Mayo. Locos.

Mayo aparece y nos vuelve locos. El calor reina, de pronto, con mano firme y derrite, acelerado, el asfalto y las cabezas, que cuelgan líquidas sobre las barras de los bares, como relojes dalinianos. Nos arrastramos a nuestras cosas cotidianas, con caras lánguidas de cuadro barroco, como santa teresas sin éxtasis, pero con la misma mirada doliente y equívocamente erótica. De pronto, el viento cambia, como en Mary Poppins, y bajan los termómetros con sus voces de mercurio, riéndose de nosotros: "qué os habéis creído, todo cambia, nada es seguro", y los pañuelos de papel danzan sobre las aceras, los lunas de los coches se empañan, y la luna nos mira y se sonríe. Sacamos del fondo del armario ese jersey fino que guardamos antesdeayer, y vamos cerrando las ventanas. Las corrientes son muy peligrosas, dice la abuela. Las campañas de mayo se congelan en el tiempo, en el ánimo. Y esperamos la llegada redentora de un poema, de una llamada de teléfono, del calor de algún modo que le falta a nuestras manos. Locos, locos. Desconcertados, con los recuerdos veraniegos a medio sacar del cajón, con las bermudas mirándonos en silencio, sin saber qué hacen sobre la cama. Mayo marcea, y nosotros, febreriles, no vemos el momento de ir a la playa, abrir los poros y respirar la vida, ya del todo, con gaviotas y vino, con sandalias perezosas. La buena vida que se escapa tanto, como la zanahoria del burro. Allí, allí. Y nosotros aquí. Locos.

Menos mayo

A J.M.M.


En mayo cuántas cosas me hacen falta.
El tiempo, como sangre, se me agolpa
ante los ojos del mirar inquieto.
Lo que me gusta más de mayo ardiente,
es que no pienso en mayo, ni lo añoro.
Sólo soy una estatua, apenas viva,
los pájaros se acercan y me tocan,
para marcharse luego. Yo me quedo
en este cementerio de azucenas,
en que me hacen falta tantas cosas,
en que me falta todo menos mayo,
ante los ojos del mirar inquieto.

21 de junio, Malahide Castle

He visto Dublín, una estación con lluvia, un camino con guijarros y colillas hacia la pensión escueta. Bruma desapacible, no como en las escenas irlandesas soñadas en Sevilla, con calor y tapa de caña de lomo, no como los cuentos o la música que impregna la tierra de Inisfree. Pero vamos a otro sitio. Al fondo aparecerá el castillo de Malahide, radiante en la distancia, con un sol imprevisto sobre el equipo de sonido. Ya la turba se agolpa frente a la torre del homenaje, porque esa tarde va a ocurrir algo. Nadie será el mismo cuando regresemos. El tren, el taxi, el avión hacia la rutina, a toda prisa. Pero antes... No puedo aún imaginarlo. Suena Crossroads al fondo, y me tiemblan los dedos mientras miro mi entrada.