Nostalgias universitarias

Me he puesto a revisar mi canal de Youtube, es decir, a mirar hacia atrás en mi vida, por el procedimiento fragmentario de los pequeños vídeos. Tocando la guitarra, el banjo, sobre todo, pero también he llegado a algún vídeo de cachondeo, como el de la coreografía que montamos entre cuatro compañeros de la Facultad, para una asignatura de Danza, con nuestra música de los Village People y todo (por cierto, sólo el indio era gay). Y también una grabación chorra de dos minutos en la cafetería Doñana, enfrente de la Facultad. Salen los compis (diez años más jóvenes que yo, y me llegan noticias de que siguen siéndolo), alguna con la que ya no me hablo (rifirrafes en Facebook), tonterías y bromas de aquella época, ante la consuetudinaria tostada y el café lectivo. Lo que era rutina y pasilleo, bostezo y legaña, es ahora -oh, sencilla alquimia-, nostalgia dulzona y algo así como gratitud, con sus dos gotas de melancolía (el problema de la palabra meloncolía es que empalaga un poco). Como el mayor descubrimiento de esos años fue la música de Gesualdo, lo pongo ahora mismo como nana, que ya es hora de acostarse. Adormeceré, con la disonante droga renacentista, mi menuda nostalgia, tan vulgar, tan de abono transporte.Por la ventana, el patio de vecinos en silencio, un grillo, la noche de este otoño veraniego.