Clapton, Dylan, que viene y va

Dylan estupendo. Se le entendía más de lo que imaginaba. Tocó cinco o seis o siete de sus grandes éxitos más conocidos, y la banda sonaba estupenda, puro rockabilly con pedal steel guitar, acústicas, guitarras sin saturar, órgano (tocado por Dylan en una extraña postura medio erguida, dicen que no puede tocar la guitarra ya). Estuvimos en tercera fila, y, salvo por los seguratas pesaos evitando que hiciéramos fotos, y por dos que se quisieron colar por la cara, ha estado muy emocionante. Hizo el último bis (de dos) con Like a Rolling Stone, y aquello fue tremendo.

Mientras, sigamos pensando en Clapton, y atando cabos. Aquí uno de los mejores bluses que le he escuchado jamás a Mano Lenta: curiosamente un tema de Dylan en el treinta aniversario de la carrera musical del de Duluth. Viva YouTube.

Like a hurricane



Pues sí, también nos vamos a ver a Dylan. Esta tarde, pero más cerquita que Clapton: a Jerez. Mi madre lo ha visto un par de veces –mi dylanismo es por vía materna, igual que mi claptomanía por la paterna–, pero en cambio yo no me acerqué al auditorio de la Cartuja cuando vino en el 91, que era mi oportunidad. (Sí que fui a los del blues, B.B.King y to' la pesca). Esta ya no me lo perdía. Que el tiempo arrastrará a los cantantes y las canciones, y con los años los niños (los niños guays) me dirán: "¿Viste a Clapton? ¿A Dylan? ¿A B.B.King?. ¡Qué flipe!" Lo que no se creerán es que vi a Chuck Berry (será el domingo que viene, ya os contaré). Eso sí que es historia antigua del rocanrol, los pilares de todo, la chispa primigenia.

Calma chicha

Levantarse una mañana y comprobar que todo está igual que ayer; no demasiado calor, sólo unos treintaytantos grados, que ya desde las nueve impregnan la acera, dando a nuestros músculos la excusa para no hacer mucho, para permanecer en medio de una ordenada molicie que nos conduzca sin sobresaltos hasta la noche, al dulce tinto de verano de las terrazas. Vigilados por vencejos y murciélagos, guardia aérea del descanso sin cansancio, este clima propicia una filosofía de salón –perdón, de terraza–, perezosa y no infeliz. Tampoco feliz, pues la misma fuerza que se consume en la intensa dicha, en la exultante música o el verso ígneo, en el terrible amor o la exaltación entre amigos, es la que sirve para el desgarro y la melancolía. La misma leña en distinto fuego. Si queremos serenidad epicúrea, si pactamos con el diablo tener unos gramitos de ataraxia, de jardín plácido por las arterias siempre, será a costa de la dicha. Moderarse, madurar, es entregar un poco el alma, para poder vivir, para poder respirar, sin muchos ansiolíticos. Pero con la esperanza de que la recuperaremos toda, como en una casa de empeños comprensiva, de dueño generoso y sorprendente.

(Dedicado al insaciable Suso)

Música terrenal

Aquí tenéis el resultado de bichear unos minutos por la Red, enterarte rápidamente cómo convertir mp4 a mp3 desde el iTunes, registrarte en Goear.com, subir tu archivito, y luego dejarlo aquí para vosotros, oh amantes de la música, oh lobos tristes o alegres de las noches ociosas del verano.

(nota: la voz que canta esta tonada melancólica es mía, y el primer solo de guitarra también. Aunque el bueno bueno es el último, a cargo del gran Carlos Abad)

La voz de Mesanza

Gracias a Enrique Baltanás, me entero de que la Fundación Juan March ha colgado todas las conferencias, en audio, que se han dictado durante los últimos treinta años en su sede. Inmediatamente, he buscado esta de Martínez Mesanza, que es un recital. Tengo el texto de la conferencia sobre su "poética", al igual que la de Eloy Sánchez Rosillo, desde hace unos años. También, como el recital de Eloy, se pueden encontrar con el buscador de la página. Dios bendiga a internet.