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Recuerdo Los Papeles del Sitio, enlazado a la derecha de la página. Tienen títulos fabulosos, como el de "Escolios escogidos" de Nicolás Gómez Dávila, del que he copiado esta selección, sobre su carácter "reaccionario", de otra web:

«Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia»
«El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable»
«A la tentación de estar de moda sólo escapa el reaccionario»
«Ser reaccionario es haber comprendido que a una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar»
«La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón, sino la desconfianza en la voluntad»
«La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña"

Así que: a comprar, que hay que activar el consumo, y levantar España.

Jacarandas 2008

Alfómbrense las calles con albero disperso, apenas unas hojas que el viento hace bailar sobre la acera caliente, el aire licuado, la parada de autobús más desierta que un desierto en un sueño de soledad, de esos que angustian. Gentes que caminan a cámara lenta. Por dentro, como a través de agua, una canción antigua, clavada en la carne del corazón como una bandera derrotada y para siempre, mientras camino por las calles que tienen, que no tienen, albero disperso, y las hojas me golpean las piernas, como acariciando, indiferentes, y el plástico de un flas de fresa se escurre hasta la alcantarilla, y estamos sentados en la parada del autobús.
Arriba, sobre mí, mientras espero el 25 (hace años que no pasa, pues no hay nadie en la ciudad, ni a cámara lenta), ondean las hojas pintadas de cera color violeta, color morado, color de sueño espeso de la siesta antigua. Siesta a los diez años, mientras todos ven la tele en la duermevela de la sobremesa. En esa siesta sueño con una jacaranda, enorme, y la jacaranda es una colcha mullida que me arropa, y ya no hace calor, sólo hay un viento de fondo, canción de fondo, gentes que caminan a cámara lenta pero que no están. Algún día seré una jacaranda, y seré hermoso, y todos los poros de mi piel, todas mis atribuladas células cantarán renacidas el cántico perenne de la juventud crómatica, de las piscinas luminosas. El cántico de la jacaranda, que canta porque es joven y es eterna. Digan lo que digan los poetas.

A treinta grados

A treinta grados a la sombra te querré con sed. Te querré con sudor y con dolores de cabeza, con bostezos a destiempo y con las moscas, golosas, juguetonas, de Machado, que hacen tanto la puñeta en la tarde lenta y espesa, entre libros y trabajos y prisas y no saber qué hacer en este anticipo de verano. El verano debería ser verano, en su momento, con trigales de fondo, horizontes licuados sobre el asfalto, piscinas secretas, ya tan alto el sol sobre el horizonte del extrarradio, y los aires acondicionados bramando su infeliz letanía del crepúsculo. Pero no esto, este anticipo desconcertante, este pastoso fluir de los minutos tontos. Perder el tiempo, no hallar cosa en qué poner los ojos que no sea recuerdo de tareas pendientes. Pero te querré. Te querré, te quiero también con treinta grados, con cuarenta, con fiebre o con sudor o con delirios torpes, como éste. Viene la noche como una suave tregua. No sé para qué mandé mi chaqueta blanca a la tintorería. Total, ya vamos en mangas de camisa por la calle. Lo mejor es que ya han llegado los caracoles.

Bis


"Puede que Dios le diga al sol cada mañana: "Vuelve a hacerlo"; y a la luna cada noche: "Hazlo otra vez". Puede que no sea por una especia de necesidad automática que todas las margaritas sean iguales, sino que Dios las haga una a una y nunca se haya cansado de hacerlas así. Acaso El tenga un anhelo eterno de infancia; pues nosotros hemos pecado y hemos envejecido, pero nuestro Padre es más joven que nosotros. Puede que la repetición en la naturaleza no sea una simple recurrencia, sino un bis teatral...".
G.K. Chesterton, The Ethics of Elfland, Orthodoxy.

(La foto, esta vez, la he tomado desde la azotea, y no desde el balcón)

La luna llena sobre los tejados

La luna llena sobre los tejados, sobre las antenas parabólicas, mirando el mundo con sus ojos de arena. Su luz nos hiere y en su rostro vemos los rostros de otras primaveras, la luz de nuestras vidas, pálida, débilmente iluminadas, un segundo, antes de desaparecer, antes del sueño. Su luz bajo la que escribimos, amamos, olvidamos. Su luz que no es la suya, sino de otra luz superior que no vemos ahora, porque es de noche. Porque estamos en medio, siempre en medio, obstruyendo la luz, con nuestra confusa materia giratoria, ruidosa y abundante. Diosa de mis noches alegres, de mis madrugadas tristes. Diosa mediana de abril, ampáranos ahora, cuando estamos frente al televisor, apagados y mudos. Ahora que muchos callan, y duermen, y yo escribo, confusa materia giratoria, inquieta.

De cuando en cuando

"El hombre ha nacido para pensar; así que nunca está sin hacerlo; pero los pensamientos puros que lo harían dichoso, de poderlos sustentar siempre, le fatigan y abaten. Es una vida uniforme a la cual no puede acomodarse; le son necesarias mudanzas y acciones; requiere enfín pasiones que le agiten de cuando en cuando, de las que siente en su corazón fuentes tan vivas y tan profundas".

(Pascal, Discurso sobre las pasiones del amor)

Así, los cuarentones y cincuentones –o cuarentonas y cincuentonas– que, de pronto, se compran una Harley Davidson, abandonan a su cónyuge y se marchan con una joven belleza recién adquirida ¿o no? ¿o no hay que irse tan lejos para aplicar este texto? Cuando compramos una tele nueva (guitarra, coche, o lo que sea), también estamos conjurando estas fuerzas que nos arrastran, esta dinámica loca que no sabemos a dónde apunta. Ya lo dijimos en otro lado: nuestro consumismo es espiritual, simbólico.
Tengo la esperanza de que sean la Poesía, "con sus ojos de huérfana marina", y la Música, con su verdad intangible, las que me agiten de cuando en cuando. Y que las fuentes sean tan vivas y tan profundas.