El síndrome de Toistendhal

Toi ha vuelto de Venecia. Sólo ha hecho unas mil quinientas fotos, con la camarita de bolsillo de su hija. Millones de gaviotas, centenares de sombras bailando con luces en los muros astrosos. Venecia de cristal y crepúsculo, que dijo Borges. Venecia más allá de la abarrotada plaza de San Marco, un disneilandia de japoneses con cámaras de video, escolares de viajes de fin de curso, españoles ruidosos, italianos hablando por el telefonino. Más alla, más allá, hay puentes interiores, galerías del alma y canales para desaparecer dentro, como una música a muy bajo volumen, acolchada, de fondo. Agua y susurros, destellos sobre un arco. Lo sé. También he estado en Venecia. Ahora he viajado de polizón, escondido en la barba whitmaniana de Toi, aunque él no lo sabe. He viajado porque "en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos" (Haldir, el elfo, en El Señor de los Anillos). Esperamos fotos para colgarlas en este blog. Permanezcan atentos a su pantalla.

Tanto


"Nunca tantos debieron tanto a tan pocos". Esto dijo Churchill, refiriéndose a la R.A.F., la Real Fuerza Aérea, en la II Guerra Mundial, según me apunta Manuel Prendes (le he pedido una cita, así, a vuelapluma, para cumplir con el blogg). Pero me parece que puede servir -otra vez, O tempora!- para una penosa meditación sobre las hipotecas inmobiliarias.

El sepulturero


Esta semana me han ofrecido el puesto de trabajo de peón sepulturero. Sé que ganan muchísimo dinero, por el bote que se acumula por las propinas -doloridos familiares, viudas deshechas, herederos inminentes, no reparan en el color de los billetes-, y que en el cementerio de San Fernando se está muy bien, con sus hermosos paseos arbolados, con sus ostentosos mausoleos taurinos, con panteones familiares neogóticos, con el Cristo de las Mieles. No obstante, por razones técnicas y de contrato que no vienen al caso, he rehusado. Siempre podré decir, de todas formas: una vez casi fui sepulturero. Ese "casi" sirve para todo: "Yo estudio casi todos los días. Casi estudio el lunes, casi estudio el martes, casi estudio el miércoles..."

Reliquias


"Tengo un trocito de hueso de San Cucufato, que cuando me lo pongo en la barriga, me se quitan los dolores, niña". "Pos en la parroquia de Valderabito del Meneo han conseguido una reliquia de la muela picada del Beato Euterpes, que sana los pies de atleta". "¿Tú sabes que la Maripuri le robó a su cuñada, en el reparto de la herencia, un trozo incorrupto del dedo de San Onanado el Pequeño? Se conoce que es mu antiguo, del siglo XVII y tó".

Esta forma de entender las reliquias, como objetos mágicos, amuletos, y artículos de mercado, es uno más de los aspectos del catolicismo (es decir, de la babilla, de la espuma del catolicismo), que repugna a nuestros hermanos protestantes, y produce la risa de los no creyentes. Es normal que así ocurra.

El viernes por la noche, en casa de Toi, estuve tocando la armónica que Hilario Camacho llevaba siempre. Cuando me la pusieron en la mano, no pude evitar una gran emoción, al sentir, al "notar", que Hilario la había usado. No hay nada mejor que la noción de "radiaciones" que dibuja Jünger: algo permanece, como una radiación, en los objetos, y se hace sentir a lo largo del tiempo, como sustratos acumulados que espesan la realidad. En la línea del tiempo, nos damos la mano todos.

Ahora tengo en casa una de las púas de Hilario, que salió de una bolsita de plástico de manos de una amiga suya, y que repartió el viernes entre unos cuantos privilegiados. Me la llevé, feliz, y la puse en mi vitrina. Una simple púa Jim Dunlop de las blanditas, gris claro. Acompaña ahora al pin que nos tiró B.B. King en su concierto-despedida en Córdoba.

No sé muy bien cómo, pero esta experiencia debe iluminar algo la maltrecha costumbre de las reliquias cristianas. Debe purificarla de su mugre y su mercadeo del templo. Reliquias: objetos donde se hace sentir una gracia superior, un recuerdo de cómo el infinito entra en el tiempo, y se lo lleva consigo hacia otro lado. Miramos esos objetos, y nos sentimos de dos modos: acompañados, huérfanos.

Bajo tu sombra, Junio




Junio se va deslizando sin calores de espanto, y en casa aún no hemos cargado el gas del aire acondicionado. Está nublado, y pasamos del biruji al calor, leve chispeo, sofocos repentinos. Varias veces, en lo que va de mes, he recordado los versos de Pablo García Baena (enlace en el título), que terminan apuntando un detalle: la felicidad no es placidez, lago en calma, siesta sonriente; al menos, no siempre: "y mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha". Felicidad no como ataraxia, sino como acción, movimiento, dinamismo; separación de la idea de éxtasis de cierta impresión estática (el cielo con nubes blanditas, angelitos y liras). Si Dios es poderío, danza y fiesta (la Trinidad es un baile), la Gloria no es una calma chicha. O también lo es. El perfecto hombre de acción es el que tiene dentro un fuego sereno, una valle remansado, un santuario secreto, y por fuera es un acróbata, un guerrero. Sin embargo, la ansiedad ya la definió Mesanza en aquel verso inmejorable: "duerme siempre en un carro de combate". No soy un perfecto hombre de acción, por tanto. Contemplo, con cierta nostalgia, esta foto que me envía una donante argentina, mientras suena de fondo una melodía: Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra...

La posesión de la belleza

Estas son las tímidas muestras, a baja resolución, de lo que dará de sí (de si mayor) mi nuevo camarón. La primera es la que me parece más significativa, como bien indica el título de la entrada. La siguiente fue tomada muy cerca, y tiene un no sé qué de verano perdido (la tienda está cerrada), con su rojo y su azul y su amarillo somnoliento. Y la tercera es un necesario homenaje a un inquilino de honor de mi casa, Jabba el Hutt, recientemente llegado de una remota galaxia.




Luces, cámara, acción


Se hace saber que la productora FOTOBEADES (reportajes, álbumes digitales, diseño fotográfico, maquetación), ya está en funcionamiento. La adquisición de un equipo fastuoso ha abierto la veda del daguerrotipo. No se amontonen.

www.fotobeades.com

La despedida de la Primavera


"Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo".

(Miguel Hernández)

En el calendario, la primavera se marcha más tarde, obediente a las convenciones; en Sevilla, el verano reina ya con su cetro calórico. (Agradecemos la foto a una lectora del blog, de Argentina).

El amor nos hace pequeños

«Nunca pensé que iba a hacerme mayor tan joven», leo en el blog de Carlos RM (no lo dice él, es un cita). Me paro en esta línea y pienso, al principio no sé muy bien el qué. Pero después caigo en la cuenta de que me ocurre justo lo contrario. Nunca pensé que tan mayor (llegaré a los treinta sin darme cuenta, y sé que esto producirá risas sardónicas en muchos lectores), me volvería tan joven. Cada vez me gustan más jugar con los muñecos, me río con risa más tonta y floja, hago tonterías, me imagino qué seré de mayor . Debe ser el amor el que rejuvenece. Y así debe ser, también, el modo en que nos haremos "Quasi modo geniti infantes" (Pedro 2,2), para pasar por la pequeña puerta (Mt 7, 13)