El invitado que no llega

El otoño va a llegar, descuide. Pero ¿cuándo? Seguimos en esta primavera de inminencia de lilas muertas arrastradas por la tierra, etc, (algo así decía The Waste Land), pero no acaba de comparecer el otoño, con sus barbas de liquen y su corona de musgo, y sus colores caldera cortinglés, que ahora se llaman camel. La noche cae sobre una ciudad tibia todavía, el ánimo aún en mangas de camisa, y es demasiada la luz para el corazón, que ha sacado el abrigo del armario, hace un mes, y está deseoso de correr bajo la manta de humo de las castañeras, de ponerse gorra, de recordar a Dickens, aunque sea un poco. La gente, ay, en paro, pasea bajo los álamos, camina por la Avenida (esquivando bicis y mirando el tranvía), por la Campana, como hace un siglo, encontrándose con conocidos como en cualquier ciudad de provincias. Comiendo pipas, y tirando de bonobús.
Pero hay algo que aún no llega. Y cuando llegue nos quejaremos del barro en las botas, de los charcos bajo las ruedas de los autobuses (la camisa empapada de cabreo), de la lluvia a la puerta del colegio infinita, del tiempo arisco y de las tardes breves. Pero al menos todo estará en su sitio, como Dios manda. Con el tiempo (atmosférico) todos somos conservadores.

10 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Y yo tan conserva, sin embargo, estoy encantado con esta primavera resistente. Quizá por hipocondríaco: así nos tiene bien guardados de la gripe A.

Muy buena entrada.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Yo echo en falta el otoño, un poco de lluvia. Las mangas de camisa no son elegantes. Por cierto, me he aficionado a la pipa. Es más otoñal que veraniega.
¡Ah, esas barbas de liquen quién las tuviera! Un abrazo.

Novalis dijo...

Cool... the best Beades is back!

Espero que tu recital de ayer en Utrera estuviera tan inspirado como esta entrada...

lolo dijo...

Merece la pena esperar, también, para poder leerte ésto.

Carmen dijo...

A mi se me andan poniendo feos los pétalos de tanto calor, no creo que llegue a San Andrés.

Adaldrida dijo...

¡¡¡Que llueva y haga frío!!!

Suso dijo...

Buen texto.

A uno, que tiene la costumbre de guardar la ropa de invierno a mediados de octubre, con el Pilar, le está costando eso de andar con panas con estos calores.

¡Y que no llega el otoño!

el cortinglés dijo...

el caldera y el camel no son lo mismo, de hecho son bastante distintos....y la gente lleva un mes ya corriendo bajo la nube de humo de las castañeras, pero en mangas cortas!!!

Jesús Beades dijo...

Cortinglés, sé lo de los colores. Pensé que se entendería el toque de coquetería masculina que añade el confundirlos.

No es lo mismo en mangas de camisa. De hecho, hasta que no llevo abrigo no me acerco a los puestos de castañas.

Artemi dijo...

El verano, con sus calores y sus sudores, con sus turistas poco pudorosos, con la modorra que a algunos nos produce... da paso al otoño, la estación de la melancolía, y también de las hojas que esconden moñigas, y los ocres que traen recuerdos tan tristes... es seguido por el invierno. Aquí, en Castilla (Madrid es Castilla, no nos engañemos) el invierno es duro, pero la esperanza de que después llega la primavera, con su esplendor, con sus flores, con su vida que renace... y con la puñetera alergia. Cada estación tiene sus pegas, pero también sus maravillosas peculiaridades. Lástima que seamos, los hombres, unos impertinentes insatisfechos (yo el primero). Como la canción de Silvio, "Y Mariana quiere ser canción"