Y mi voz sin tu trato se afemina
El ruido congelado y la noche cerrada
Consejos para escritores
Gaudium sine pacem
Iron Maiden y la NBA
Un poma sin moraleja de Wislawa Szymborska, in memoriam.
E.L.I.
Muchos, muchos años hace que no tenía esta exacta sensación. Esta como necesidad de llevar un diario personal, no literario, no sintiéndome leído por anticipado, sino íntimo, telegramático incluso -sólo datos, o breves notas, para recordar mucho, mucho tiempo después. No sólo es una sensación de hace años, sino que alguna vez lo llevé a cabo. De este modo: "Tarde en el zoo. Contraluz de los girasoles. Papá. Ale. Tito Carlos. El tren pasó al fondo del atardecer. Reíamos mucho". Que hay quién dirá que propende al haiku. Pero, como todo, me duró poco. Sería el año 90. Mucho después me puse con diarios "literarios", todo el rato posando, para parecerme a Jünger. Pero eso es otra cosa.
Aunque la otra noche, la otra noche... Fue una noche de estas rarillas, que empiezan extrañas y acaban extrañas pero con mucha cerveza de diferencia. Que parecen estar a punto de eclosionar (y casi, casi, se sienten los paulinos dolores de parto), pero se detienen en el último momento. Veamos ¿cómo lo hace Trapiello? Ah, sí, pone equis e íes. Y otros ponen iniciales. El caso es que fui a despedir a mi primo, que se volvía a L.A. (es director de cine), y como regalo sopresa me encontré a E.L.I. (son iniciales, son iniciales), que venía a hacer lo propio. Claro, todo el que haya tenido la deferencia de preguntarle, a ella, sabrá que no soy santo de su devoción (=me tiene asco), pero se tiene que aguantar con tenerme en su biografía -ex de su mejor amiga, primo de mi primo, y mil cosas más que recordamos esa noche- como yo también me tengo que aguantar. Lo que pasa es que yo, como varón, siempre me puedo decir ¡pero es tan guapa! (aquí pierdo la benevolencia de la parte femenina de mis lectores, los tres o cuatro, y se quedan leyendo sólo Enrique G-M, José Luis Sevillano, y quizá mi madre). Pero es verdad, ese ¡pero es tan guapa! dulcifica muchas cosas, como bien saben los examinadores del carné de conducir, sin ir más lejos.
El caso es que la noche se fue poniendo a ratos surrealista, a ratos íntimo-familiar (dos primos que tienen un pueblo en común siempre acabarán hablando de las fiestas, y diversas barrabasadas de dudoso gusto serán contadas como hazañas épicas; yo soy español, español, español -cántese-). A ratos rozando las intimidades traspapeladas. Porque, díganme ustedes, si una chica salió con un amigo íntimo nuestro del B.U.P. ¿no sabremos nosotros toda la trastienda sexual, los síes, los noes, los porquenoes? Así que si ella hace alguna referencia, de algún modo chistoso, o despechado, o aparentemente sólo enunciativo, uno se tiene que callar. Pero en ese callarse le sale una mínima sonrisa, yo diría una nanosonrisa, que por nano que sea ella la advierte, y se amosca. Pero no puede decir nada, salvo "¡Tú estás mu callao, tú estás mu callao! Y además, ¿por qué te ríes?"
En fin, la noche derivó por varios cauces: mi ex, el sexo, su ex, el sexo, mi primo, el sexo, los micrófonos. Y anecdotario abundante, y espumeante. Hasta nos hicimos fotos con el iPhone, mire usted qué bien, concordia y amistad. No ilustro, que no sé sustituir caras por X en fotochop.
En realidad, todo esto a usted le da igual, imaginario lector. La mayor parte del contenido de esa noche se perderá en el tiempo como el hielo entre la ginebra (se han fijado, se han fijado, para no hacer la énesima cita de Blade Runner, eh? ¿tengo arte eh?), y otra pequeña parte será recordada, tergiversada, caricaturizada, en otra noche futura de cervezas y pullas y tensión sexual no resuelta (así he leído que se dice). Lo que ocurre es que no había tenido esa intensa sensación "de diario" desde hacía tantos años. Y es lo que me ha puesto un tanto pensativo. ¿Será la edad? ¿Me estoy reblandeciendo? ¿Temo desaparecer, como un replicante, y que de mí sólo queden cuatro datos ordenados en un fichero, sin sangre ni sentido, ni más allá ni consecuencia? (Esto son preguntas retóricas, pero quedan bien para acabar un post).
(Toda la noche pidiéndome que le hiciera fotos ¡qué coquetería!)
Un himno

Este es uno de los diez mejores poemas que he leído en mi vida, y muy alto en la lista. No sé si os lo había dicho (seguro, porque yo digo muchas cosas):
fuera de mí ocurra
que atraviese las fronteras imposibles
que te lluevan encima las flores que me gustan
que la luz se reserve una tarde
para pasear conmigo y se ponga tan guapa...
que me conozcas un día y sea yo
que aparezcan los papeles que no buscaba
que venga el campo a verme a mi cuarto
que se caiga el desierto de mis bolsillos
y lo pierda para siempre
que todas las ventanas se queden abiertas
que se me conceda un poder místico
como escribir cartas que es hermoso y necesario
que una noche se apague el flexo de un joven
y no nos escriba más versos que los cante que los cante
que navegue por el río el trineo
mientras yo los miro arrastrando te quieros
que nazca entre las murallas otra flor inservible
que el que camina encuentre la salida del parque
que se haga el silencio y el misterio
que te des cuenta que me quieres
o que no necesite yo quererte"
Pasos sobre el puente de Brooklyn
El día después de la fiesta

Construí una casa azul, junto a un lago lleno de esmeraldas. Eso dice Hilario en mi ordenador, mientras corrijo fotos de la gran fiesta de ayer. What a band, what a night! que decía McCartney en el Concert for George. Llenamos Bravo Sevilla de amigos, chuches, globos, y una tarta. Y el relámpago eterno de la buena música. Qué se puede pedir más, qué, si después de guardar la Stratocaster aún brilla en mis ojos la ola del público entregado a nuestras palabras, a nuestros acordes. Si aún resuena en los oídos el coro imposible de voces arracimadas como globos de la fiesta, juvenil, dispersa, ligera como el champán. Si la carretera se extiende delante de nosotros, como un grito de imprevista juventud al aire libre, de noche abierta en los acordes plenos, de amistad y triunfo. De sudor y de esfuerzo convertido en belleza, en el abrazo final del último bis. Porque a un sueño qué más se le puede pedir. Un sueño con los ojos abiertos, en el pleno día de los proyectos nuevos. Dios salve a Los Walkman, y que los demonios oscuros de la carretera no prevalezcan contra nuestra furgona, que corta el viento en la autopista de la última madrugada. La última, por ahora.