Soy todas las personas

En el siguiente enlace, antes del video, sale un anuncio de Orange que firmarían Borges y Miguel d'Ors. Ah, la publicidad...

La dormición del blog

Hoy se debatido intesamente sobre los blogs como género literario, en una mesa redonda organizada por la revista Númenor. Ha sido en el salón de grados de la Facultad de Derecho de la Hispalense (sí, ya sé que debería haberlo avisado antes).

Adaldrida dice –y se equivoca– que un blog, si pasan los días y no hay entradas, se muere. No. Algo tiene de vida latente, de expectación amorosa, entrar cada día y ver esa última entrada, que nos invita a pensar aún más, de otro modo, otra vuelta de tuerca. Y además, imaginad un blog que se quedara parado, pero que ya hubiera cumplido añitos (ni sé cuántos tiene éste). Alguien que, googleando, lo encontrara, por una búsqueda cualquiera, podría sentir fascinación por lo que allí lee. Y empezaría a dar marcha atrás, en la línea del tiempo, leyendo el blog completo, con sus comentarios. Sería, a lo mejor, un viaje apasionante, el descubrir que, después de todo, no había estado solo todos esos años, sino que allí se tenían interesantes conversaciones sobre los temas que precisamente a él le gustan. Allí encontraría un mundo completo que explorar, un mundo inquietante en su abandono y letargo, pero testimonio de vida. Como en ese relato de las Crónicas Marcianas de Bradbury, en que llegan a Marte y se encuentran una réplica de la tierra, con sus edificios emblemáticos, sus ciudades, sus desiertos... pero vacíos. En algún momento se fueron.
Cierto día, siente la necesidad de dejar un comentario, en una entrada de hace años. El autor recibe el comentario, y esto le anima, y le contesta, y entran otros (reader funciona), y así. Y de repente, el blog despierta. No estaba muerto, estaba, como nuestros ordenadores, en reposo.

Y ahora, una fotito.

Liberal, pero...

Demasiado individualismo –y mira que me duele decirlo, como liberal– también puede matarnos. El hombre es un ser social, es un ser abierto a otros, esencialmente, y si esto es oscurecido, estrechado hasta llegar a decir con encomio “vivía para sí mismo”, llegamos a un ahogo, a una asfixia del ser. Sucede, sin embargo, que estas diatribas anti-colectivistas se entienden si enfrente, o por encima, se tiene un poder que quiere convertirnos en borregos, y aborrece la distinción, la excelencia y la individualidad. Pero en términos generales, históricos, son los pueblos, las culturas enteras (esa solidaridad entre las generaciones) las que han creado las grandes obras: el pensamiento occidental, las catedrales, la ciencia moderna, el cine, la música barroca y la de Star Wars. El genio particular pone su chispa a un haz de leña apilado por una multitud, por un clima, por un época, que no se ha creado sola.

Esto es lo que Gary Cooper me ha hecho pensar.

Van llegando a la fiesta...

Sí señor. Allá en la E.G.B., entre jardines –mientras los compañeros jugaban al futbol sobre el ardiente albero–, paseábamos Antonio Javier y yo. Él me hablaba de Nietzsche, yo le hablaba de Jim Morrison. No entendíamos gran cosa ninguno, pero nos unió la amistad de la música y los libros, de la pintura y las conversaciones. Más tarde empezamos a hablar de Dios, etc, discutiendo sobre si la creencia religiosa no era un modo de eludir el miedo a la muerte. Yo le concedía que sí, que podía serlo, pero que el testimonio de personas entregadas y gozosas era contrario a esa idea. Para miedo a la muerte, una religión sacrificial de conceder unas horas o unas ofrendas, y luego a vivir. Pero la entrega completa de la persona, el sumergirse de lleno en el objeto de su esperanza, era testimonio de realidad. Discrepaba él, daba un brochazo a un lienzo, tocaba la guitarra yo, terminó la E.G.B, nos dispersamos...
Pero prosigue la interminable conversación.