Mi marido me pega

¿Recuerdan el gag de Martes y Trece de "mi marido me pega"? Entonces se partía de risa todo el mundo; ahora habría provocado la dimisión del director de TVE, y la cancelación del contrato del dúo humorístico. Pero no hace ni quince años, e, insisto, a todo el mundo le hacía gracia, sin que por eso fueramos todos partidarios del maltrato. Es un brusco cambio en la opinión pública,y es un cambio a mejor, pero que tiene un inconveniente: el efecto péndulo. Por ejemplo: en una serie de televisión de Canal2 Andalucía, vi una escena (supuestamente, de humor) en que a un chaval le pegaban dos o tres muchachas; mientras le pateban -él en el suelo, aunque no se le veía, era elíptico- sonaban risas enlatadas. A mí me dejó pasmado, porque, si en la misma ficción humorística, se le pegara una torta a una chica (como en las pelis americanas de los 40), clausurarían la serie. Otro ejemplo, pero este de abuso sexual: un anuncio de un coche, que ponen en la tele, en que una chica que llega a una fiesta, con gesto satisfecho, le palmea enérgicamente el culo al aparcacoches-portero. A mí, personalmente, no me ofende, pero ¿dónde está la tan cacareada igualdad?

Dos perlitas

"Disfrazado de "consideración" por el otro se esconde el "desinterés" por el otro". (Juan Ignacio, en Rayos y Truenos, hablando de la nueva pedagogía de "lo espontáneo")

Enrique García-Máiquez, en un prólogo aún inédito a un libro de Chesterton, refiriéndose a lectores contemporáneos y relativistas de las obras de aquel, dice:

"Sus opiniones les parecen discutibles, que es su extraña manera de no discutirlas".

Una va encontrando sus miguitas de pan por todas partes. Preguntando se llega a Roma, dicen. ¿Y qué es nuestro interés en los blogs ajenos, sino una pregunta continua?

Según dicen los cuentos


Una lectora de mi blog (que no es la mujer de Enrique) inaugura otro con muy buena pinta. Me encanta esta costumbre, que tiene también Breo Tosar, de escoger cada día una cita o un cuadro (que es una cita visual), para alimentarnos poco a poco, con miguitas de pan.

Y el rastro de migas de pan nos llevará a algún sitio, según dicen los cuentos.

Una historia puñetera


No, pese al título, esta entrada no va de España.

Siguiendo el rastro jocundo de Adaldrida, he recordado una de esas Historias puñeteras, de Vizcaíno Casas, libro de anécdotas verídicas de los juzgados. Lo de puñeteras era por las puñetas de los jueces, esa prenda de vestir que dio lugar al dicho "hacer puñetas".

En un juicio celebrado en un juzgado muy pobre, de esos en los que nunca funciona la fotocopiadora, sucedió lo siguiente: el abogado defensor presentó como prueba exculpatoria un video de una cámara de seguridad. El problema es que en el juzgado no había ningún reproductor de video, y el tribunal no podía verlo, lo que era necesario para la aceptación de la prueba, como recordó la acusación. El abogado defensor se ofreció a traer el suyo propio de casa, con tal de poder "proceder al visionado". Así que el juez cerró la sesión convocando a las partes:


" Se reanudará la vista el próximo martes, a las 9:30. El Sr. Pérez prestará a este tribunal su aparato reproductor".

La Generación Blogg




Cada vez somos más, Amigos míos: Pablo Buentes, Ed Crane, Rocío-Adaldrida, Ale Martín...
Cuando se escriban los futuros manuales de literatura (cuyas hojas ya son brotes de jóvenes árboles), se hablará de varias etapas, como siempre. Estoy convencido de que habrá una llamada "La era digital de Númenor, o La Generación Blogg". Está naciendo algo que no cabe en la red, como no cabían aquellos peces del Mar de Galilea.

pesadillas


Borges aventura, no sé dónde, una inquietante hipótesis: ¿y si en las pesadillas estuviéramos "de hecho" en el infierno, colados por una rendija, y no fuera una ilusión tan solo?. A la luz de la teología escatológica, no es nada heterodoxo. Si el infierno es un estado de la mente (de cuasi-aniquilación), una pesadilla sería como un anticipo, o un aviso, o simplemente una muestra del Infierno que cada uno llevamos dentro. Gracias a Dios, despertamos. Y esto también es un símbolo, esperanzador.

Lecturas interruptas


"El pesado es el que te quita la soledad sin darte compañía", me dijo cierta vez un amigo.

De todos modos, me recuerdo a mí mismo en una feria de pueblo leyendo los aforismos de Leonardo da Vinci, en medio de las copas y las conversaciones gritadas. Y me avergüenza el recuerdo, pues, aunque no estaba posando, era un insulto a la jarana reinante. Ahí es donde hace falta la mujer que te ponga en tu sitio, y te saque a bailar. Esa mortificación sí que redime de la misantropía, que es un sentimiento que, aún teniendo razón, es malo. Chesterton comprendía a Nietzsche en su repugnancia de la masa humana. Pero le reprochaba que, en pos del Superhombre, se alejara de ella, en vez de acercarse más, como sería de esperar (en un Superhombre, al menos).

Es una tropelía interrumpir la lectura a alguien; así que no pongamos a nuestro prójimo en la tentación de cometer tal tropelía, leyendo en sitios poco propicios: ferias de ganado y salas de profesores.
Me imagino a Chesterton leyendo en un vagón de tren, y que le interrumpen... ¿A que le parecería mejor (ojo, no más interesante ¿0 sí?) charlar con el vecino -pesado, ruidoso, inconveniente: humano- que seguir con su lectura? Aunque su conversación a lo mejor abrumaba al paisano de tal modo, que este sacaba un periódico ( tabloid, of course) y se ponía también a leer. Y Chesterton seguiría leyendo a Shaw, riéndose convulsivamente mientras imagina cómo lo va a refutar.


(Variación sobre una conversación en Rayos y Truenos)

Mas allá de los mármoles paganos

Los campos Elíseos
Pablo García Baena
Pre-Textos, 2006

Cuando uno abre un nuevo libro de poemas de un autor de venerable edad, no espera gran cosa. Y esto sin ningún significado peyorativo, sino porque ya se han dejado atrás ese conjunto de poemas que forman la antología de una vida. Si acaso, el lector está dispuesto a sumar uno o dos más a la lista. No obstante hay excepciones; sin ir más lejos, Borges, que empezó a escribir su mejor poesía bastante mayor, y hasta el último momento de su vida.
Me parece que la Poesía Completa que tengo de Pablo García Baena, publicada por Visor, es de hace diez años. Fue un regalo -impagable- de José Julio Cabanillas, cuando el autor vino a Sevilla para un recital organizado por la revista Númenor, y recuerdo que a Enrique García Máiquez le sorprendió que me gustara García Baena, de tan intenso barroquismo y preciosismo expresivo. Descubrí lo que Luis Antonio de Villena llama en el prólogo “un poeta que concibe clásicamente la poesía como rapto. Como exaltación. Un poeta mago que transmuta en metal precioso cuanto toca”. Cansado de tanto prosaísmo -los del realismo sucio, o, al menos, desaseado-, me pareció deslumbrante aquello de “Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra, / ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas”. Y eso que yo no sabía lo que eran “las dríadas”. Pero sonaba tan bien, como a un Whitman mediterráneo, que me dejó encantado. El verso libre -y el falso verso libre- también me interesó notablemente, como desahogo del endecasílabo. La libertad expresiva, la carnalidad de sus motivos, de su adjetivos, la orfebrería de su léxico. Y que tuviera, en apariencia, tan poco que ver conmigo, pues es muy refrescante lo que no es propio, siendo bueno.
La lectura de este libro de García Baena no es, para mí, más que un recordatorio de lo que me gusta su poesía, un empujón a releerla. La primera sección del libro son estampas de viajes, de ciudades, que no llevan casi a ningún sitio. Al autor le llevarán, sin duda, al recuerdo de gentes, de amigos, de amores. Pero al lector nada más que le deja entreverlo, como un secreto contado a medias. Y se queda uno con ganas de ir a más. Pero la segunda, “Cuadros de una exposición” ya es otra cosa. Nada más que el poema que inaugura la sección, “Museo”, vale un Potosí, en su sencillez. No es preciosista, ni barroco, ni decadente:

“Había un vaso con lilas,
pintadas, goteantes
en aquel vaso de la Frick Collection.
No era las que compraba
mi madre, recién alba,
en el Huerto de Cobos.
Más olían a infancia y a pupitre,
abriendo alguna puerta
a ese país secreto, amargo y dulce.”

Este es uno de esos poemas que se pueden sumar a la antología personal. A partir de aquí, García Baena se dedica a eso: a entreabrir puertas, desde el marco de los cuadros. En “Virgen con un cesto de frutas” hay una intensa súplica final: “Acéptalos. Acéptanos”. En “Un cuadro de Antonio del Castillo”, siente el poeta “dulce y triste el peso de la culpa”. Es el tema de la culpa y la expiación, del mundo como sacrificio, tan propio de García Baena en toda su obra. Véanse los poemas “Ceniza” o ”Corpus Christi”, o tantos otros. (“Estás llamando, Señor, a la puerta de mi frente...”). Esa visión no nos la ofrece Luis Antonio de Villena en el prólogo citado, sino que sólo se fija en la sensualidad, en el rapto. Pero es verdad que un poeta sólo ve en otros poetas lo que puede ver, pues mira a través de sus lentes, de sus intereses vitales.
Y ahondando en lo religioso, un poco más adelante, entramos en la sección “Oratorio”, en que, aparte del gusto estético por conventos, monjas, y recuerdos de colegio de curas, aparece la súplica, la duda, la entrevista eternidad. Es espeluznante el poema en que, tras anotar el encuentro con un mendigo (que invoca a Cristo), termina así: “Tuve miedo en la noche, por si fuera / el Cristo mismo, ebrio, quien me hablara, / y lo negué tres veces.” Bastan estos versos para recordar que Pablo García Baena es un poeta eminentemente religioso, con una aguda conciencia de la necesidad del hombre, de la búsqueda de lo absoluto.
Sabemos que casi nunca es gratuita la posición de un poema en un libro, sobre todo del primero y del último. Se puede advertir una intención, si nos fijamos en que Los campos Elíseos empieza con un poema sobre tema musical, de ambiente nocturno y disoluto, (“Los músicos esclavos desanudaron sus corbatas de lazo...”), y termina con un tremendo poema a la Vírgen, “Arca de lágrimas”, de los que habría que antologar. Y también es una súplica -“ayúdanos, Altísima”-, que agradecemos que escribiera en plural.
(publicado en poesiadigital.es)

Reforma y Contrarreforma


La fractura de Occidente ¿es culpa de las naciones reformistas, de Lutero, del Papa con sus ejércitos, o de la Iglesia por no haber cogido el toro por los cuernos a su debido tiempo?

Uno de los efectos positivos de la Reforma es la herida que causó a la prepotencia papal, que, aún contrarreformando -es decir: reaccionando-, ya no sería lo mismo.

“¿En dónde consta que el tema de la salvación debe asociarse únicamente con las religiones? ¿No habría que abordarlo, de manera mucho más diferenciada, a partir de la totalidad de la existencia humana? ¿Y no debe seguir guiándonos siempre el supremo respeto hacia el misterio de la acción de Dios? ¿Tendremos que inventar necesariamente una teoría acerca de cómo Dios es capaz de salvar, sin perjudicar en nada la singularidad única de Cristo?”.

De “Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo" de Joseph Ratzinger.

¡Anda que no hay distancia entre este texto y el símbolo atanasiano (quicumque)*!:

"1. Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la fe católica.
2. Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente.(...)"

Esa distancia, ese esfuerzo de la teología por pasar de una posición de poder a ser un servicio al hombre (la teología es la verdad eterna traducida al lenguaje de cada tiempo, que decía Balthasar), es posible gracias a un proceso que comienza con el Cisma de Lutero, que puso el dedo en dolorosas llagas, aunque fuera un fanático (antisemita por cierto). Es sospechosamente simple ese planteamiento de: Reforma-los malos, Contrarreforma-los buenos, que sacaron algo de bien de ese mal, porque Dios estaba de su parte. Omnia in bonum, etc, y todos tan contentos.

Desde el punto de vista de la Teología, la dicotomía Fe-obras (el nervio del Cisma) es de gran provecho para nosotros, pues nos recuerda el continuo peligro de cosificación de la Fe, de cuantificar el Bien: a más obras buenas (limosnas, jaculatorias, ratos de oración), más Gloria futura. Olvidando que "misericordia quiero, y no sacrificios". Y también lo de Chesterton: "Dios sólo sabe contar hasta uno".

Y la unidad de Europa (incluso de España) no es un bien absoluto, que pueda medir la bondad de una reforma en la Iglesia. "Un sólo Señor, una sola Fe" no significa "una misma comunidad cultural". Aunque entiendo que, teniendo al Turco levantisco, se añore un poco de espíritu cruzado. Joaquín Moreno apuntaba una gran verdad: "Mientras la Iglesia sea crisis, se sienta amenazada, o tenga la sensación de tener que empezar de nuevo, las reformas necesarias podrán irse resolviendo en ella con cierta puntualidad, como en los Hechos." Lo peor para Pedro es recordar de continuo que se le confió el rebaño, y olvidar que Le negó tres veces.

------
* y que se reza el tercer domingo de cada mes, en latín, en todos los centros del opus dei.



(Fragmento de una conversación en Rayos y Truenos)

Jacarandas



Para mí la jacaranda es el equivalente visual del olor del azahar. El azahar es fuerte y empalagoso, embriagador, llega de repente cierto día de la primavera, todavía temprana, y ¡paf! la remembranza porque sí, sin aviso, de todas las primaveras pasadas, recopiladas en un solo golpe de aroma. Se junta en un momento aquella niña de quince años que nos besó (por especial gracia de la vida), con los dolores adolescentes del corazón, con la primera vez que leímos a Cernuda, con... Es soportable porque dura poco.

La jacaranda es lo mismo, para los ojos. Y menos mal que dura poco, porque esta sensación de estar viviendo en el Paraíso, y saber que aún no lo habitamos, no nos deja trabajar, ni estar tranquilos. Es como una carta que nuestra vida nos envía, y que estuviera escrita en un idioma desconocido, aunque sabemos que deberíamos entenderlo, que una vez lo hablamos.

A final de mayo se habrán caído sus hojas (de un color no previsto en el lenguaje), que alfombrarán como polvo de tiza las aceras, y podremos, pisando sobre ellas, seguir con nuestra vida. Hasta el año que viene, D.M.

Natalie Portman y la llama de amor viva.


¿Porqué he ido a ver V de Vendetta, Dios mío? Mira que me dije que el corazón es frágil, aquella vez que fui a ver la secuela de Star Wars, y de hinojos la adoré. (Amidala, mi Reina, de nocturna belleza, la galaxia en tus ojos). Ay, Enrique, qué dolor esta herida que se abre y no para. Si Cirlot la hubiera visto, en vez del ciclo Bronwyn tendríamos el ciclo Evey.

El viejo reforzamiento de la Fe vuelve a renovarse: si esta criatura es imagen y semejanza del Creador (de un modo que no sabemos), ¡Alaben al Señor todas las costas, todos los hielos solitarios del océano, la tabla periódica de los elementos, los vertebrados superiores y las cadenas genéticas! Que un no sé qué que quedan balbuciendo resuena en el Universo (con V de Vendetta), ante mis ojos perplejos, ante mi corazón arrasado
"que en las orillas destruidas grita" (J.E.C).

Lo que dijo el poeta al simio:


Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.
(Miguel d'Ors)