LOS PAPELES DEL SITIO

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Ya le he encargado a Abel los tres títulos que no tengo -es decir: todos menos el de Chesterton, que tuve calentito. Qué festín me voy a dar, cuando me lleguen. Compren, compren, regalen, acaparen para los Reyes Magos, que son ediciones especialísimas y, como gustan de decir los anunciantes, "exclusivas".

Es un consejo de Jesús Beades.

Acaparando

Juan Luis de Soria, tan graciosillo, me envía este poema dedicado:


"REPROCHA A UN COLEGA, QUE ES POETA Y A LA VEZ
MÚSICO, SU MUCHO ACAPARAR.


Decídete por fin, genial Beades,
si empuñarás la pluma o la guitarra.
Áureo Parnaso o público de barra
para cantar tus dos o tres verdades.

Con esta desazón llegaste al Hades,
que bien lo sabe el que estos fechos narra.
Ya d’Ors te escribe desde su Navarra:
“Entre dos aguas, hijo, nunca nades.”

Quieres llevarte dobles los honores,
bebiendo en sendas copas igual vino,
aunque también dos veces sinsabores.

Clapton o Lope, coge tu camino.
No se puede servir a dos señores
sin ver mudarse el tono en desatino."

A continuación adjunta esta cita, para más INRI:

“El hombre no tiene una sola y única vida,
sino muchas, enlazadas unas con otras,
y ésa es la causa de su desgracia.”

(Chateubriand)

Encuestas

Y en este mundo estadístico y democrático, no podía faltar la beadesencuesta: a la derecha de su pantalla verán una serie de preguntas tendenciosas, que pueden ustedes contestar. Es gratuito.

Llamaradas

¿Te quebraré, varita de avellano,
te quebraré quizás? ¡Oh tierna vida,
ciega pasión en verde hervor nacida,
tú, frágil ser que oprimo con mi mano!

Un chispazo fugaz, sólo un liviano
crujir en dulce pulpa estremecida,
y aprenderás, oh rama desvalida,
cuánto pudo la muerte en un verano.

Mas, no; te dejaré... Juega en el viento,
hasta que pierdas, al otoño agudo,
tu verde frenesí, hoja tras hoja.

Dame otoño también, Señor, que siento
no sé qué hondo crujir, qué espanto mudo.
Detén, oh Dios, tu llamarada roja.

(Dámaso Alonso)

Riders on the storm

Enormes relámpagos, truenos que surgen de los infiernos, tierra polvorienta y alborotada, esperando el agua a borbotones. Riders on the storm (y un indio americano baila en los sueños de Jim Morrison, y en mis trece años al salir de un cine). Bajamos las persianas y el ánimo se alegra. Hoy se inaugura, de verdad, septiembre, que irá desplegando su catálogo de estación: autobuses ceñudos, faldas a cuadros, libretas de estreno, proyectos relucientes. Fotos del verano, en la pantallita de la cámara digital, congelada en el messenger, y una nostalgia de siempre, como las antiguas fotos de carrete, común y sencilla, punzante y valiosa. Una hoja seca se eleva y se eleva, de tejado en tejado va, de farola en farola, de mi barrio hacia el centro, y más allá, al río... Dibuja su melodía de aluminio y musgo, inaudible para muchos, sobre los cables de la luz, que son los pentagramas de la noche, los márgenes del cielo diurno. Parece que fuera a ocurrir algo.

Excusas de adúltero

Soneto XLIII

Un signo tuyo busco en todas las otras,
en el brusco, ondulante río de las mujeres,
trenzas, ojos apenas sumergidos,
pies claros que resbalan navegando en la espuma.
De pronto me parece que diviso tus uñas
oblongas, fugitivas, sobrinas de un cerezo,
y otra vez es tu pelo que pasa y me parece
ver arder en el agua tu retrato de hoguera.
Miré, pero ninguna llevaba tu latido,
tu luz, la greda oscura que trajiste del bosque,
ninguna tuvo tus diminutas orejas.
Tú eres total y breve, de todas eres una,
y así contigo voy recorriendo y amando
un ancho Mississippi de estuario femenino.


(Pablo Neruda)

Temprano

"El secreto para gobernar el mundo es levantarse temprano", leí en algún lado. Nunca he tenido tan claro que no me interesa el poder.
Asciende hasta mi séptimo y soñoliento piso el sucio brumbrúm del autobús, y un color morado desvaído -que va tornándose "vaído"– recorta los bloques de enfrente, las casitas bajas, la Giralda al fondo, entre una bruma que me parece que está en mis ojos. En efecto: el mundo aparece al otro lado de las legañas. Agua fría como terapia de shock -bueno, no tan fría: la vida de aprendiz de asceta queda muy atrás-. El café avanza por las arterias, pero aún no ha despabilado todas las células; ha llegado, por ejemplo, a despertar las ganas poéticas, pero aún no ha despertado a la inspiración. En general, como autor, no me pasa otra cosa.