18 de mayo de 2007
El Plantinar (o Conservador II)
Los naranjos de mi barrio -de mi barrio de antes, el de mi primera juventud- siguen montando guardia en torno a las muchachas de la primavera. Ellas pasan, altivas, con su coxis tatuado, con su piercing de pueblo y sus maletas de piso de estudiante. Pasa después su aroma, endulzando el ambiente, y Pablo y yo nos miramos, frente a la cerveza, y no decimos nada. Los naranjos guardan silencio también, comprensivos, dan su aroma también, generosos. Son ya muchos años conociéndonos, Pablo, los naranjos, la bodega Peinado, el balcón de mi casa, la calle habitada de estudiantes con maletas, los naranjos que escoltan nuestro silencio. Hay un retorno digno de respeto en esta cadencia de aroma, silencio, pasar y permanecer. Sólo por mi barrio soy conservador, sólo por esto no soy del todo liberal, y no quiero que las leyes del mercado arrasen estas casas y pongan otro centro comercial. Blandiré, si es preciso, la espada de Adam Wayne en Notting Hill, y dándome el gusto de contradecirme, caeré defendiendo este universo, el barrio del Plantinar, las cosas que merecen conservarse. Y Enrique García-Máiquez acudirá a mi llamada, con su flota porteña que remontará el Guadalquivir, luego el Nervión, y juntos tomaremos unos vinos, antes de la batalla.
11 de mayo de 2007
Terapia del saxo tenor
Stompin' at the Savoy. El saxo de Ben Webster, como todo tenor de jazz clásico, baladista a ratos, bigbandero a veces, es un sonido que calma, toque lo que toque. El registro del tenor opera en la sensibilidad como la voz de un locutor de radio, de esos graves, varoniles, y aparentemente serenos, ligeramente displicentes -al modo de Carlos Herrera-. Con una punta de iceberg de ironía, y un abismado territorio de melancolía y callejones rancios por debajo. Es una terapia recomendable: pones el disco, no le prestas mucha atención, chateas, blogueas, y poco a poco su discurso se abre paso entre los nervios, con su voz de terciopelo y cobre y su poesía de latón y oro. Entonces estás en la antesala de una revelación, que nunca se produce. Pero regresas a ti mismo y a tus cosas, con algo más de cariño en la voluntad, con algo menos de cemento en el oído. Y vuelas más libre, y no te explicas cómo.
10 de mayo de 2007
El jazz de la tarde
Una vez me dijo una persona que el jazz era algo nocturno, de locales con humo denso y, como decía un contrabajista, "rubias ezuberantes (me cagüenlamá, que zoy cazao...)". No entendía que yo madrugase y me gustasen Coltrane, Bird, Mingus.
En el momento que recuerdo esto son las ocho y cuarto de la tarde, -qué día más bueno, cómo pica el sol-, y mi atardecer de manga corta y calzoncillos -holgar dulce holgar- tiene a Dave Brubeck sonando, con su cuarteto, y los compases nos abren más la tarde, un último tramo, como una flor que pronto se cerrará.
La belleza también madruga, me digo. La belleza es para todas las horas, me digo también. Y el silencio es preludio, escucho no sé dónde, más allá del despacho, cuando ya en el salón ha parado la música, y la flor se está cerrando, serena, calladamente, sobre el balcón de mi casa.
En el momento que recuerdo esto son las ocho y cuarto de la tarde, -qué día más bueno, cómo pica el sol-, y mi atardecer de manga corta y calzoncillos -holgar dulce holgar- tiene a Dave Brubeck sonando, con su cuarteto, y los compases nos abren más la tarde, un último tramo, como una flor que pronto se cerrará.
La belleza también madruga, me digo. La belleza es para todas las horas, me digo también. Y el silencio es preludio, escucho no sé dónde, más allá del despacho, cuando ya en el salón ha parado la música, y la flor se está cerrando, serena, calladamente, sobre el balcón de mi casa.
8 de mayo de 2007
FNAC y penitencia
Por fin hemos ido a la FNAC. Después de un recital cuasi-humorístico en el Ateneo -Excelentísimo y de Sevilla, sí, pero el recital fue cachondo, gracias a Juan Luis de Soria, y a Rocío Arana-, nos encaminamos a la gran tienda recién inaugurada, cual limaduras de hierro hacia un poderoso imán. Libros, discos, tecnología puntera, más libros y más discos, o sea, la tienda pensada para arruinar mi cuenta corriente -y tan corriente-. Al fin sólo compramos un par de pelis clásicas, unos disquitos de jazz y un libro de Auden: Canción de cuna y otros poemas.
Al salir de la FNAC, todavía más mayo y más temperatura del Edén, Erasmus ojiazules con los dedos de los pies pintados de rojo, y ciclistas urbanos, y vámonos que nos vamos de los 100 Montaditos para el coche, en San Pedro. Pero antes, claro está, parada regulatoria en El Salvador, escalones y cerveza con un fondo anochecido, y hay que ver lo tarde que es, y mañana me tengo que levantar etc, y mira mira ése que tío más raro, y a ver si lo repetimos.
En Sevilla, en verano, con no pegar de gravedad, es bastante. Eso decía Teresa de Jesús (antes de ser santa); en mayo todavía no se aplica este lema, pero, con no gastar en exceso, con no dormir demasiado poco, debe ser bastante. Y el poquito pecado venial -no sé, molicie, pereza, ligera concupiscencia ocular- , se borra -me lo ha dicho Juan Luis de Soria- escribiendo una entrada en el blog. Y él sabe de penitencia.
Al salir de la FNAC, todavía más mayo y más temperatura del Edén, Erasmus ojiazules con los dedos de los pies pintados de rojo, y ciclistas urbanos, y vámonos que nos vamos de los 100 Montaditos para el coche, en San Pedro. Pero antes, claro está, parada regulatoria en El Salvador, escalones y cerveza con un fondo anochecido, y hay que ver lo tarde que es, y mañana me tengo que levantar etc, y mira mira ése que tío más raro, y a ver si lo repetimos.
En Sevilla, en verano, con no pegar de gravedad, es bastante. Eso decía Teresa de Jesús (antes de ser santa); en mayo todavía no se aplica este lema, pero, con no gastar en exceso, con no dormir demasiado poco, debe ser bastante. Y el poquito pecado venial -no sé, molicie, pereza, ligera concupiscencia ocular- , se borra -me lo ha dicho Juan Luis de Soria- escribiendo una entrada en el blog. Y él sabe de penitencia.
7 de mayo de 2007
Se hace saber
Hoy lunes 7 de mayo, a las 18:00, recital en el Ateneo de Sevilla (c/Orfila), por parte de Rocío Arana y un servidor.
6 de mayo de 2007
La cercanía del mar
"Un buen verso debe comunicar un hecho preciso, y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar", escribió el bueno de Borges. Vengo de la gaditana playa de La Barrosa, en Chiclana, y no he leído más que unos versos del Purgatorio de Dante, con el párpado caedizo y por hacer el gesto antes de dormir. Tampoco he escuchado música, aunque he tocado la guitarra durante varias horas. Como no funcionaba la lámpara, la tarde fue cayendo en torno a la guitarra, hasta que no veía mis manos siquiera. Al final, vi la una estrella ¿Venus? por el ángulo mínimo de la ventana. Le cambié las cuerdas a la acústica, y, como siempre, me pregunté por qué no lo había hecho antes. Tocar la acústica con las cuerdas nuevas es como fumar una pipa limpiada a fondo, o estrenar unos botines chulos o acabar de ducharse sin prisa. Todo suena mejor, todo se ve mejor. La cercanía del mar también coopera, porque el mar no tiene memoria, y en cada ola empieza un nuevo ciclo, una revolución que muere en su propio instante, y que es buena por sí misma, es un acorde simple y nítido. El estado de ánimo mejor. No tengo hechos precisos que comunicarles, lectores de mi blog, y no he escrito un buen verso. Pero, al menos, que la cercanía del mar nos siga tocando físicamente. Por muchos años.
2 de mayo de 2007
La Fe simple
En un capítulo de Friends se planteaba, con mucha gracia, la siguiente aporía: si hacemos un acto bueno, y esto nos hace sentir bien "con nosotros mismos", el acto ya no es desinteresado, puesto que lo hacemos para sentirnos bien. De inmediato, tras la gracia de la idea, acude la inquietud; pues no le falta razón. Pero por el otro lado se llega a la inaceptable conclusión de que sólo son actos buenos los que nos desagradan. Este tipo de círculos viciosos son un muro al que llegamos a veces. Es como aquel caso de los diablos de Lewis, en que el "paciente", en la oración, cae en la cuenta de que está siendo más humilde, y entonces piensa "vaya, si caigo en la cuenta ya no soy humilde". Y vuelta a empezar.
Entonces es cuando aparece, nítida, directa, la función de la Fe como confianza simple, de amigo, de amante, sin más. "– ¿Es bueno esto?" (una obra de caridad, de misericordia, de justicia) "– Tiene que serlo. Lo dice el Señor, y Él nunca miente".
Entonces es cuando aparece, nítida, directa, la función de la Fe como confianza simple, de amigo, de amante, sin más. "– ¿Es bueno esto?" (una obra de caridad, de misericordia, de justicia) "– Tiene que serlo. Lo dice el Señor, y Él nunca miente".
Conservador
La labor regeneradora que debe hacer un conservador -para sí mismo, en primer lugar-, es considerar qué cosas merece la pena conservar. Que es siempre un viaje al centro... de las cosas, y de uno mismo. Y en este viaje, van cayendo los ídolos uno tras otro o, al menos, son desenmascarados.
30 de abril de 2007
Barrio
Ante el horror de tantas cosas, por el telediario, escuchadas en el ascensor, sentidas dentro no sé sabe por qué, objetivas, subjetivas, recalcitrantes, mudas. Ante la ola que parece llegar y anegar los campos y enterrarnos. Ante los crímenes del mundo entero, que dice el Adoro te devote que limpia Jesús, el Pelícano. Ante lo que sea que nos quiere aplastar, esta belleza. No la Belleza como abstracción, sino estas paredes desconchadas de un barrio a las afueras (verso robado a Cabanillas), estos niños jugando con la pelota recién ganada en la Feria de Abril. Estos abuelos que corren, los pobres, tras las pelotas ganadas en la Feria, estas muchachas que nacen de la espuma de mi barrio, cual Venus de dieta del pomelo y piercing de plata del mercadillo. Este atardecer que se repite y repite, siempre distinto, como la canción que hemos escuchado mil veces y aún nos gusta, y que pasó del casete al cd y ahora al ipod. ¡Hazlo otra vez! le dice Dios al sol (frase robada a Chesterton). Esta vieja amiga que nos roza la mano, esta belleza, que se adelanta un paso, que dobla la esquina, y deja en el aire del abril vencido un rastro de colonia fresca, de baño, quizá de niño. Nada muy arreglado, que para ir al super no hace falta.
26 de abril de 2007
El balcón
Tengo un primo, muy largo y espigado y muy juerguista, y que cada vez que nos vemos me da dos recios besos de primo, que dice que él es "millonario de amores". Yo, por ejemplo, soy millonario de palabras. Mi balcón es rico también, en atardeceres. Hay pisos fastuosos en el íntimo Nervión de mis veranos, áticos deluxe en plazas céntricas y acogedoras, como la del Museo, altos rascacielos de cristal y equipos de alta fidelidad (o infidelidad). Y casas en las afueras, de profundas raíces, como la de mi amigo Toi y su familia plena (también millonaria de amores), que me dan una envidia absoluta. Pero el balcón de mi casa actual tiene atardeceres inagotables, que siempre han confluido en mí como un Blade Runner sevillano, y el Love Theme de Vángelis se alza desde las "casas bajas" del barrio de Juan XXIII. Entonces, el Aljarafe en llamas me avisa de que debo ponerme el pijama, ir empanando los filetes de la cena, encender la tele (y bajarle el volumen). Luego, la noche desmontará el atardecer y lo guardará en su caja, y nos sacará un par de estrellas -los urbanitas no tenemos derecho a más- como una nota al final de un capítulo: continuará mañana.


(Fotografías: un servidor, con la cámara digital tamaño cajita de rapé, de mi amiga Mamen)


(Fotografías: un servidor, con la cámara digital tamaño cajita de rapé, de mi amiga Mamen)
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