El jazz de la tarde

Una vez me dijo una persona que el jazz era algo nocturno, de locales con humo denso y, como decía un contrabajista, "rubias ezuberantes (me cagüenlamá, que zoy cazao...)". No entendía que yo madrugase y me gustasen Coltrane, Bird, Mingus.
En el momento que recuerdo esto son las ocho y cuarto de la tarde, -qué día más bueno, cómo pica el sol-, y mi atardecer de manga corta y calzoncillos -holgar dulce holgar- tiene a Dave Brubeck sonando, con su cuarteto, y los compases nos abren más la tarde, un último tramo, como una flor que pronto se cerrará.
La belleza también madruga, me digo. La belleza es para todas las horas, me digo también. Y el silencio es preludio, escucho no sé dónde, más allá del despacho, cuando ya en el salón ha parado la música, y la flor se está cerrando, serena, calladamente, sobre el balcón de mi casa.

3 comentarios:

Irene dijo...

Más bien diría que el jazz no tiene hora, ni tiempo, ni lugar. Si no ¿qué hacía sonando en tu salón “Take Five”, u otro, con Desmond al saxofón, a las 8 y pico de la tarde de un mayo de 2007?

Tu entrada – al menos para mí- es como un breve estándar/tema de jazz (que una buena interpretación lo convierte en especial); suena a jazz, huele a jazz, tiene alma de jazz. No termina en el punto final. De la misma manera que no terminó tu disco pues, aunque se parara la música, “el silencio se hizo preludio”...

¡Fantástico!

Jesús Beades dijo...

Tu comentario es un entusiasta solo de saxo sobre la armonía de este humilde estándar, ¡gracias!

irene dijo...

No, no. Gracias a ti por dejarnos "interpretar" tus temas.