Terapia del saxo tenor

Stompin' at the Savoy. El saxo de Ben Webster, como todo tenor de jazz clásico, baladista a ratos, bigbandero a veces, es un sonido que calma, toque lo que toque. El registro del tenor opera en la sensibilidad como la voz de un locutor de radio, de esos graves, varoniles, y aparentemente serenos, ligeramente displicentes -al modo de Carlos Herrera-. Con una punta de iceberg de ironía, y un abismado territorio de melancolía y callejones rancios por debajo. Es una terapia recomendable: pones el disco, no le prestas mucha atención, chateas, blogueas, y poco a poco su discurso se abre paso entre los nervios, con su voz de terciopelo y cobre y su poesía de latón y oro. Entonces estás en la antesala de una revelación, que nunca se produce. Pero regresas a ti mismo y a tus cosas, con algo más de cariño en la voluntad, con algo menos de cemento en el oído. Y vuelas más libre, y no te explicas cómo.

6 comentarios:

Bukowski dijo...

Ge-nial. A ver si hacemos peliculita este finde.

Irene dijo...

Todo un clásico. ¡Proemazo!
Sí señor, ge-nial.

Carlos RM dijo...

Genial, sí. Proemazo, también. Y gran título. Me apunto a la terapia del saxo tenor: por volar más libre, simplemente...

suso dijo...

Escuchamos lo que somos. Cuentan de dos amigos que paseaban por una peatonal muy transitada de gente. Uno vivía del campo, el otro era urbanita. Derrepenete, el de campo para en seco, se acerca a una rendija entre dos ladrillos y le hace observar al otro :¡ mira, un grillo!.

El amigo, alucinado de que pudiera escuchar en medio de aquel guirigay el canto de un modesto grillo, le dice " ¿ cómo lo has conseguido oír con este follón?"...El de campo saca una moneda de diez céntimos de euro y la tira al suelo y,¡ oh casualidad!, quince cabezas se giran a mirar la moneda!.
El saxo de Ben Webster es el grillo en le cemento de nuestros oídos urbanos.

Irene dijo...

"Escuchamos lo que somos." Qué frase tan buena, Suso. No la olvidaré.

AnaCó dijo...

¡Me ha encantao! Probaré la terapia, eso de volver a tus cosas con más cariño en la voluntad, es una receta nada despreciable.