Nota bio-bibliográfica

Antología de poemas

De Tierra firme (2000)


ÁLBUM

Mira cómo nos miran
las figuras que somos en las fotos,
en fin de año, feria, recitales...
Esos grandes momentos que fueron, y que son
ya sólo unas escenas de un recuerdo.
De todo eso me queda este álbum
de fotos, un rumor de ecos, vasos...
Y también
la extraña sensación de estar viviendo
en una foto que veré algún día.



POEMA DE ADIÓS

Tu adiós sonó como un disparo
que dispersa palomas por un cielo sin nadie.
Tus palabras tenían un sabor de llovizna
que mis labios conocen, y es amargo y remoto.
Sé que hacerse mayor es irse despidiendo
de todos los paisajes como quien va en un tren.
Decir adiós, adiós... me pregunto esta noche
qué rara bienvenida nos espera
cuando se abra la puerta que el poema entreabre,
cuando no quede nadie a quien decir adiós.



MI TIEMPO

Felices esos hombres de todas las edades
menos del siglo XX. Felices neanderthales
de greñudas mujeres y horizontes con bestias,
ajenos a la urbe. Felices pueblos celtas
de costumbres sencillas. Felices medievales
con su azur y sus arcos disparando certeros,
con sus aguas umbrías y sus torres de piedra.
Felices humanistas de vida cortesana,
de corros filosóficos y charlas bizantinas.
Felices y aguerridos los soldados
de todas las edades menos ésta,
confusa, detestable. Felices todos.
                                                       Pero qué
desgraciados. Nunca oyeron
el jazz de Charlie Parker desgarrando la niebla
con su propia penumbra,
ni leyeron los versos de Neruda una noche
de estrellas encendidas, ni supieron jamás
de Frodo por los valles ni de Chesterton
deshaciendo la sombra con tres palabras justas,
ni vieron a Juan Pablo II atravesando
el siglo con los hombres como un nuevo Mar Rojo,
ni pudieron ver nunca,
                                    oh desgraciados,
tu mirada solar, tus manos de hilandera
prodigiosa, ni saben del calor
que tiene tu cariño cuando enciende
mi pobre corazón contemporáneo
al hablar por teléfono.



De Centinelas (2003) 


LAMENTOS A LUSCINDA

No acostumbro a beber cuando estoy triste.
Sin embargo, esta copa la levanto por ti,
en esta noche sórdida, por común y aburrida.
Pasan las nubes lejos, rápidas como años.
No sé si un Neverland las espera y acoge.
Es un país de plata y de llovizna
sin tristezas, ni adioses, ni más tópicos.
Qué horror. Siempre los tópicos. El Triste,
me podrían llamar (como a Cirlot)
mis bravos compañeros. Escribiente de nada.
Dime, amiga ¿sabrías tú decirme
dónde está El Dorado? ¿Dónde algún paraíso,
una isla pacífica, unos brazos de hogar?
Tus brazos servirían, tu cariño de siempre.
Qué mierda esta tristeza, sin embargo,
que lo confunde todo. Dime, ¿fingirías por mí,
una tarde, un ratito, que el mundo es todo brisa,
brisa pura sin dientes ni cuchillos,
que me quieres, y nada se interpone?
Pero es pedirte mucho, ya lo sé.
Qué pena que me quieras, que te quiera,
y siempre falte algo, sobre algo, huya algo,
y este lodazal con sus espinas, o sea, mis pecados,
y la trinchera sórdida, quiero decir: la noche.
No debiera beber cuando estoy triste.
No estoy acostumbrado. Fíjate lo que ocurre.




LA PASIÓN SEGÚN BACH
   
su Majestad la Muerte viene hambrienta
aquel levántate y anda fue una gran bofetada
sí maldita Betania malditos sus amigos
que no hacen sino nacer de nuevo a cada paso
que no hacen sino lanzarse a Sus Ojos sin término
pero esta vez sí esta vez será diferente
tenemos una cruz un perfecto patíbulo
que ni el Hijo del Hombre escapará
INRI
esa es la palabra
Mateo toma nota y el maestro barroco pone música
a la muerte infame del Maestro
los oboes son pájaros cantores
delicados frutos de la creación que lloran al Creador
las flautas son los sauces que lloran al Redentor
los contrabajos surgen de la tierra
remueven los sepulcros por obra del Espíritu
los violines parecen construidos
con cabellos de ángeles arco iris finísimo
que vienen a consolar a la Inconsolable
la Hermosa la Reina de todos los llantos María
Kyrie Eleyson
maldita sea este Dios no se deja
crucificar sin más se obstina en redimir el universo
legiones de mártires vírgenes amas de casa funcionarios
negros rojos blancos atraviesan la cruz
el infinito se abre como la boca de la ballena de Jonás
sólo que al revés
maldita sea
la redención se acerca galopando
navegando por la arteria del tiempo
Feliz culpa
gritan las calaveras del calvario
por el Hijo de Dios que se alza minúsculo
que gigantesco atrae todas las cosas
que musical barroco eterno decidido
canta con los coros con el aria canta al Padre
dónde está
                 oh muerte
                                 tu victoria



NON NOBIS

Y ahora que tu esfuerzo se ve recompensado
con un hermoso premio en la Ciudad de Soria,
y por fin has oído, un momento, la Gloria
(ese rumor de aplausos), y te ves publicado,
y alguien que no conoces reseña tus poemas
en páginas leídas por la gran minoría,
te citan en lecturas, y ves, de pronto, un día
que tus amadas líneas se estudian por morfemas
en la Universidad. Ahora, piensa un poco:
recuerda que eres polvo y el polvo que levantas
cuando caes al suelo. También que no son santas
ninguna de tus obras, y que sería un loco
pensamiento el orgullo. Y medita un segundo
que el Premio que tú esperas tampoco es de este mundo.



De La ciudad dormida (2005) 


POEMA DE LA CARNE (Frag.)

He soñado esta noche con un cuerpo.
Era un cuerpo de agua. En él había
especies innombradas de ojos ciegos,
bellos corales de inauditas formas,
había estrellas de tersura intacta
y monstruos indecibles y gigantes
y sirenas de dulces pechos lentos
y ánforas de miel inagotable,
y yo quise quedarme y ya no pude
aguantar por más tiempo los pulmones
o morir y olvidarme entre las algas.
Mi cuerpo se fundía con la arena,
era suave, de abril, era un recuerdo
de lejanos portales, pechos blancos.
Cuando me desperté ya me pesaba,
el cuerpo me pesaba y era el mundo
pesando como nunca contra el suelo.
La vigilia era un rostro torturado
que decía mi nombre, era una cruz,
un ancla, un beso, un sueño que se olvida.



LETANÍAS

A José Julio Cabanillas

Una mancha negruzca, un rastro espeso,
como un borrón de tinta que excita las visiones
torturadas y lúcidas del insomne heroinómano.
Como un aceite amargo, usado tantas veces,
y vertido de nuevo en el arcén,
que se funde en silencio en el atardecer del extrarradio,
en el que nadan moscas dormidas y refleja,
como una burla fétida, algún rayo de sol.
Como un agua gastada que en el fondo
alberga criaturas inmóviles, pesadas,
y que una vez fue limpia y calmaba la sed.
De profundis. Así sueña su noche,
de profundis, aquel que pide ahora sin rodillas
porque las ha vendido en el mercado
de la carne diurna, y ya sin voz
porque gritó su nombre hasta olvidarlo.
Mírame: soy el niño en la selva,
el niño que aún no habla,
y que ya no hablará si nadie lo descubre.
Virgen de los Pantanos, yo tuve una canción.
Cada mañana,
esa canción venía a despertarme: el sol de nuevo.
Tuve una casa pintada con acuarelas rojas,
un jarro y cuatro flores. Era el mundo.
No voy a decir: mira, estoy sufriendo.
Hasta el dolor parece sólo pose.
No te voy a decir que todo es raro,
que miro y no me reconozco,
porque escucho mi voz y suena falsa.
Porque mi voz es falsa hasta en el tono.
Virgen de los Mediocres, soy mediocre.
Mira que me ha costado darme cuenta.
Aquí estoy: de profundis. Culturalista, serio,
bíblico y sentencioso, hábil versificando.
Aquí, con el disfraz que todos ven de día
y que hasta yo confundo con mi vida.
Virgen del Cuerpo Roto, y de mi cuerpo,
mírame Tú desnudo, carne, pelos y semen.
Soy el poeta. Puedo
borrar en este instante todo el cuadro,
ya está,
y quedarme yo solo, sin rodillas.
Una figura gorda y sin rodillas.
Lo que te voy diciendo, como ves, es postizo.
Pedante y pretencioso, imagen, semejanza.
Un poco de bufón y algo de pose.
Sólo tú puedes ver lo que no veo,
los hilos que aún me tienen.
Yo ya no puedo verlos, Virgen Ciega.
Esta noche no puedo ya verlos, Virgen Madre,
Madre Lepra que Huye, Madre del Hijo Oculto.
Virgen del lodo, ahuyenta la Inquietud,
ahuyenta de mi cama todo el Desasosiego, Rey del Mundo.
Madre Vaso de Leche, Madre Mano en mi Frente.
El sueño, galopando, se adentra por mi cama.
Cierra mis ojos Tú, ahora y en la hora
del despertar desnudo más allá de esta fiebre.



TAL DÍA COMO HOY

Tal día como hoy estábamos en Madrid.
Allí palomas gratas, sombras verdes allí,
fluyendo lentas sobre dunas de metal transpirado.
Allí la canela y la nata de morenas y albinas,
la marioneta y el chelo callejero, allí, las cañas y la plaza,
Cristina y su nombre de cristal, el mismísimo amor,
  la mismísima lluvia,
tal día como ayer y nosotros aquí.
El tiempo recordado es un mar y una danza:
allí, aquí, allí, aquí, allí,
(que termina en aquí, que termina en aquí),
y la vida estallando en allí, en siempre allí,
y nosotros muriéndonos de puro aquí.



“ALBAYALDE”
            A Paco, Pablo, Joaquín, y Ale

Yo quisiera una vida como aquella,
una tarde feliz sin sombras duras,
con un sol diminuto que acaricie,
que unja nuestra espalda de perdón,
un camino hacia el mar, estando quietos
en aquel mirador que daba al mundo.
Yo así quisiera estar, cerca de todo,
muy cerca de la hierba y del granito,
muy cerca de una hoguera y de una mesa,
muy cerca sin romperme en el intento,
con mis amigos, ellos, los mejores,
los de túnica blanca y tan hermosos
como el sol de la dicha y la cerveza,
con poemas que digan y no digan,
que sean sólo música, universo,
balcones hacia el mar y las montañas,
balcones a mí mismo que soy otros.
Déjame que te cante, casa nueva,
hogar de los muy solos que se buscan,
guitarra para el canto y el reposo,
marea que se acerca y que se acerca,
emblema para tiempos más oscuros.



De Tibidabo 10 (2018) 


UNA FOTO DEL MAR

Un sol que se deshace, al fondo del océano.
El coche de mi padre, aparcado en la arena.
La guitarra, y gin-tonic. Una estampa frecuente.
Esa imagen reposa en una foto vieja.

En la foto relucen los azules y verdes
que se funden en gotas de un oro de otro tiempo.
Puedo oír las canciones, las risas y las bromas
si me quedo un buen rato, sobre la foto, atento.

Mi padre se diría que siempre estuvo así:
junto al mar, con amigos, tocando la guitarra.
Los lunes laborables y los años más duros
son sólo un desenfoque, no son apenas nada.

Yo miro muchas veces a mi padre en la foto.
Me pregunto qué piensa, si sabe que en su vida
se acabará la fiesta, se callarán las voces,
y la noche será, para él, negra y fría.

Ese azul de la noche que se mete en la foto
tiene sombras de muerte, que entonces no veía.
El vuelo de unos pájaros muy feos y muy negros,
y acordes que se rompen y, roncos, desafinan.

Escribo estos renglones por si un día mis hijos
miran mi foto y dicen: papá, qué pensaría.
En la foto estaré también con los amigos,
tocando la guitarra, bajo la noche fría.


BENDITOS SEAN

Bendito sea Youtube, y mi móvil con cámara,
bendito sea el wi-fi y los satélites,
bendito sea el Señor que dio la inteligencia
a Bill Gates y a Steve Jobs,
bendita sea la industria tecnológica
y esta economía de mercado,

porque gracias a ellos puedo verte
una vez y otra vez en este vídeo
de tres minutos diez,
tocando juntos en mi casa, un día,
“Macarra de ceñido pantalón”.



LA ESPADA

Era la Feria Medieval de Córdoba
y había allí más gente que en la guerra.
Nos invitabas, como siempre, a copas
después de la comida y sobremesa.

Entre justas de falsos caballeros
lo pasamos en grande aquella tarde.
Tañían sus laúdes los actores,
se encendían antorchas que no arden.

Había ambiente, no sé, como de fábula.
Un color diferente en cada rostro.
(O tal vez es que ahora mi memoria
le añade un filtro suave a cada foto).

Estabas tan feliz que, de repente,
me regalaste algo que quería:
una espada muy chula, como Excalibur,
porque estaba yo entonces con la esgrima.

Por un momento, tuve nueve años,
en vez de veinticinco, y tú eras joven.
En vez de acero, plástico barato,
con el que combatir con gladiadores.

La luz de aquellas horas no termina,
y sigues regalándome la espada.
En un lugar de mí sigue ocurriendo.
Debe de ser lo que llamamos alma.


MADRID

Madrid era un viaje de ida y vuelta,
una aventura de bolsillo breve.
Era el museo siempre, y eran bares,
era el Retiro, y eran muchos libros.
Mi padre fue a Madrid miles de veces.
Madrid ya es para mí una tierra santa.
Cuando piso sus calles, siento el tiempo
dando la vuelta sobre mi memoria,
abriéndome los brazos, y diciéndome:
la luz de la ciudad es toda tuya.
Olvida el luto ya, súbete al tren.
Serás feliz aquí siempre que vuelvas.


FORD TAUNUS

Mamá tenía libros y más libros
y papá una guitarra.
Yo tenía muñecos y cartones
debajo de una sábana.
En mi casa sonaban rocanroles
y yo tarareaba,
sin darme cuenta, todas las canciones
y no pensaba en nada.
Un coche grande -de segunda mano-
que va hacia la montaña.
Con treinta grados, cintas de cassette,
mi hermano vomitaba.
El coche sube por paisajes húmedos
con pinos y con vacas.
Voy cerrando los ojos, cabeceo
y treinta años pasan.
A veces, cuando todos se han dormido
y está la casa en calma,
me parece que sigo en aquel coche
pero mis padres callan.
¿Cuándo llegamos? digo. Y no contestan.
Sigue el coche su marcha.



TELÓN

Se levanta el telón. Se ven corbatas,
señoras con zapatos de tacón.
Mis tíos son pequeños, corretean.
Mi abuelo con la misma edad que yo.
El corte de los trajes y el peinado.
El crepitar de un inconstante sol.
Mi madre es una niña que, de blanco,
parece que va hacer la Comunión.
Mi padre es un muchacho con bigote,
camisa sin el último botón.
Y entran a casarse en la parroquia.
Son felices, no saben que ahora yo,
cuarenta años después, los miro, absortos
cómo sonríen tímidos los dos,
cómo dicen los votos, muy nerviosos,
y el cura les dedica su sermón.
Cómo la luz, que baña esta secuencia,
se apaga poco a poco. Y cae el telón.

No hay comentarios: