Lecturas interruptas


"El pesado es el que te quita la soledad sin darte compañía", me dijo cierta vez un amigo.

De todos modos, me recuerdo a mí mismo en una feria de pueblo leyendo los aforismos de Leonardo da Vinci, en medio de las copas y las conversaciones gritadas. Y me avergüenza el recuerdo, pues, aunque no estaba posando, era un insulto a la jarana reinante. Ahí es donde hace falta la mujer que te ponga en tu sitio, y te saque a bailar. Esa mortificación sí que redime de la misantropía, que es un sentimiento que, aún teniendo razón, es malo. Chesterton comprendía a Nietzsche en su repugnancia de la masa humana. Pero le reprochaba que, en pos del Superhombre, se alejara de ella, en vez de acercarse más, como sería de esperar (en un Superhombre, al menos).

Es una tropelía interrumpir la lectura a alguien; así que no pongamos a nuestro prójimo en la tentación de cometer tal tropelía, leyendo en sitios poco propicios: ferias de ganado y salas de profesores.
Me imagino a Chesterton leyendo en un vagón de tren, y que le interrumpen... ¿A que le parecería mejor (ojo, no más interesante ¿0 sí?) charlar con el vecino -pesado, ruidoso, inconveniente: humano- que seguir con su lectura? Aunque su conversación a lo mejor abrumaba al paisano de tal modo, que este sacaba un periódico ( tabloid, of course) y se ponía también a leer. Y Chesterton seguiría leyendo a Shaw, riéndose convulsivamente mientras imagina cómo lo va a refutar.


(Variación sobre una conversación en Rayos y Truenos)

10 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Touché!

Mora-Fandos dijo...

Sí. Buena la suposición sobre Chesterton. Sería un contrasentido perder a las personas reales, por los personajes de papel y tinta. Sacar un libro en algunos sitios puede ser un atentado.

camaronsky dijo...

Figurate Jesus que Shaw fuera el tipo del periodico. Ya nos gustaria estar en ese tren. Brillant!

Juan Ignacio dijo...

Muy buen punto.

Además de ser un gesto de persona ubicada puede ser un ejercicio para la vanidad muy interesante.

Todos están hablando de trivialidades y yo no aprovecho para, aunque esté bien, destacarme como lector de cosas más elevadas.

Es una situación límite. A veces es bueno decir, de alguna manera: "basta de dedicarnos a pavadas, hagamos cosas buenas". Sólo que hay momentos y "quiénes" para hacerlo.

Otro ejercicio para la vanidad muy interesante presentó una vez Hernán González del blog Esperando Nacer.

Esta vez la situación es que todos leen. Es en un subterráneo (metro). Muchos leen cosas "baratas" (libros de moda) y uno, que se anda leyendo algo más elevado, se tienta de creerse mil y mira a los otros con cierto regocijo de superioridad.

El ejercicio para combatir la vanidad que puede nacer consiste en, un buen día, plantarse en el medio del subte, a la vista de todos, a leer el "bestseller" de moda. Habrá quienes nos miren como el tipo más normal del mundo, pero, ¿podremos soportar el pensamiento de que quizás haya un tipo de buen gusto y elevada cultura mirándonos y pensando de nosotros lo que nosotros pensábamos de aquellos otros?

Perdón por lo extenso, a veces me voy de boca, ya lo sabrás.

Saludos.

Breo Tosar dijo...

Este post es el que más me ha gustado de todos los que has puesto. ¡Sigue así, poeta muerto!

Jesús Beades dijo...

Con tanto entusiasmo por tu parte, Amigo Breo, a lo mejor resucito. Y ya no te serviría como poeta muerto.

Fígaro dijo...

Muy bueno el post!!!Eres unico!!
un abrazo!

Anónimo dijo...

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