Recuerdos de recuerdos de recuerdos

Si comparto un recuerdo de Facebook, también en Instagram y Twitter, el año que viene volverá a mostrármelo, y  podré compartirlo de nuevo, y así sucesivamente. Podría vivir ya sólo de recuerdos, que cada año sabrían distintos, desgastados, lejanos, adheridos a los nuevos que no compartimos ("mira la fotó de papá con Fer hace cinco años, la compartimos cuando cumplió cuatro"), de tal manera que en Instagram, por ejemplo, ya no tendríamos una colección de fotos siguiendo una línea temporal, sino un collage de los 30 de abril de cada año (por cierto, ojo al verso: "y los 30 de abril de cada año / levantaré mi copa por esa puta gracia / que tuviste al marcharte, dejándonos tan solos / delante de una foto y tres o cuatro pobres / objetos personales...). Un collage, una imagen compuesta de cristales rotos, espejos confundidos. Ustedes mismos, aquí ya la imaginería y el metaforismo es libre. Todo ha cambiado. Y nada. Escribo esto en una tablet de 10", con un teclado físico integrado en la funda, mientras envío a la smartTv el Spotify con lo último de Sabina. Y qué. Los que faltan, faltan en todos los idiomas. Triglicéridos, gigabaits, likes, saudade, angst. Enumero esto, y me voy ya a tomar por saco. Que tengan ustedes buen domingo de feria, entrepuente o lo que sea.

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