Nota bio-bibliográfica

29 de octubre de 2009

El invitado que no llega

El otoño va a llegar, descuide. Pero ¿cuándo? Seguimos en esta primavera de inminencia de lilas muertas arrastradas por la tierra, etc, (algo así decía The Waste Land), pero no acaba de comparecer el otoño, con sus barbas de liquen y su corona de musgo, y sus colores caldera cortinglés, que ahora se llaman camel. La noche cae sobre una ciudad tibia todavía, el ánimo aún en mangas de camisa, y es demasiada la luz para el corazón, que ha sacado el abrigo del armario, hace un mes, y está deseoso de correr bajo la manta de humo de las castañeras, de ponerse gorra, de recordar a Dickens, aunque sea un poco. La gente, ay, en paro, pasea bajo los álamos, camina por la Avenida (esquivando bicis y mirando el tranvía), por la Campana, como hace un siglo, encontrándose con conocidos como en cualquier ciudad de provincias. Comiendo pipas, y tirando de bonobús.
Pero hay algo que aún no llega. Y cuando llegue nos quejaremos del barro en las botas, de los charcos bajo las ruedas de los autobuses (la camisa empapada de cabreo), de la lluvia a la puerta del colegio infinita, del tiempo arisco y de las tardes breves. Pero al menos todo estará en su sitio, como Dios manda. Con el tiempo (atmosférico) todos somos conservadores.

14 de septiembre de 2009

Apología del coleccionismo de muñecos

Suso me ha hecho pensar en el llamado "objeto del amor". Ese giro chestertoniano ("Lo que importa no es saber adónde va el amor, sino de dónde viene") revela una verdad: se puede amar de maneras muy distintas el mismo objeto (objeto en su sentido filosófico), pero eso convierte el lenguaje en una ficción necesaria. El "yo amo" de una persona, y el "yo amo" de otra responderían a dos realidades distintas (no digo "absolutamente distintas" porque me parece imposible, pero sí muy distintas). Como lo que dice Lewis: decir "a ti te gusta leer a Dante, y a mí me gusta ver el futbol" en realidad es un espejismo del lenguaje, pues ese verbo, gustar, responde aquí a dos realidades diferentes.

Muy bien. Pero... ¿Y si el amor que se tiene es contemplativo, al modo en que lo explica Suso, y el objeto aparentemente indigno? Pienso en el coleccionista, también de dos tipos: el que le gusta decir: "me ha costado un pastón, sólo hay mil ejemplares", y ese otro que mira su muñeco de Skeletor, o su sello decimonónico, o su avión de hojalata, o su Mini del 73, o su Fender Stratocaster del 62, y pienso que la vida, al fin y al cabo, es hermosa, y que si los hombres hacen esas maravillas no todo está perdido. Y se le alegra el corazón.

En este último caso solemos hablar, con demasiada ligereza, de idolatría. Y sin embargo, es evidente que el muñeco no es Dios, ni siquiera un dios. Más fácil es confundir el amor erótico con un dios (que se convierte en demonio, por tanto), que a un Darth Vader de 12 pulgadas. Su humilde plástico y su desvalida escala nos lo impide. Sencillamente, sentimos que hay "algo divino" ahí dentro. El coleccionismo, por tanto, es un método estrafalario, chestertoniano, de renunciar a la idolatría.

14 de agosto de 2009

Un hermoso titular de prensa

Sí, sí, aunque parezca mentira. Me lo he encontrado de casualidad googleándome para cortar y pegar una nota bio-bibliográfica para una antología. Pata palo, chin chin chin pún...

10 de julio de 2009

¡Qué enterismo!

Señores, el fenómeno fan nos poseyó ayer, en la sala Malandar de Sevilla. Asistimos a la premiere de la tercera parte de "Una trilogía sevillana", titulada "Aquello era otra cosa", con gran éxito de público (se quedó gente fuera, los followers entramos los primeros). El cachondeo empezó con el recitado que hacíamos, palabra por palabra y simultáneo, del texto, al proyectar las dos primeras partes. El resto del público se fue sumando en las partes álgidas ("¡va a encontraunmojón!"). Y como colofón, los compañeros hippies de la Alameda. Al final, una sorpresa: Rafael y Fali en un chiringuito en la playa, un corto extra de regalo. El DVD que compré, con la trilogía, incluye extras que aún no he podido bichear. Dejo aquí el primer testimonio gráfico:



Y aquí, la cuenta atrás para colgar el video en YouTube:



Seguiremos informando.

30 de junio de 2009

La pegatina

Hace siglos, íbamos de vacaciones a Gredos. Tenía yo once años y pantalones rotos con la palabras "Iron Maiden" escritas a boli (moda imperante entre los heavys pobres), cuando me enamoré de la hija de los dueños del camping, algo mayor que yo. Sufría de dulces melancolías entre la hora de jugar a las cartas por la tarde, y la hora de charlar en la penumbra de los veladores, mientras los mayores veían la tele en el bar y la noche caía sobre el pico Almanzor. Sufría esas horas, ese par de horas de ducha y bocata de salchichón, de mal de ausencia, como los bebés cuando ven salir de la habitación a su madre, que se figuran que se ha ido para siempre, y, claro, lloran. En la azulada penumbra de los pinos gané un beso, y en la pandilla aprendimos el sutil arte de las indirectas (ingenuamente faltas de sutileza, por supuesto, pero todo era aprender). Fui correspondido.
Desde entonces nos carteamos con pasión y arrebato y dolor de distancia, o sea, como Dios manda. Alguna vez nos vimos a lo largo de los años, si nuestros veranos -los de nuestros padres- coincidían en el mapa y en el calendario. El final de esta historia, años después, muchos años y barba y kilos y mediocridad después, es demasiado prosaico y urbano, y es más para un diario póstumo que para un blog público. Da igual. Escribo esto porque tengo la ventana a mi izquierda, y atardece. Y acabo de darme cuenta de que sigue en el cristal de la ventana una pegatina del Campingredos, casi borrada, como la que estuvo en la luna del Ford Taunus de mi padre, y a través de ella veo el atardecer, veo el mundo y todo lo que contiene. Veo el sol a través de esas letras gastadas, hundiéndose lento, indiferente, detrás del Aljarafe.
Escribo esto para cuando alguien limpie con alcohol el cristal, y no haya pegatina que me recuerde nada, para poder leerlo y convencerme de que mis recuerdos -recuerdos de recuerdos de recuerdos- son verdad y misterio que el sol se lleva, al otro lado del mundo, donde aún es mediodía.

25 de junio de 2009

Fin de curso

Y se acabó el curso. De repente, han pasado tres años. De repente, la misma sensación de acto de graduación de C.O.U., en el que no participé, con mis compañeros del colegio, con sus becas amarillas, y sonrientes chaquetas, enfilando el camino del ubi sunt? para siempre, y para todos los poemas. La ciudad se funde, pastosa, con un hálito temblón en el horizonte turbio, y caminan por mi frente los rostros vertiginosos que pasan, que han pasado, que de pronto hará diez años en cualquier momento. Quedan unos fotos, unos videos alocados, un amigo para siempre, cuatro recuerdos de cafetería, y una fachada de Facultad, como contraportada de algo que se esfuma lentamente en las nuevas prisas, en las nuevas cosas. Las guapísimas compañeras ya son maestras que enfilan la "mediana edad" y acumulan trienios. ¿Para qué hago todo esto? Seguiré sin saberlo del todo, avanzando, no entre la niebla, sino a través del calor de la ciudad, de la moto y las prisas, del currículm y los papeles que nos empujan hacia delante. Hacia una posición, un trabajo, un horario tranquilo. Pero la inquietud persiste. ¿Para qué, a dónde, qué quiero? Lo más difícil es saber qué se quiere. Y entre tanto hacemos cosas, exámenes, cachivaches, papeles. Qué veloz verano, el otoño durará lo que tarde en llegar el invierno. Y seguiremos aquí, si Dios quiere, y seremos los mismos. Pero la lluvia será distinta, barredora, misericordiosa, entregándonos la ilusión de un nuevo comienzo. Y en algún poema habrá un vislumbre de una lograda plenitud. Que siempre se retrasa, detrás, detrás de todas las cosas que urgen.

9 de junio de 2009

La santidad de Chesterton

Hace años provoqué una mezcla de indignación e incredulidad al decirle a una persona que Chesterton, para mí, era santo. Santo santo como los santos canonizados. Objetaba: "¿Pero qué ha hecho? No ha fundado nada..." Casualmente esta persona se dirigió luego por el camino que dice que todos estamos llamados a la santidad, etc. Así que debió enmendar su error.

Esta noticia en la buhardilla me ha hecho sonreir, recordándolo.