"La toma de Antequera en 1410 por el infante don Fernando, apodado desde entonces “el de Antequera”, marca uno de los sucesos más sonados de la reconquista. Cuenta la leyenda que, hallándose el infante indeciso sobre qué objetivo atacar, se le presentó una joven resplandeciente rodeada de leones que le espetó: "Manaña, salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera". Cuando la ciudad sitiada se le rindió, sus habitantes emigraron a la capital nazarita para formar el barrio de la Antequeruela..." De aquí viene el dicho.
Ante la indecisión, a veces, lo mejor es decirse "Que salga el sol por Antequera". Hemos comprobado que la ansiedad expectante se calma con la acción. El problema es que no tenemos certezas, apariciones, "una joven resplandeciente rodeada de leones". Pero el Señor Bueno elogia al que, sin tenerla, vive (que se lo digan a Tomás Dídimo). La Fe ocupa el lugar de la joven, el resplandor y los leones;
18 de octubre de 2006
20 de septiembre de 2006
LLAMO AL TORO DE ESPAÑA
Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.
Despiértate.
Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.
Levántate.
Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.
Esgrímete.
Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.
Desencadénate.
Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.
Yérguete.
No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.
Víbrate.
No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.
Revuélvete.
Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.
Truénate.
No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.
Abalánzate.
Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.
Revuélvete.
Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.
Atorbellínate.
De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.
Sálvate.
Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.
Sálvate.
(Miguel Hernández)
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.
Despiértate.
Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.
Levántate.
Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.
Esgrímete.
Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.
Desencadénate.
Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.
Yérguete.
No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.
Víbrate.
No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.
Revuélvete.
Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.
Truénate.
No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.
Abalánzate.
Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.
Revuélvete.
Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.
Atorbellínate.
De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.
Sálvate.
Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.
Sálvate.
(Miguel Hernández)
30 de agosto de 2006
El Lector
Hermosísima entrada de Enrique Baltanás. Me recuerda la visión tan particular que Hopkins tenía de la individualidad de cada ser: como el sabor de una fruta, irrepetible, que sólo los labios de Cristo conocen. Muy consolador, si se caen las escamas de nuestros ojos, las vanidades del mundo, y de nuestro mundo interior.
25 de agosto de 2006
Dos ideas de Lewis
Lewis dice que sentimos más lo que nos separa de los animales, paradójicamente, en los más parecidos, como los simios. Como "sólo les falta hablar", ese "sólo" está terriblemente presente, inquieta, nos interroga.
..........
Lewis apuntaba algo al respecto de "lo artístico" en la Revelación. Como, cosa que aprendió de Tolkien, "los mitos son la Verdad dicha a través de la plata", cuando la Verdad está más cerca de los humano, se va despojando de su Gloria. Esto es la Encarnación. (Balthasar habla de la "Kenosis", el vaciamiento, el ocultamiento de la divinidad, que tendría su culmen en Getsemaní). Por eso Lewis ve coherente que el Evangelio sea tan pedestre y prosaico, y los mitos griegos, nórdicos o escandinavos tan "poéticos". La Verdad pasó de ser un mito a ser un Hecho.
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Lewis apuntaba algo al respecto de "lo artístico" en la Revelación. Como, cosa que aprendió de Tolkien, "los mitos son la Verdad dicha a través de la plata", cuando la Verdad está más cerca de los humano, se va despojando de su Gloria. Esto es la Encarnación. (Balthasar habla de la "Kenosis", el vaciamiento, el ocultamiento de la divinidad, que tendría su culmen en Getsemaní). Por eso Lewis ve coherente que el Evangelio sea tan pedestre y prosaico, y los mitos griegos, nórdicos o escandinavos tan "poéticos". La Verdad pasó de ser un mito a ser un Hecho.
Black Douglas

"En Teba, provincia de Málaga, un monumento recuerda la gesta del
escocés Lord James Douglas –Black Douglas- con motivo de la toma de Teba en 1330. Por encargo del rey Robert the Bruce, marchó a Tierra Santa para depositar allí el corazón del rey fallecido. En el camino decidió unirse a Alfonso XI en su campaña contra Teba. Según el relato llevaba el corazón real en una caja de plata, colgada al cuello. En el momento crítico de la batalla, él y sus seguidores se vieron abandonados… entonces… arrojó el corazón de Bruce al punto más reñido de la pelea,exclamando: “¡Pasa primero en la lucha, como tenías por costumbre hacer, y Douglas te seguirá o morirá en la empresa!”, que es justo lo que hizo…”"
(Me econtré este texto cuando estaba inmerso en mi trabajo actual, redactando una guía cultural de viaje).
22 de agosto de 2006
¿El cielo es un soborno?
Esto se preguntaba, en su retórica y atea juventud, nuestro querido C.S.Lewis. Hasta que aprendió, y -gratias- nos explicó, cómo si lo prometido tiene relación con la acción que causa la promesa, va desapareciendo la distancia entre ambos. Así, unirse a la amada no es un premio arbitrario por la proeza de conquistarla, como si nos regalasen un coche, sino su culminación, aquello que ya se pregustaba en el cortejo, y de lo que se quería más. Y aunque la pedagogía natural, innata, nos lleva a prometer premios -y castigos- a los niños, para enderezar su conducta, con el tiempo aprendemos que el objetivo es hacer las cosas por sí mismas. De hecho, como el dulce, o el juguete, es algo bueno para el niño, se le enseña dos cosas: primero, a fiarse del adulto, que le dice que aquello que debe hacer (la cama, los deberes...), a su extraña manera, es bueno. Y segundo, a que las acciones buenas tienen una recompensa. Traspasado a la apologética, continuaba, no es que se tenga un tipo de conducta para que nos premien con el Cielo, sino que se va teniendo un tipo de conducta porque una cierta visión, o anticipo, del Cielo ya está dentro de nosotros. El efecto inverso lo tiene muy claro la sabiduría popular: en el pecado lleva la penitencia, lo cual siempre, al final, es una gran verdad. Por eso los peores pecados son los que más hacen sufrir, los que menos gusto dan; los pecados más espirituales: soberbia, ira, egoísmo, desprecio, orgullo. En la lujuria, en la gula, en la vanidad, en la pereza, hay "más cielo", todo lo que tienen de placentero. Pero al final llevan también su penitencia, sólo que es menos directa, más tardía.
Y, con todo, es necesaria la Fe. Pues no siempre vemos la relación entre el acto y su fin. Aunque, me parece, deberíamos siempre intentar verla. A esto se le llama discernimiento, y para ello se pide Luz al Espíritu Santo. Por pedir que no quede.
Y, con todo, es necesaria la Fe. Pues no siempre vemos la relación entre el acto y su fin. Aunque, me parece, deberíamos siempre intentar verla. A esto se le llama discernimiento, y para ello se pide Luz al Espíritu Santo. Por pedir que no quede.
Oi una voz en la duermevela...
Carpe Diem. Aprovecha, ahora que tienes tus amigos cerca. Llénate de sus voces, recréate en la conversación. Atesora el grano para el invierno duro, como sugería Rocío Arana (a sí misma) en un poema. Mira, piensa, haz música y compártela. No sabes si mañana estarás solo, sin tener con quien hablar de lo más íntimo; aunque ese mañana sea dentro de quince años. Entonces vivirás, en parte, de lo que hoy tienes. Y no desaproveches a los menos cercanos, cultiva su amistad, que también será valiosa. No caigas en el error de pensar que es corriente la amistad que disfrutas, porque es un impagable don. Cada minuto cuenta. Carpe Diem.
8 de agosto de 2006
et in hora mortis nostrae

Las llaves que dio Jesús a Pedro son sacramentales: signos externos de lo invisible. Abren y cierran en el mundo, como representación misteriosa de lo que sólo Dios abre y cierra en el corazón. Para lo más importante, para el destino último, Dios deja la llave a cada hombre, libre de atar o desatar su propia salvación -aunque la llave la hace Dios-. Por eso Pedro representa, no sólo a Cristo ante el hombre, sino al hombre ante Cristo. Lo que el hombre ate en la tierra, quedará atado en el cielo.
El hombre vestido de blanco murió acompañado de millones de personas que le lloraban, agradecidos por su vida de entrega y su mensaje de esperanza. El hombre que está a su lado (queriendo mostrarle la hora del mundo) morirá después de que millones de personas hayan deseado su muerte. Esta diferencia, que me hizo notar el otro día Joaquín, no puede ser sino un aldabonazo para nosotros los mediocres. "¿Qué quieres que te haga?", oímos decir al Maestro, detrás de este telón de tiempo y prisa. Esa es la pregunta decisiva, y aún más decisiva es la respuesta.
Retorno a Brideshead
“He estado antes aquí”, aparte de una frase que, sin duda, se dijo Edipo, sería el lema de todo hombre cuando contempla la Hermosura; Ratzinger habla de la memoria de Dios dormida dentro de cada uno. Todo -buen- poema sería como ese segundo que media entre “He estado antes aquí”, y el momento en que, definitivamente, no recordamos cuándo.
19 de julio de 2006
Hopper, Carver. Soledad y silencio.

Para mi Hopper es a la pintura lo que Raymond Carver al relato. Sus cuadros, sus relatos, muestran la inmensa orfandad del mundo civilizado, la atmosfera de un silencio casi aplastante, en el que ese casi es el espacio decisivo de la libertad, de la respiración. Estrecho pero necesario, vital; sus silencios gritan. Y alguien los escucha.
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