et in hora mortis nostrae



Las llaves que dio Jesús a Pedro son sacramentales: signos externos de lo invisible. Abren y cierran en el mundo, como representación misteriosa de lo que sólo Dios abre y cierra en el corazón. Para lo más importante, para el destino último, Dios deja la llave a cada hombre, libre de atar o desatar su propia salvación -aunque la llave la hace Dios-. Por eso Pedro representa, no sólo a Cristo ante el hombre, sino al hombre ante Cristo. Lo que el hombre ate en la tierra, quedará atado en el cielo.

El hombre vestido de blanco murió acompañado de millones de personas que le lloraban, agradecidos por su vida de entrega y su mensaje de esperanza. El hombre que está a su lado (queriendo mostrarle la hora del mundo) morirá después de que millones de personas hayan deseado su muerte. Esta diferencia, que me hizo notar el otro día Joaquín, no puede ser sino un aldabonazo para nosotros los mediocres. "¿Qué quieres que te haga?", oímos decir al Maestro, detrás de este telón de tiempo y prisa. Esa es la pregunta decisiva, y aún más decisiva es la respuesta.

13 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Me entusiasmo con la imagen que has pintado pero pongo algún reparo a lo de morir querido o morir no querido.

Que no sea ese el único criterio para saber a acerca de la persona que ha muerto. ¿Dónde quedarían los mártires si así fuera?

En lo que a mi respecta, querido u odiado no me importaría, si fuera por una buena causa.

(No sé si hace falta aclarar, pero esto no es para nada una defensa de Fidel Castro, lejos de mí tal intención; habló en términos generales).

Genial eso de "mostrándole la hora del mundo". Juan Pablo II segundo le podría haber respondido con la imagen del reloj-esposa de Enrique.

Saludos.

Breo Tosar dijo...

Extraña correspondencia la de Karol Wojtyla, un hombre de paz, con Fidel Castro, un dictador.
Los millones de personas que esperamos la muerte de Castro lo hacemos porque amamos la libertad (en este caso la del pueblo cubano). Sin embargo, me extraña leer en la prensa que algún político insensato de este país tiene la osadía de afirmar en público y como representante del pueblo español que espera que el dictador recupere pronto la salud, como si las dictaduras de izquierdas fueran buenas o legítimas. Más extraño se me hace que nadie se le haya echado al cuello todavía.
La Cuba castrista no es libre, como hacen creer a los ingenuos turistas que se alojan como reyes en Baradero y siguen la ruta marcada por La Habana. La Cuba castrista es la tragedia de no poder comprar carne en un supermercado si no eres extranjero (como una cartilla de racionamiento, los cubanos reciben media libra de pollo al mes... y seis huevos, litros de leche contados para los niños...). Esa libertad castrista que defienden los gobernantes de un país de charanga y pandereta como España es la que condena a ocho años de prisión al que de la carne de su propio ganado para alimentar a su familia, o la que hace la vista gorda al drama real de la prostitución infantil y los hijos de puta que lo permiten. Como en una novela de literatura hispanoamericana, todo ello se hace en el nombre sacrosanto de la "Revolución", que es lo más abstracto que he oído nunca.
Pedir que se muera pronto Castro no es desear el mal a una persona, es anhelar la libertad de todo un pueblo oprimido por este abominable régimen dictatorial.

Jesús Beades dijo...

Y además podemos desear "que Dios le perdone".

Breo Tosar dijo...

A propósito, me gustaría recomendarte uno de los mejores escritos que he leído sobre Karol Wojtyla. Es, cómo no, del maestro Suso Mendive:

http://www.artegalatea.com/blog/index.php?p=291

Espero que te guste.

Joaquín dijo...

Bueno, amigo Jesús, el negocio de morirse son "palabras mayores". Cuando eres joven, la muerte la contemplas como cosa de otros (ya sea Fidel Castro, Juan Pablo II u otro ser querido). Cuando te haces mayor (y a mí me está pasando) miras la muerte con más respeto, y te parece grotesco e inhumano que alguien se regocije con la muerte del enemigo. Por eso, en Occidente "sentó como un tiro" ver los cadáveres fusilados de Ceacescu y su mujer (lo recuerdo bien, en las portadas de los periódicos). Era un terrible dictador, con las manos manchadas de sangre... pero también era una persona. ¡En fin! Puedo recomendarte que leas (si no lo has hecho ya) las primeras páginas de la República platónica, que va precisamente de esto.

Un abrazo desde nuestra ciudad...
Joaquín

Jose Menchon dijo...

Hola he descubierto tu blog y me ha gustado mucho, Felicidades. ANIMO Y ADELANTE!!!!

Breo Tosar dijo...

Como lector de Delibes discrepo totalmente con Joaquín y su tópico de la muerte como algo ajeno a los jóvenes. Le recomiendo un gran libro que me acabo de leer: "La sombra del ciprés es alargada". No tiene desperdicio.
Por otra parte, el tema del deseo de la muerte de un dictador me plantea un dilema moral: ¿se puede justificar de alguna manera el deseo de la muerte de una persona a pesar de las consecuencias? El caso más extremo y paradigmático lo encontramos en la persona humana Adolph Hitler.

Joaquín dijo...

La mejor evidencia de que la muerte no es extraña a los jóvenes, son vuestros estupendos comentarios.

Quería decir que en la proximidad al momento natural de morir (en la vejez), dicen (dicen, porque yo no soy viejo) que la muerte se hace más transparente. Luego son los viejos los que mejor pueden hablar del asunto (como en las primeras páginas de la 'República' platónica).

Es obvio que todos podemos hablar de la muerte, pero desde una perspectiva biológica y vital diferente.

Sobre la resistencia al tirano, puede consultarse los argumentos de Santo Tomás en la Suma Teológica, II-II, q. 42 a. 2

El Ateniense dijo...

¿Pueden 6.000 millones de individuos estar equivocados? Claro que pueden... La dimensión cuantitativa no implica, para nada, la legitimación moral del fallecido o futuro fallecido, pues esta es propia deel ámbito cualitativo. Recordad al compadre Goebbles, "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad", ¿Tenía razón?, a mí me parece que la respuesta ha de ser negativa.
Por otra parte, nada afirmaré sobre Castro, pero caracterizar a Juan Pablo II como "hombre de paz", no puede ser más que producto de una concienzuda asimilación ideológica, además de resultar propio de los mejores guiones de los Python...

Jesús Beades dijo...

Me parece que la entrada da lugar a malentendidos, y por lo tanto es deficiente. No es un argumento sobre la bondad de alguien el hecho de que le apoyen millones de personas (que es cuantitativo), pero sí el modo, el estilo, los frutos de ese apoyo (que son cualitativos, y no mensurables, o al menos no de un modo estadístico). Al comentar la diferencia entre las dos muertes (una aún es conjetura) estoy dando por supuesto la evidente diferencia entre las dos vidas, y lo de los millones de personas es un modo simbólico de verlo.
Lo de "hombre de Paz" yo no lo he dicho, y es una frase que, una vez atribuida a Otegi (¡puaj!) habría que dejar en cuarentena. Pero si el Ateniense tiene algo que decir al respecto, que lo argumente, y deje a mis Santos Patrones Monty Python en paz. Y diga, diga sobre Castro, que aquí no estamos en Cuba.

Joaquín dijo...

La entrada no es deficiente, Jesús, porque haya convocado opiniones discrepantes.

Me acuerdo de un profesor de Latín que nos decía: "la Verdad sólo es de Dios, y está en los Evangelios". Lo deficiente sería pretender alcanzar la verdad, cuando únicamente estamos formulando una mera opinión humana.

Te consolará recordar lo que se cuenta de Santo Tomás de Aquino. Tuvo un éxtasis, al final de su vida, y dijo: 'omne foenum' ('todo paja'). Sea lo que fuere lo que hubiera querido decir, el caso es que no volvió a escribir ni dictar nada.

Si eso dijo este titán de la razón, ¿qué pretenderemos los demás? Pues... ser más humildes.

Eso no debe coartarnos de formular nuestras opiniones. Los blogs son una ocasión excelente para 'exponernos' y medir nuestras opiniones con los demás. Es como el barco, que se mueve porque las velas oponen resistencia al viento.

Si no encuentras oposición intelectual, te aseguro que no progresas. Santo Tomás es un máximo ejemplo. Comprueba cómo, antes de emitir su opinión ('respondeo dicendum...') examinaba con detenimiento los argumentos de sus oponentes.

Rocio Arana dijo...

A mí me parece gloriosa tu entrada.

Luis Rivera dijo...

He pasado los 60 y no soy viejo pero estoy, estadísticamente, más cerca de la muerte, pienso, que los que aquí han dejado su comentario.
Para mi hay dos muertes: la mía y la de los demás, y estás fragmentadas en la de cada uno.
Mi muerte: como Epicuro, me gusta la vida y el placer, que es la ausencia de sufrimiento. No temo a la muerte porque cuando ella esté yo no estaré y mientras yo estoy ella no está. Mientras llega aprovecho el tiempo a la manera de Horacio, la real manera del Carpe Diem: cosecha el día...
La de los demás: si estamos por la libertad no es contradictorio que pensemos que lo ideal sería que, para ganar tiempo, muriera Castro lo antes posible. Mi padre murió pensnando que se iba a ir antes que Franco, y así fué. Yo hubiera preferido lo contrario.
Los hombres, y también los papas, o más estos, están sujetos a claroscuros: la visita a Castro con alegría ostensible y la visita a Pinochet (ya se que se trata de Jefes de Estado, pero eso es accesorio, ya que su liderazgo es moral) fueron errores para los que le recordamos dando admoniciones de maestro a un sacerdote ministro sandinista en la Nicaragua de Daniel Ortega.
Entiendo el anticomunisma de un papa polaco, pero me gustaría entender algún que otro anti, porque a mi, sin ser católico, me preocupa la moral cuando es tan visible. Yo creo que básicamente un Papa es, como se dice ahora, buena gente, y algunas cosas que no entiendo me parecen patinnazos.