14 de agosto de 2009
Un hermoso titular de prensa
Sí, sí, aunque parezca mentira. Me lo he encontrado de casualidad googleándome para cortar y pegar una nota bio-bibliográfica para una antología. Pata palo, chin chin chin pún...
12 de agosto de 2009
10 de julio de 2009
¡Qué enterismo!
Señores, el fenómeno fan nos poseyó ayer, en la sala Malandar de Sevilla. Asistimos a la premiere de la tercera parte de "Una trilogía sevillana", titulada "Aquello era otra cosa", con gran éxito de público (se quedó gente fuera, los followers entramos los primeros). El cachondeo empezó con el recitado que hacíamos, palabra por palabra y simultáneo, del texto, al proyectar las dos primeras partes. El resto del público se fue sumando en las partes álgidas ("¡va a encontraunmojón!"). Y como colofón, los compañeros hippies de la Alameda. Al final, una sorpresa: Rafael y Fali en un chiringuito en la playa, un corto extra de regalo. El DVD que compré, con la trilogía, incluye extras que aún no he podido bichear. Dejo aquí el primer testimonio gráfico:

Y aquí, la cuenta atrás para colgar el video en YouTube:
Seguiremos informando.

Y aquí, la cuenta atrás para colgar el video en YouTube:
Seguiremos informando.
8 de julio de 2009
7 de julio de 2009
30 de junio de 2009
La pegatina
Hace siglos, íbamos de vacaciones a Gredos. Tenía yo once años y pantalones rotos con la palabras "Iron Maiden" escritas a boli (moda imperante entre los heavys pobres), cuando me enamoré de la hija de los dueños del camping, algo mayor que yo. Sufría de dulces melancolías entre la hora de jugar a las cartas por la tarde, y la hora de charlar en la penumbra de los veladores, mientras los mayores veían la tele en el bar y la noche caía sobre el pico Almanzor. Sufría esas horas, ese par de horas de ducha y bocata de salchichón, de mal de ausencia, como los bebés cuando ven salir de la habitación a su madre, que se figuran que se ha ido para siempre, y, claro, lloran. En la azulada penumbra de los pinos gané un beso, y en la pandilla aprendimos el sutil arte de las indirectas (ingenuamente faltas de sutileza, por supuesto, pero todo era aprender). Fui correspondido.
Desde entonces nos carteamos con pasión y arrebato y dolor de distancia, o sea, como Dios manda. Alguna vez nos vimos a lo largo de los años, si nuestros veranos -los de nuestros padres- coincidían en el mapa y en el calendario. El final de esta historia, años después, muchos años y barba y kilos y mediocridad después, es demasiado prosaico y urbano, y es más para un diario póstumo que para un blog público. Da igual. Escribo esto porque tengo la ventana a mi izquierda, y atardece. Y acabo de darme cuenta de que sigue en el cristal de la ventana una pegatina del Campingredos, casi borrada, como la que estuvo en la luna del Ford Taunus de mi padre, y a través de ella veo el atardecer, veo el mundo y todo lo que contiene. Veo el sol a través de esas letras gastadas, hundiéndose lento, indiferente, detrás del Aljarafe.
Escribo esto para cuando alguien limpie con alcohol el cristal, y no haya pegatina que me recuerde nada, para poder leerlo y convencerme de que mis recuerdos -recuerdos de recuerdos de recuerdos- son verdad y misterio que el sol se lleva, al otro lado del mundo, donde aún es mediodía.
Desde entonces nos carteamos con pasión y arrebato y dolor de distancia, o sea, como Dios manda. Alguna vez nos vimos a lo largo de los años, si nuestros veranos -los de nuestros padres- coincidían en el mapa y en el calendario. El final de esta historia, años después, muchos años y barba y kilos y mediocridad después, es demasiado prosaico y urbano, y es más para un diario póstumo que para un blog público. Da igual. Escribo esto porque tengo la ventana a mi izquierda, y atardece. Y acabo de darme cuenta de que sigue en el cristal de la ventana una pegatina del Campingredos, casi borrada, como la que estuvo en la luna del Ford Taunus de mi padre, y a través de ella veo el atardecer, veo el mundo y todo lo que contiene. Veo el sol a través de esas letras gastadas, hundiéndose lento, indiferente, detrás del Aljarafe.
Escribo esto para cuando alguien limpie con alcohol el cristal, y no haya pegatina que me recuerde nada, para poder leerlo y convencerme de que mis recuerdos -recuerdos de recuerdos de recuerdos- son verdad y misterio que el sol se lleva, al otro lado del mundo, donde aún es mediodía.
25 de junio de 2009
Fin de curso
Y se acabó el curso. De repente, han pasado tres años. De repente, la misma sensación de acto de graduación de C.O.U., en el que no participé, con mis compañeros del colegio, con sus becas amarillas, y sonrientes chaquetas, enfilando el camino del ubi sunt? para siempre, y para todos los poemas. La ciudad se funde, pastosa, con un hálito temblón en el horizonte turbio, y caminan por mi frente los rostros vertiginosos que pasan, que han pasado, que de pronto hará diez años en cualquier momento. Quedan unos fotos, unos videos alocados, un amigo para siempre, cuatro recuerdos de cafetería, y una fachada de Facultad, como contraportada de algo que se esfuma lentamente en las nuevas prisas, en las nuevas cosas. Las guapísimas compañeras ya son maestras que enfilan la "mediana edad" y acumulan trienios. ¿Para qué hago todo esto? Seguiré sin saberlo del todo, avanzando, no entre la niebla, sino a través del calor de la ciudad, de la moto y las prisas, del currículm y los papeles que nos empujan hacia delante. Hacia una posición, un trabajo, un horario tranquilo. Pero la inquietud persiste. ¿Para qué, a dónde, qué quiero? Lo más difícil es saber qué se quiere. Y entre tanto hacemos cosas, exámenes, cachivaches, papeles. Qué veloz verano, el otoño durará lo que tarde en llegar el invierno. Y seguiremos aquí, si Dios quiere, y seremos los mismos. Pero la lluvia será distinta, barredora, misericordiosa, entregándonos la ilusión de un nuevo comienzo. Y en algún poema habrá un vislumbre de una lograda plenitud. Que siempre se retrasa, detrás, detrás de todas las cosas que urgen.
9 de junio de 2009
La santidad de Chesterton
Hace años provoqué una mezcla de indignación e incredulidad al decirle a una persona que Chesterton, para mí, era santo. Santo santo como los santos canonizados. Objetaba: "¿Pero qué ha hecho? No ha fundado nada..." Casualmente esta persona se dirigió luego por el camino que dice que todos estamos llamados a la santidad, etc. Así que debió enmendar su error.
Esta noticia en la buhardilla me ha hecho sonreir, recordándolo.
Esta noticia en la buhardilla me ha hecho sonreir, recordándolo.
31 de mayo de 2009
Los versos de Diego Reche
FRENTE AL ESPEJO
Tú pasas frente a mí,
yo sigo siendo el joven que, sentado
entre libros, pregunta por la vida.
Tú, como un fantasma, cruzas
frente al espejo, o te reflejas
en el cristal de la tarde.
Llevas el pelo gris,
la barba pequeña y recortada,
tu voz es grave y ronca.
Miras tímidamente hacia abajo,
tras las gafas, tus ojos guardan
esa distancia que dan los años.
¿Quién eres, me pregunto?
Me levanto a buscarte,
pero ya no estás, ya no estoy,
ya no está el muchacho taciturno
que soñaba entre libros.
Y sin embargo te sigo viendo
tras el espejo.
Este poema de Diego Reche, responsable del recital multitudinario con alumnos de secundaria, que ocupó una entrada audiovisual de este blogg, es una muestra de Ojos para las nubes, su último libro. En su sencillez, se acerca al misterio del yo y su permanencia. Normalmente encontramos el tópico de la fugacidad y el desleímiento de la identidad en el humo del tiempo ("ya no está el muchacho taciturno / que soñaba entre libros".) Pero rara vez encontramos tan bien escrito el sentimiento ante la permanencia del yo, o mejor dicho, la pregunta abierta ¿qué, quién, permanece? ¿qué se queda tras todo lo que huye? Quizá el rostro que veremos transfigurado, tras el último umbral. Su acierto es no dar una respuesta, sino constatar, con cierto callado asombro, el hecho que el espejo nos recuerda, pese a todo.
La mayor parte del libro es un ejercicio de reflexión sobre la doble condición -tan frecuente- de poeta-profesor. Y no de profe universitario, con tiempo libre e ínfulas de investigador, sino de profe-policía, que vigila los recreos para que los niños no se desmanden del todo. El aguerrido profe de secundaria. (Ya se sabe que los maestros de Primaria son santos, y los de Secundaria, mártires). Quizá él no lo advierta (la cercanía impide ver, a veces), pero el hecho de que tantos muchachos escribieran poemas, trabajaran la obra de un autor al que no conocían, y acudieran al recital (con bastante corrección), dice mucho de su profesor. Y además tocaban el piano, y la guitarra (varios han contactado conmigo por YouTube, pues tienen sus grupos de música). Sólo Dios sabe la importancia de esa difícil tarea. Por eso los poetas de la revista Númenor nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Fidel Villegas, que nos descubrió un mundo.
Sirvan estas líneas como homenaje a todos ellos, a Fidel, a Diego Reche, a tantos poetas-profesores de los que no se ocupan las páginas pedantes de los suplementos literarios, las cátedras de literatura. Ellos saben, como dijo el ruso, que la belleza salvará el mundo.
Tú pasas frente a mí,
yo sigo siendo el joven que, sentado
entre libros, pregunta por la vida.
Tú, como un fantasma, cruzas
frente al espejo, o te reflejas
en el cristal de la tarde.
Llevas el pelo gris,
la barba pequeña y recortada,
tu voz es grave y ronca.
Miras tímidamente hacia abajo,
tras las gafas, tus ojos guardan
esa distancia que dan los años.
¿Quién eres, me pregunto?
Me levanto a buscarte,
pero ya no estás, ya no estoy,
ya no está el muchacho taciturno
que soñaba entre libros.
Y sin embargo te sigo viendo
tras el espejo.
Este poema de Diego Reche, responsable del recital multitudinario con alumnos de secundaria, que ocupó una entrada audiovisual de este blogg, es una muestra de Ojos para las nubes, su último libro. En su sencillez, se acerca al misterio del yo y su permanencia. Normalmente encontramos el tópico de la fugacidad y el desleímiento de la identidad en el humo del tiempo ("ya no está el muchacho taciturno / que soñaba entre libros".) Pero rara vez encontramos tan bien escrito el sentimiento ante la permanencia del yo, o mejor dicho, la pregunta abierta ¿qué, quién, permanece? ¿qué se queda tras todo lo que huye? Quizá el rostro que veremos transfigurado, tras el último umbral. Su acierto es no dar una respuesta, sino constatar, con cierto callado asombro, el hecho que el espejo nos recuerda, pese a todo.
La mayor parte del libro es un ejercicio de reflexión sobre la doble condición -tan frecuente- de poeta-profesor. Y no de profe universitario, con tiempo libre e ínfulas de investigador, sino de profe-policía, que vigila los recreos para que los niños no se desmanden del todo. El aguerrido profe de secundaria. (Ya se sabe que los maestros de Primaria son santos, y los de Secundaria, mártires). Quizá él no lo advierta (la cercanía impide ver, a veces), pero el hecho de que tantos muchachos escribieran poemas, trabajaran la obra de un autor al que no conocían, y acudieran al recital (con bastante corrección), dice mucho de su profesor. Y además tocaban el piano, y la guitarra (varios han contactado conmigo por YouTube, pues tienen sus grupos de música). Sólo Dios sabe la importancia de esa difícil tarea. Por eso los poetas de la revista Númenor nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Fidel Villegas, que nos descubrió un mundo.
Sirvan estas líneas como homenaje a todos ellos, a Fidel, a Diego Reche, a tantos poetas-profesores de los que no se ocupan las páginas pedantes de los suplementos literarios, las cátedras de literatura. Ellos saben, como dijo el ruso, que la belleza salvará el mundo.
20 de mayo de 2009
D.E.P. Mario Benedetti
Pues sí, Dios lo tenga en su Gloria. Como homenaje, recordemos sus últimas perlas literarias.
Por cierto, aquí se lo pasan en grande con el obituario.
Por cierto, aquí se lo pasan en grande con el obituario.
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