Y mi voz sin tu trato se afemina

"La tía Jane. Uno no elige a sus tíos y tías, ni en la vida ni en la literatura. La tía Jane llegaba sin avisar y sin alharacas; como trayéndote siempre algunas golosinas, y echando una mano en lo que hiciera falta, como las tías de verdad -no digo, reales, sino de verdad, que de todo hay-; una señora bien educada en contar historias, y con ese misterio de lo femenino, tan bien llevado, que apuntala lo masculino de sus masculinos sobrinos. " (Vía Mora Fandos, las negritas son mías) Me gusta ese detalle sobre lo masculino, y me recuerda un verso de Miguel Hernández, creo: "Y mi voz sin tu trato se afemina". Lo recuerdo porque, cuando salí con una de mis primeras novietas, no paraba de venirme a la cabeza ese verso. Y era porque, ante aquella muchacha, de pelo color miel, liso y largo, y ojos enormes, cual anuncio de Pantene, yo, sin hacer nada, sin saber nada, me sentía -además de agradecido- algo así como viril. Algo así como más yo, de un modo nunca sentido hasta entonces. Era -sigue siendo- algo muy chulo, qué queréis que os diga.

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