Riders on the storm

Enormes relámpagos, truenos que surgen de los infiernos, tierra polvorienta y alborotada, esperando el agua a borbotones. Riders on the storm (y un indio americano baila en los sueños de Jim Morrison, y en mis trece años al salir de un cine). Bajamos las persianas y el ánimo se alegra. Hoy se inaugura, de verdad, septiembre, que irá desplegando su catálogo de estación: autobuses ceñudos, faldas a cuadros, libretas de estreno, proyectos relucientes. Fotos del verano, en la pantallita de la cámara digital, congelada en el messenger, y una nostalgia de siempre, como las antiguas fotos de carrete, común y sencilla, punzante y valiosa. Una hoja seca se eleva y se eleva, de tejado en tejado va, de farola en farola, de mi barrio hacia el centro, y más allá, al río... Dibuja su melodía de aluminio y musgo, inaudible para muchos, sobre los cables de la luz, que son los pentagramas de la noche, los márgenes del cielo diurno. Parece que fuera a ocurrir algo.

4 comentarios:

Marta Méndez dijo...

Qué bonito!!
Sigo siguiéndote, aunque nunca escriba nada!!!
Saludos de una economista con anhelos de poesía.

Bastet dijo...

Que manera tan bonita de preludiar el Otoño que, efectivamente, está llegando.

julio dijo...

Maravillosos aquellos jinetes y los tuyos de hoy.

Jesús Beades dijo...

Gracias a los tres. Marta ¡qué bueno que aparezcas! No sabía que entrabas por aquí.