Excusas de adúltero

Soneto XLIII

Un signo tuyo busco en todas las otras,
en el brusco, ondulante río de las mujeres,
trenzas, ojos apenas sumergidos,
pies claros que resbalan navegando en la espuma.
De pronto me parece que diviso tus uñas
oblongas, fugitivas, sobrinas de un cerezo,
y otra vez es tu pelo que pasa y me parece
ver arder en el agua tu retrato de hoguera.
Miré, pero ninguna llevaba tu latido,
tu luz, la greda oscura que trajiste del bosque,
ninguna tuvo tus diminutas orejas.
Tú eres total y breve, de todas eres una,
y así contigo voy recorriendo y amando
un ancho Mississippi de estuario femenino.


(Pablo Neruda)

7 comentarios:

irene dijo...

Este soneto me recuerda a una carta, que leí hace tiempo, de un viudo dirigida a su difunta esposa. Curioso, pero entonces no me parecieron excusas. Ahora tampoco.
Y me pregunto, ¿es el lector el que da sentido a los textos, al Arte?

Arancha y César dijo...

Nos encanta Neruda y su Isla Negra; también tu blog. Saludos!

toi dijo...

Me gusta tanto Neruda que no soy objetivo
me pasa también con Pedro Salinas.
No se porqué ese poema que has puesto me ha recordado a Hallazgo, por la dejadez, por el olvido, en Neruda en otras mujeres, en Salinas en...en nada concreto...


No te busco
porque sé que es imposible
encontrarte así, buscándote.

Dejarte. Te dejaré
como olvidada
y pensando en otras cosas
para no pensar en ti,
pero pensándote a ti
en ellas, disimulada.
Frases simples por los labios:
"Mañana tengo que hacer..."
"Eso sí, mejor sería..."
Distracción. ¡Que fácil todo,
qué sencillo todo ya, tú
olvidada!

Y entonces
de pronto-¿por cuál será
de los puntos cardinales?-
te entregarás, disfrazada
de sorpresa,
con ese traje tejido
de repentes, de improvisos,
puesto para sorprenderme,
que yo mismo te inventé.

Jesús Beades dijo...

Gracias, Arancha y César, sigo el vuestro con interés.

Toi, a mí también me gusta Neruda a reventar. Sobre todo este libro, los 100 sonetos de amor, y Odas elementales.

Pero el título del post se fija especialmente en ese "Miré,..." del verso noveno. Ya sabemos que donde Neruda ponía el ojo...

clara dijo...

No sé porqué me suena lo de las diminutas orejas, pero no puede ser, seguro que no.

mprendes dijo...

Jejeje... a mí me ha recordado aquello otro de: "Estaba con esa mujer porque me recuerda a usted... sus ojos me recuerdan a usted, su cara me recuerda a usted, su risa me recuerda a usted... todo me recuerda a usted, excepto usted" (Groucho Marx).

mprendes dijo...

Bueno, y más en serio, a éste del conde de Salinas (1564-1630, creo) aunque, más que de aventuras presentes, trata de explicar la razón de las aventuras previas a encontrarla. Los celos retrospectivos y todo eso:

Juraré que os amé todos mis días
antes de ser posible conoceros;
cuanto bien quise hasta llegar a veros
sombras fueron de vos y profecías.

Pasé, buscándoos con las ansias mías,
ídolos que a vos sirven de luceros;
de fuego en fuego acrisolé el quereros,
y el fin hallé sin fin a mis porfías.

Podéis vos con vos misma persuadiros,
pues de las perfecciones, las más puras
hasta llegar a vos fueron ensayos;

a servir aprendí para serviros;
derívanse del sol las hermosuras:
sol adoraba el que adoró sus rayos.