Superabundancia

He vuelta a mi casa de cuando era chico. La vida es así, con sus temas que van y vienen, como fuga de Bach (que no era un preso de Alaurín), dándonos sensación de regreso y a la vez de avance, de volver al mismo sitio siendo otros. Pensé que sería extraño reir de mayor donde lloré de niño, y viceversa. Hay algo en que no había pensado: mi vecina, la Manoli. De toda la vida, hemos crecido juntos mi hermano y yo con sus hijos, nos ha pedido sal, le dimos azucar, nos daba cariñosamente golpecitos en el tabique cuando ya era muy tarde para el jaleo y la guitarras. Y ahora vuelve a ser mi vecina, la Manoli, pero en vez de decirle a mi madre "se te está quemando" (la pizza), me lo dice a mí, o mi señora.
Cuando la Manoli me pide una zanahoria, es imposible que se lleve dos. Yo le pedí antesdeayer dos palillos de dientes (para un arreglo casero), y volví con la mano derecha repleta de palillos, y en la izquierda un palillero, también lleno. Lo cual fue una proeza de austeridad, pues se puso a fregar un ciervo de cerámica (otro palillero) cuando estaba a punto de salir para mi casa, a cuarenta centímetros de la suya.

1 comentario:

E. G-Máiquez dijo...

No será una superabundancia de entradas en el blog, eh.