Bola de cristal con nieve


Como me dijo Luscinda hace poco: Cracovia es una ciudad metida en una bola de cristal con nieve. El castillo y la Catedral, sobre el Vístula, son de juguete; la Cueva del Dragón sirve para repetir dragoncitos que compran los turistas, pero así perdura la leyenda; la Lonja de los Paños ofrece de todo menos tela, figuritas de rabinos haciendo música (compramos cuatro), iconos, matriuskas; la iglesia de Santa María con sus torres paralelas y diferentes, y el interior de ese especial "gótico tapizado". Por la plaza pasan grupos de siete u ocho frailes jóvenes con abrigos modernos, bajo los que asoman los hábitos. La plaza se puede recorrer de café en café, de vino en vino, cada interior más cálido y de madera y hogareño que el otro. Todo parece diseñado para una hermosa Navidad de frío y ponche, para un cuento de papel de plata y abrigo viejo de piel del armario inagotable de casa de la abuela.

4 comentarios:

Rocio Arana dijo...

Gracias por volver, Beades, con hermosuras como esta.

Bukowski dijo...

Deliciosa y mágicamente cálida prosa. Ya tenía ganas de leerte de nuevo.

Breo Tosar dijo...

Karolina, una buenísima amiga polaca, me aseguraba el otro día, en un cálido café de madera, que había magia por las calles y plazas de Cracovia. Ya verás cuando le diga que un amigo español estuvo allí y que le pareció una ciudad metida en una bola de cristal con nieve.¡Un saludo!

Rocio Arana dijo...

Me encanta Breo: tiene amigos japoneses, polacos, voluntarios que van a la india... ¡es una joya!