Nota bio-bibliográfica

16 de abril de 2013

Retorno a "Brideshead revisited".

Termino, otra vez, Retorno a Brideshead, con esa sensación que dan las grandes obras, como de pena por que se acaben, y calma por algo inmenso que han dejado a su paso, y que no sabemos del todo qué es. Y que empieza a desvanecerse cuando cierras el libro, aunque no del todo. Algo se queda.

11 de febrero de 2013

Enrique de Onís

Aquí, Enrique nos descubre lo que ya descubrió Onís. ¿Qué bueno no? Atención al soneto de Pedro Sienna.

8 de febrero de 2013

Artículos en Ambos Mundos, ahora Suma Cultural.

Hola amigos, últimamente se me ha pasado enlazaros aquí los artículos que voy sacando en Ambos Mundos (ahora Sumacultural). Por orden cronológico ascendente, son estos: Diez canciones de Dylan y alguna versión afortunada, donde doy unas pinceladas para el no iniciado sobre el músico de Duluth. Los viejos rockeros nunca se prejubilan, donde le doy vueltas a de qué dos modos (objetivo, y personal), se disfruta la buena música. El Decamerón Negro, de Leo Brouwer, donde doy cuenta de un deslumbramiento personal, de un descubrimiento maravilloso que hice en mis años de Conservatorio. Una cita con Pablo Casals (o varias), donde comento un libro sobre el gran chelista, esta vez centrado en su aspecto de director, y en su visión personal de la interpretación musical. The Young Tradition, la música de las tabernas, donde animo a bailar y regocijarse con el más añejo folk inglés. Y, por último, Los Infames, donde presento en sociedad a esta banda de puro rock hispano. No os lo perdáis. Y el siguiente, que saldrá el día 17, trata de otro guitarrista de concierto, un compositor muy creativo. Permanezcan atentos a sus pantallas.

8 de enero de 2013

Se le saltaban las lágrimas

"Uno de los amigos de Turner relata cómo encajaba el pintor los vituperios: “He visto cómo se le saltaban las lágrimas, lo he visto dispuesto a atarse una soga al cuello”." La cita es de Berenguer, en AM. No digo yo que no sea elegante la displicencia, o aparente indiferencia ante la crítica a la propia obra. Pero hay algo antipático en el orgulloso que dice: "¿te parece bien escrito mi artículo? Tú qué sabrás... No te gusta, ¿y qué vale tu juicio?". Nuestra simpatía está con aquel a quien los otros le importan tanto -al fin y al cabo, son los receptores de la obra-, que se le saltan las lágrimas con los vituperios. Eso sí, si luego se las seca, y sigue pintando.

30 de diciembre de 2012

Elogio del desorden de despacho

En pijama soy yo, con todas las de la ley. Con la barba desarreglada (o mejor, inarreglada), despeinado al modo legaña, ordenando el despacho. Un despacho se posee como una profesión monacal, como un día a día que nos aguijona: "tengo que ordenar el despacho". Pues tengo pendiente un artículo, pero antes tendría que despejar el escritorio, pero antes tendría que hacer sitio a la montaña de libros últimos, pero antes tendría que decidir si quiero menos libros o menos sitio para muñecos, como el de Indiana Jones, pero antes tendría que limpiar el polvo. Pero antes. Nos lleva a la cuestión de los orígenes. Como decía C.S. Lewis, lo bueno (o peligroso) del cristianismo es que empieza por cualquier sitio. Si echo mano a los primeros papeles del montón --desmoranable-, a lo mejor me llevan a abrir una carpeta en que encontraré poemas desechados, o viejas calificaciones de instituto, o cartas que le hablan al futuro desde el pasado sepia. Enfrentarse al desorden despachil es un problema doble: sondear, hasta la profundidad más desalentadora, cuánto somos capaces de postergar, o qué mínima barrera de entrada nos desanima. Y por otro, una vez acometida la hazaña, ser capaz de atravesar la procelosa mar de sirenas cantoras: "Deja eso, el artículo puede esperar, las facturas las clasificarás mañana, pero mira qué pinta tenías en esta foto del 96... Da para poema".

19 de diciembre de 2012

Vertiginoso ritmo

Me dijo ayer José María Jurado que no podía seguir el ritmo vertiginoso de mi blogg. Así que prometo moderarme, darle al lector tiempo para la sosegada meditación de mis escritos.

(Oye, que bien se escribe en la nueva aplicación para iPhone)

10 de mayo de 2012

Got my mojo workin'

Voy montado en mi flamante Sedan rojo, con el pelo al viento, mi larga, larga melena al viento, de bucles Slash, pero sin sombrero de copa que, claro, se volaría, y ceñida con las gafas Rayban de aviador, tras las que "el mundo se ve con mejor color". Suena Muddy Waters, que es todo un hombre, y la armónica aúlla a la vez que se revoluciona el motor. No hay futuro. Sólo algo de pasado, el rastro suficiente para dar una pincelada al gozo con su poquita de nostalgia, sin la que parecería falso. Cuentakilómetros, I'm a man, rugido, melena. Hit it.

21 de marzo de 2012

Nuestro bautizo en Ambos Mundos (ahora sí)

Ya con mi flamante Ubuntu instalado (adiós, Windows, adiós... snif...), aquí tenéis una gesualdada entusiasta. La segunda parte del artículo es la más apasionada o personal, y la primera la más informativa o divulgativa. Pero me parece un modo simbólico de empezar en Ambos Mundos, con un deslumbramiento del que ya hablamos en su día. La próxima irá sobre guitarristas eléctricos: Joe Bonamassa y John Mayer. Y el artículo de Rocío Arana, que también se estrenó en Ambos Mundos hablando de blogs literarios.

6 de marzo de 2012

Faemino, Cansado, y Chagall.

Fuimos a Madrid -una vez vacío de chestertonianos- por dos motivos: ver a Faemino y Cansado en el teatro Alcázar, y al día siguiente la exposición de Chagall en el Thyssen. Dos satisfacciones dos, por motivos diferentes, pero ambas intensas y largamente esperadas. Con Faemino y Cansado nos reimos como siempre, pero en vivo, el teatro a rebosar -¡un lunes!-; hace unos meses me estaba yo diciendo "¿actuarán todavía estos dos?" Pues de que sí. Lo de Chagall... He de aclarar que a mí el Síndrome de Stendhal me ataca bien pronto. Suelo ir al Museo del Prado y estar mirando durante un rato un cuadro, o dos, a lo sumo cuatro (El Cristo de Velázquez, las Meninas, algún Goya, el Jardín de las Delicias...) y luego me marcho corriendo a una cervecería -preferiblemente la taberna Dolores, que me descubrió Jaime García-Máiquez-. Esta vez aguanté mucho más, pasamos de Chagall en Chagall, flotando entre cabras, violinistas, rabinos violinistas, y cabras violinistas, y recién casados a los que regalan gallos. Y cabras. Nos compramos -no el catálogo, por la tiesura- sino unas laminitas y postales para nuestro horrorvacuístico piso. Y resulta que aún quedaba media exposición en la Fundación Cajamadrid. Ya iremos otro día, o no, que hay que irse a comer, y luego al tren. Estas son nuestras escapadas madrileñas, culturetas, pero no demasiado. Más que nada, para tener algo que contar aquí.