Faemino, Cansado, y Chagall.

Fuimos a Madrid -una vez vacío de chestertonianos- por dos motivos: ver a Faemino y Cansado en el teatro Alcázar, y al día siguiente la exposición de Chagall en el Thyssen. Dos satisfacciones dos, por motivos diferentes, pero ambas intensas y largamente esperadas. Con Faemino y Cansado nos reimos como siempre, pero en vivo, el teatro a rebosar -¡un lunes!-; hace unos meses me estaba yo diciendo "¿actuarán todavía estos dos?" Pues de que sí. Lo de Chagall... He de aclarar que a mí el Síndrome de Stendhal me ataca bien pronto. Suelo ir al Museo del Prado y estar mirando durante un rato un cuadro, o dos, a lo sumo cuatro (El Cristo de Velázquez, las Meninas, algún Goya, el Jardín de las Delicias...) y luego me marcho corriendo a una cervecería -preferiblemente la taberna Dolores, que me descubrió Jaime García-Máiquez-. Esta vez aguanté mucho más, pasamos de Chagall en Chagall, flotando entre cabras, violinistas, rabinos violinistas, y cabras violinistas, y recién casados a los que regalan gallos. Y cabras. Nos compramos -no el catálogo, por la tiesura- sino unas laminitas y postales para nuestro horrorvacuístico piso. Y resulta que aún quedaba media exposición en la Fundación Cajamadrid. Ya iremos otro día, o no, que hay que irse a comer, y luego al tren. Estas son nuestras escapadas madrileñas, culturetas, pero no demasiado. Más que nada, para tener algo que contar aquí.

2 comentarios:

maria jesus dijo...

No la he visto todavía, la exposición me refiero, hay que sacar la entrada con antelación; pero cuando vaya a verla, ire a esa taberna que no conozco ¿podías dar más detalles?

Jesús Beades dijo...

Nosotros compramos la entrada allí mismo, un rato antes; hay pases cada media hora o algo así. La Taberna Dolores está frente a la capilla del Cristo de Medinaceli, entre Neptuno y Cibeles, me parece.