21 de junio, Malahide Castle

He visto Dublín, una estación con lluvia, un camino con guijarros y colillas hacia la pensión escueta. Bruma desapacible, no como en las escenas irlandesas soñadas en Sevilla, con calor y tapa de caña de lomo, no como los cuentos o la música que impregna la tierra de Inisfree. Pero vamos a otro sitio. Al fondo aparecerá el castillo de Malahide, radiante en la distancia, con un sol imprevisto sobre el equipo de sonido. Ya la turba se agolpa frente a la torre del homenaje, porque esa tarde va a ocurrir algo. Nadie será el mismo cuando regresemos. El tren, el taxi, el avión hacia la rutina, a toda prisa. Pero antes... No puedo aún imaginarlo. Suena Crossroads al fondo, y me tiemblan los dedos mientras miro mi entrada.

1 comentario:

PILAR dijo...

Que ilusión volver a oir hablar de Irlanda y en concreto de Malahide. Aprendí inglés allí. Estuve viviendo con una familia. El colegio era en Malahide. Irlanda engancha, enamora. He vuelto hasta 4 veces más. Y espero volver de nuevo. Bonita descripción.