
¿Por qué casi todos los comentaristas de la música de Gesualdo relacionan su sorprendente obra, sus delirantes cromatismos, directamente con su biografía? Ya decía Tolkien, en una carta a su hijo, que la moda actual es relacionar lo mejor de la obra de un autor con lo peor de su vida, olvidando que surge posiblemente de la parte de esa persona aún incorrupta. En el caso de Gesualdo, el asesinato de su mujer y del amante de ésta, la extraña muerte de sus hijos, su confinamiento expiatorio en una torre, dio pie a la leyenda que llevó a titular una biografía suya como "Asesino a cinco voces". Este estupendo post incide, desde un punto de vista histórico-filosófico, en dicha relación, entrando, con bastante acierto, en el aspecto de las tensiones armónicas que crecen con los libros de madrigales, como una asfixia que no encontrara salida, y que quiere ser más y más expresiva. Es cierto que la salida fue a través de los últimos libros de madrigales de Monteverdi, hacia la ópera. Pero ahí quedó la breve y convulsa obra vocal del Príncipe de Venosa, que cierta mañana de otoño hizo que se me congelara la sangre unos segundos, y me dejara literalmente boquiabierto, en una clase de Historia de la Música. El profesor me confesó tiempo después que siempre tiene algún alumno al que le pasa lo mismo con Gesualdo. Internet y la FNAC hicieron el resto, y el mamón de Ale Martín Navarro escribió en un par de horas –justo después de que le enviara por iméil un cortecito de tres minutos del Oficio del Sábado Santo– el poema que tenía, mil rayos, que haber escrito yo. El típico monólogo drámatico, de unos treinta versos, que expresan lo que yo intenté con menor éxito en unos noventa. Desde entonces ando disperso, necesitando emponzoñarme con el delirio cromático de su música cada dos por tres, pero no me atrevo, por si la saturación apagara el prodigio. Cabanillas me pidió cierta vez, en el estudio de Antonio del Junco, que apagara el équipo de música donde sonaba el Oficio de Tinieblas, porque se "estaba mareando". No pongo aquí el reproductor al uso con una pieza musical, porque no me gustan demasiado en los blogs, y porque debería ser una búsqueda personal, tras un descubrimiento aparentemente casual. O así lo sueño yo, que pienso en este encuentro sonoro como en un enamoramiento, como cuando leí las Radiaciones de Jünger, o más atrás, El Señor de los Anillos. Es como si la vida te dijera: pedazo de imbécil, quita esa cara de estar de vuelta de todo, de incapaz de sorprenderte con nada nuevo. Respira, y sumérgete en adoración. Hay abismos profundos que no conoces, y están ahí.
