El día después de la fiesta


Construí una casa azul, junto a un lago lleno de esmeraldas. Eso dice Hilario en mi ordenador, mientras corrijo fotos de la gran fiesta de ayer. What a band, what a night! que decía McCartney en el Concert for George. Llenamos Bravo Sevilla de amigos, chuches, globos, y una tarta. Y el relámpago eterno de la buena música. Qué se puede pedir más, qué, si después de guardar la Stratocaster aún brilla en mis ojos la ola del público entregado a nuestras palabras, a nuestros acordes. Si aún resuena en los oídos el coro imposible de voces arracimadas como globos de la fiesta, juvenil, dispersa, ligera como el champán. Si la carretera se extiende delante de nosotros, como un grito de imprevista juventud al aire libre, de noche abierta en los acordes plenos, de amistad y triunfo. De sudor y de esfuerzo convertido en belleza, en el abrazo final del último bis. Porque a un sueño qué más se le puede pedir. Un sueño con los ojos abiertos, en el pleno día de los proyectos nuevos. Dios salve a Los Walkman, y que los demonios oscuros de la carretera no prevalezcan contra nuestra furgona, que corta el viento en la autopista de la última madrugada. La última, por ahora.

3 comentarios:

Alejandro Martín Navarro dijo...

¡¡Ese concierto guapo ahí!!

Lástima ser tomellosero y no haberme podido quedar toda la tarde... :-(

Alejandro Martín Navarro dijo...

Jesús, ¿¿where are you??

Inma dijo...

Ya te he añadido al reader ;)