Había escuchado esta nueva tontería, sin hacerle mucho caso, pero ahora que Ale nos da pie, pienso, igual que Chesterton, que el hecho de "que a las niñas les gusten las muñecas y a los niños los coches, y que las enfermeras sean mujeres y los mecánicos, hombres" ha sido siempre un rasgo de superioridad de las mujeres. Ellas sienten mayor interés por las personas que por los objetos.
(Lo siento por aquellos que han buscado "enfermeras y mecánicos" en Google, con otra intención).
18 de abril de 2010
11 de abril de 2010
Lamentaciones por la muerte del hermano Donald
Voy en el coche. Como el mp3 que adapté al cassette dio sus últimas boqueadas hace meses, sólo escucho la radio, Radio Clásica, lo cual me permite escuchar música más variada que la repetida noria de mi selección. A veces, en cualquier semáforo, con paisaje crepuscular propicio, o pringoso nublado de prisa y mediocridad, conecto la radio –o abandono una tertulia política, harto ya– y se obra el milagro. Una música secreta –secreta para mí, pues no escuché la entradilla– suena por mis cascados altavoces del coche. Y me quedo, cómo diría, traspasando el aire todo, y un no sé qué que quedan preguntando se pregunta ¿qué es esto? ¿qué autor? Pues la llama que devora, en ese momento, es poder tener la llave para volver a esa música. Y sucede siempre igual: no puedo esperar a que lo digan al final –siempre lo dicen– porque me tengo que bajar del coche, llego tarde, llego tarde, y nunca más sabré quién pulsaba esas notas, quién las compuso. Lo mismito que la vida, diría un poeta.
Una vez sí pude: "Lamentaciones por la muerte del hermano Donald", tradicional irlandés, con sus violines de bruma y toda esa húmeda nostalgia verdegrís, pero no he sabido más. Google no sabe más. Tu Rostro, que aparece –un relámpago–, y que desaparece.
Una vez sí pude: "Lamentaciones por la muerte del hermano Donald", tradicional irlandés, con sus violines de bruma y toda esa húmeda nostalgia verdegrís, pero no he sabido más. Google no sabe más. Tu Rostro, que aparece –un relámpago–, y que desaparece.
20 de diciembre de 2009
28 de noviembre de 2009
Así sí...
Grandísimos Rafa y Fali, grandísimos. Me dicen por Twitter que el lunes los lleva al programa Buenafuente. Sí, señor, ahí los quería ver yo, en sitios señoriales. De catalanas maneras, pero señoriales...
13 de noviembre de 2009
Santiago de Compostela
"Ciudad triste. Hermosa y fea a un tiempo", o algo así citaba d'Ors de no sé quién.
La primera foto de nuestro paseo por Santiago, de las que iré lanzando al mundo, está aquí.
Cambio de foto de perfil, ya, hombre, que parecía un francotirador (Ale Martín dixit).
La primera foto de nuestro paseo por Santiago, de las que iré lanzando al mundo, está aquí.
Cambio de foto de perfil, ya, hombre, que parecía un francotirador (Ale Martín dixit).
29 de octubre de 2009
El invitado que no llega
El otoño va a llegar, descuide. Pero ¿cuándo? Seguimos en esta primavera de inminencia de lilas muertas arrastradas por la tierra, etc, (algo así decía The Waste Land), pero no acaba de comparecer el otoño, con sus barbas de liquen y su corona de musgo, y sus colores caldera cortinglés, que ahora se llaman camel. La noche cae sobre una ciudad tibia todavía, el ánimo aún en mangas de camisa, y es demasiada la luz para el corazón, que ha sacado el abrigo del armario, hace un mes, y está deseoso de correr bajo la manta de humo de las castañeras, de ponerse gorra, de recordar a Dickens, aunque sea un poco. La gente, ay, en paro, pasea bajo los álamos, camina por la Avenida (esquivando bicis y mirando el tranvía), por la Campana, como hace un siglo, encontrándose con conocidos como en cualquier ciudad de provincias. Comiendo pipas, y tirando de bonobús.
Pero hay algo que aún no llega. Y cuando llegue nos quejaremos del barro en las botas, de los charcos bajo las ruedas de los autobuses (la camisa empapada de cabreo), de la lluvia a la puerta del colegio infinita, del tiempo arisco y de las tardes breves. Pero al menos todo estará en su sitio, como Dios manda. Con el tiempo (atmosférico) todos somos conservadores.
Pero hay algo que aún no llega. Y cuando llegue nos quejaremos del barro en las botas, de los charcos bajo las ruedas de los autobuses (la camisa empapada de cabreo), de la lluvia a la puerta del colegio infinita, del tiempo arisco y de las tardes breves. Pero al menos todo estará en su sitio, como Dios manda. Con el tiempo (atmosférico) todos somos conservadores.
14 de septiembre de 2009
Apología del coleccionismo de muñecos
Suso me ha hecho pensar en el llamado "objeto del amor". Ese giro chestertoniano ("Lo que importa no es saber adónde va el amor, sino de dónde viene") revela una verdad: se puede amar de maneras muy distintas el mismo objeto (objeto en su sentido filosófico), pero eso convierte el lenguaje en una ficción necesaria. El "yo amo" de una persona, y el "yo amo" de otra responderían a dos realidades distintas (no digo "absolutamente distintas" porque me parece imposible, pero sí muy distintas). Como lo que dice Lewis: decir "a ti te gusta leer a Dante, y a mí me gusta ver el futbol" en realidad es un espejismo del lenguaje, pues ese verbo, gustar, responde aquí a dos realidades diferentes.
Muy bien. Pero... ¿Y si el amor que se tiene es contemplativo, al modo en que lo explica Suso, y el objeto aparentemente indigno? Pienso en el coleccionista, también de dos tipos: el que le gusta decir: "me ha costado un pastón, sólo hay mil ejemplares", y ese otro que mira su muñeco de Skeletor, o su sello decimonónico, o su avión de hojalata, o su Mini del 73, o su Fender Stratocaster del 62, y pienso que la vida, al fin y al cabo, es hermosa, y que si los hombres hacen esas maravillas no todo está perdido. Y se le alegra el corazón.
En este último caso solemos hablar, con demasiada ligereza, de idolatría. Y sin embargo, es evidente que el muñeco no es Dios, ni siquiera un dios. Más fácil es confundir el amor erótico con un dios (que se convierte en demonio, por tanto), que a un Darth Vader de 12 pulgadas. Su humilde plástico y su desvalida escala nos lo impide. Sencillamente, sentimos que hay "algo divino" ahí dentro. El coleccionismo, por tanto, es un método estrafalario, chestertoniano, de renunciar a la idolatría.
Muy bien. Pero... ¿Y si el amor que se tiene es contemplativo, al modo en que lo explica Suso, y el objeto aparentemente indigno? Pienso en el coleccionista, también de dos tipos: el que le gusta decir: "me ha costado un pastón, sólo hay mil ejemplares", y ese otro que mira su muñeco de Skeletor, o su sello decimonónico, o su avión de hojalata, o su Mini del 73, o su Fender Stratocaster del 62, y pienso que la vida, al fin y al cabo, es hermosa, y que si los hombres hacen esas maravillas no todo está perdido. Y se le alegra el corazón.
En este último caso solemos hablar, con demasiada ligereza, de idolatría. Y sin embargo, es evidente que el muñeco no es Dios, ni siquiera un dios. Más fácil es confundir el amor erótico con un dios (que se convierte en demonio, por tanto), que a un Darth Vader de 12 pulgadas. Su humilde plástico y su desvalida escala nos lo impide. Sencillamente, sentimos que hay "algo divino" ahí dentro. El coleccionismo, por tanto, es un método estrafalario, chestertoniano, de renunciar a la idolatría.
14 de agosto de 2009
Un hermoso titular de prensa
Sí, sí, aunque parezca mentira. Me lo he encontrado de casualidad googleándome para cortar y pegar una nota bio-bibliográfica para una antología. Pata palo, chin chin chin pún...
12 de agosto de 2009
10 de julio de 2009
¡Qué enterismo!
Señores, el fenómeno fan nos poseyó ayer, en la sala Malandar de Sevilla. Asistimos a la premiere de la tercera parte de "Una trilogía sevillana", titulada "Aquello era otra cosa", con gran éxito de público (se quedó gente fuera, los followers entramos los primeros). El cachondeo empezó con el recitado que hacíamos, palabra por palabra y simultáneo, del texto, al proyectar las dos primeras partes. El resto del público se fue sumando en las partes álgidas ("¡va a encontraunmojón!"). Y como colofón, los compañeros hippies de la Alameda. Al final, una sorpresa: Rafael y Fali en un chiringuito en la playa, un corto extra de regalo. El DVD que compré, con la trilogía, incluye extras que aún no he podido bichear. Dejo aquí el primer testimonio gráfico:

Y aquí, la cuenta atrás para colgar el video en YouTube:
Seguiremos informando.

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