"La idea de la inmortalidad del alma se ha de abolir sin contemplaciones como algo que se opone de la manera más radical al pensamiento bíblico".
¿Quién escribió esto?
* Actualización y RESPUESTA: Joseph Ratzinger, en "Escatología".
30 de mayo de 2008
18 de mayo de 2008
Tarde y descenso
Domingo por la tarde, como siempre. La luz, la luz cantada tantas veces, como hilillo que entra por una chimenea de la sierra, y da justo en el leño solitario, apagado, ya tibio el mes y el corazón descalzo. A veces, la luz desciende como diciendo: no hace falta, en este momento, redención. Sólo respira, descuídate, camina. Y late el corazón sin prisa, y nos vamos por la luz hacia la noche calma. Hacia el sofá y las zapatillas viejas. Hacia la sopa y el desandar lo andado, hacia la cama abisal, acogedora, nueva. Un descenso sin consciencia, un remansado final para la jornada infinita. A veces, uno se cansa de juzgarse tanto. Necesita dormir, soñar muy poco, perderse hacia dentro. Y que el mundo gire sin nosotros, qué alivio.
9 de mayo de 2008
Mayo. Locos.
Mayo aparece y nos vuelve locos. El calor reina, de pronto, con mano firme y derrite, acelerado, el asfalto y las cabezas, que cuelgan líquidas sobre las barras de los bares, como relojes dalinianos. Nos arrastramos a nuestras cosas cotidianas, con caras lánguidas de cuadro barroco, como santa teresas sin éxtasis, pero con la misma mirada doliente y equívocamente erótica. De pronto, el viento cambia, como en Mary Poppins, y bajan los termómetros con sus voces de mercurio, riéndose de nosotros: "qué os habéis creído, todo cambia, nada es seguro", y los pañuelos de papel danzan sobre las aceras, los lunas de los coches se empañan, y la luna nos mira y se sonríe. Sacamos del fondo del armario ese jersey fino que guardamos antesdeayer, y vamos cerrando las ventanas. Las corrientes son muy peligrosas, dice la abuela. Las campañas de mayo se congelan en el tiempo, en el ánimo. Y esperamos la llegada redentora de un poema, de una llamada de teléfono, del calor de algún modo que le falta a nuestras manos. Locos, locos. Desconcertados, con los recuerdos veraniegos a medio sacar del cajón, con las bermudas mirándonos en silencio, sin saber qué hacen sobre la cama. Mayo marcea, y nosotros, febreriles, no vemos el momento de ir a la playa, abrir los poros y respirar la vida, ya del todo, con gaviotas y vino, con sandalias perezosas. La buena vida que se escapa tanto, como la zanahoria del burro. Allí, allí. Y nosotros aquí. Locos.
2 de mayo de 2008
Menos mayo
A J.M.M.
En mayo cuántas cosas me hacen falta.
El tiempo, como sangre, se me agolpa
ante los ojos del mirar inquieto.
Lo que me gusta más de mayo ardiente,
es que no pienso en mayo, ni lo añoro.
Sólo soy una estatua, apenas viva,
los pájaros se acercan y me tocan,
para marcharse luego. Yo me quedo
en este cementerio de azucenas,
en que me hacen falta tantas cosas,
en que me falta todo menos mayo,
ante los ojos del mirar inquieto.
En mayo cuántas cosas me hacen falta.
El tiempo, como sangre, se me agolpa
ante los ojos del mirar inquieto.
Lo que me gusta más de mayo ardiente,
es que no pienso en mayo, ni lo añoro.
Sólo soy una estatua, apenas viva,
los pájaros se acercan y me tocan,
para marcharse luego. Yo me quedo
en este cementerio de azucenas,
en que me hacen falta tantas cosas,
en que me falta todo menos mayo,
ante los ojos del mirar inquieto.
1 de mayo de 2008
21 de junio, Malahide Castle
He visto Dublín, una estación con lluvia, un camino con guijarros y colillas hacia la pensión escueta. Bruma desapacible, no como en las escenas irlandesas soñadas en Sevilla, con calor y tapa de caña de lomo, no como los cuentos o la música que impregna la tierra de Inisfree. Pero vamos a otro sitio. Al fondo aparecerá el castillo de Malahide, radiante en la distancia, con un sol imprevisto sobre el equipo de sonido. Ya la turba se agolpa frente a la torre del homenaje, porque esa tarde va a ocurrir algo. Nadie será el mismo cuando regresemos. El tren, el taxi, el avión hacia la rutina, a toda prisa. Pero antes... No puedo aún imaginarlo. Suena Crossroads al fondo, y me tiemblan los dedos mientras miro mi entrada.
30 de abril de 2008
Seguimos en el Sitio

Recuerdo Los Papeles del Sitio, enlazado a la derecha de la página. Tienen títulos fabulosos, como el de "Escolios escogidos" de Nicolás Gómez Dávila, del que he copiado esta selección, sobre su carácter "reaccionario", de otra web:
«Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia»
«El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable»
«A la tentación de estar de moda sólo escapa el reaccionario»
«Ser reaccionario es haber comprendido que a una verdad no se debe renunciar simplemente porque no tiene posibilidades de triunfar»
«La raíz del pensamiento reaccionario no es la desconfianza en la razón, sino la desconfianza en la voluntad»
«La objeción del reaccionario no se discute, se desdeña"
Así que: a comprar, que hay que activar el consumo, y levantar España.
29 de abril de 2008
Jacarandas 2008
Alfómbrense las calles con albero disperso, apenas unas hojas que el viento hace bailar sobre la acera caliente, el aire licuado, la parada de autobús más desierta que un desierto en un sueño de soledad, de esos que angustian. Gentes que caminan a cámara lenta. Por dentro, como a través de agua, una canción antigua, clavada en la carne del corazón como una bandera derrotada y para siempre, mientras camino por las calles que tienen, que no tienen, albero disperso, y las hojas me golpean las piernas, como acariciando, indiferentes, y el plástico de un flas de fresa se escurre hasta la alcantarilla, y estamos sentados en la parada del autobús.
Arriba, sobre mí, mientras espero el 25 (hace años que no pasa, pues no hay nadie en la ciudad, ni a cámara lenta), ondean las hojas pintadas de cera color violeta, color morado, color de sueño espeso de la siesta antigua. Siesta a los diez años, mientras todos ven la tele en la duermevela de la sobremesa. En esa siesta sueño con una jacaranda, enorme, y la jacaranda es una colcha mullida que me arropa, y ya no hace calor, sólo hay un viento de fondo, canción de fondo, gentes que caminan a cámara lenta pero que no están. Algún día seré una jacaranda, y seré hermoso, y todos los poros de mi piel, todas mis atribuladas células cantarán renacidas el cántico perenne de la juventud crómatica, de las piscinas luminosas. El cántico de la jacaranda, que canta porque es joven y es eterna. Digan lo que digan los poetas.
Arriba, sobre mí, mientras espero el 25 (hace años que no pasa, pues no hay nadie en la ciudad, ni a cámara lenta), ondean las hojas pintadas de cera color violeta, color morado, color de sueño espeso de la siesta antigua. Siesta a los diez años, mientras todos ven la tele en la duermevela de la sobremesa. En esa siesta sueño con una jacaranda, enorme, y la jacaranda es una colcha mullida que me arropa, y ya no hace calor, sólo hay un viento de fondo, canción de fondo, gentes que caminan a cámara lenta pero que no están. Algún día seré una jacaranda, y seré hermoso, y todos los poros de mi piel, todas mis atribuladas células cantarán renacidas el cántico perenne de la juventud crómatica, de las piscinas luminosas. El cántico de la jacaranda, que canta porque es joven y es eterna. Digan lo que digan los poetas.
27 de abril de 2008
A treinta grados
A treinta grados a la sombra te querré con sed. Te querré con sudor y con dolores de cabeza, con bostezos a destiempo y con las moscas, golosas, juguetonas, de Machado, que hacen tanto la puñeta en la tarde lenta y espesa, entre libros y trabajos y prisas y no saber qué hacer en este anticipo de verano. El verano debería ser verano, en su momento, con trigales de fondo, horizontes licuados sobre el asfalto, piscinas secretas, ya tan alto el sol sobre el horizonte del extrarradio, y los aires acondicionados bramando su infeliz letanía del crepúsculo. Pero no esto, este anticipo desconcertante, este pastoso fluir de los minutos tontos. Perder el tiempo, no hallar cosa en qué poner los ojos que no sea recuerdo de tareas pendientes. Pero te querré. Te querré, te quiero también con treinta grados, con cuarenta, con fiebre o con sudor o con delirios torpes, como éste. Viene la noche como una suave tregua. No sé para qué mandé mi chaqueta blanca a la tintorería. Total, ya vamos en mangas de camisa por la calle. Lo mejor es que ya han llegado los caracoles.
22 de abril de 2008
Bis

"Puede que Dios le diga al sol cada mañana: "Vuelve a hacerlo"; y a la luna cada noche: "Hazlo otra vez". Puede que no sea por una especia de necesidad automática que todas las margaritas sean iguales, sino que Dios las haga una a una y nunca se haya cansado de hacerlas así. Acaso El tenga un anhelo eterno de infancia; pues nosotros hemos pecado y hemos envejecido, pero nuestro Padre es más joven que nosotros. Puede que la repetición en la naturaleza no sea una simple recurrencia, sino un bis teatral...".
G.K. Chesterton, The Ethics of Elfland, Orthodoxy.
(La foto, esta vez, la he tomado desde la azotea, y no desde el balcón)
21 de abril de 2008
La luna llena sobre los tejados
La luna llena sobre los tejados, sobre las antenas parabólicas, mirando el mundo con sus ojos de arena. Su luz nos hiere y en su rostro vemos los rostros de otras primaveras, la luz de nuestras vidas, pálida, débilmente iluminadas, un segundo, antes de desaparecer, antes del sueño. Su luz bajo la que escribimos, amamos, olvidamos. Su luz que no es la suya, sino de otra luz superior que no vemos ahora, porque es de noche. Porque estamos en medio, siempre en medio, obstruyendo la luz, con nuestra confusa materia giratoria, ruidosa y abundante. Diosa de mis noches alegres, de mis madrugadas tristes. Diosa mediana de abril, ampáranos ahora, cuando estamos frente al televisor, apagados y mudos. Ahora que muchos callan, y duermen, y yo escribo, confusa materia giratoria, inquieta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)